Centro de Jubilados "Tiempo de vida"

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04/05/2026

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16/04/2026
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09/03/2026

Vamos al Teatro el 27 de marzo 22 hs.,Paseo la Plaza, Salimos del Centro de Jubilados a las 19 hs. Te aseguramos que te vas a divertir , reir y refleccionar sobre la vida. Tpotal entrada mas transporte $ 36.000.. todavia quedan algunos lugares. Te esperamos.

15/02/2026

Tengo 79 años, vivo sola… y estoy en paz.
Cuando la gente se entera de que vivo sola, lo noto enseguida en la mirada. Se les ablanda, como si estuvieran a punto de decirme algo delicado. Y entonces preguntan, bajito, con esa preocupación que parece cariño y miedo a la vez:

“¿No te da pena?”
“¿Por la noche no te sientes vacía?”

Yo sonrío.
No porque no entienda lo que temen. Lo entiendo perfectamente.
Sonrío porque hay que vivir mucho para descubrir algo sencillo: vivir sola no es lo mismo que sentirse sola.

Me llamo Teodora, tengo 79 años y vivo en mi casa. En una casa que lo ha visto todo. Hubo épocas en las que aquí no cabía el silencio: conversaciones a la vez, platos en la mesa, pasos por el pasillo, risas, pequeños enfados que duraban cinco minutos y se apagaban con un “venga, ya está”.

Hubo comidas largas, de esas que se alargan sin darse cuenta. Hubo niños corriendo, mochilas tiradas en una silla, migas en el suelo y una vida entera girando alrededor de “que no falte de nada”.

Y también hubo noches sin dormir. Noches de verdad. No por tristeza romántica, sino por responsabilidad. Por pensar en el dinero, en la salud, en lo que viene, en lo que no se puede fallar. Yo he pasado por lo bueno y por lo apretado. He conocido el amor, claro. Pero también he conocido el cansancio que no se quita con una siesta.

He sido esposa.
He sido madre.
He sido esa mujer que sostiene todo sin hacer ruido. La que recuerda las citas, las medicinas, las listas, los cumpleaños, los detalles pequeños que, juntos, son una vida.

He vivido por los demás durante mucho tiempo. Muchísimo.

Y luego mi marido se fue.

Escribirlo así parece corto. Demasiado corto para algo que te cambia el mundo. Porque no es solo que se vaya una persona: se va una rutina, una presencia, una manera de respirar dentro de casa.

Después, el silencio me asustó. Al principio, muchísimo. No el silencio de las paredes, sino el de dentro, ese hueco donde antes había una voz, un gesto, un “ya estoy aquí”.

Y entonces llegaron las frases bienintencionadas:

“Te tienes que ir más cerca de los hijos.”
“A tu edad no es bueno estar sola.”
“Mejor que alguien te tenga controlada.”
“Así no te sentirás abandonada.”

No era maldad. Era preocupación.
Pero detrás de esa preocupación había algo que me hacía daño: como si una mujer de mi edad tuviera que estar “bajo cuidado”, como si la calma fuera un peligro, como si la tranquilidad fuese sospechosa.

Hubo momentos en los que me pregunté si yo estaba siendo egoísta.
Egoísta por querer silencio.
Egoísta por disfrutar de mi casa así, sin prisas, sin ruido.
Egoísta por no necesitar estar rodeada todo el tiempo.

Hasta que llegó una mañana cualquiera. Una de esas mañanas que no tienen nada especial… y por eso mismo son importantes.

Estaba sentada junto a la ventana con una taza caliente entre las manos. Afuera, el cielo estaba gris claro, de ese gris que no es triste, solo tranquilo. Miré la calle: alguien subía el cuello del abrigo, un vecino cruzaba rápido, el suelo estaba húmedo, las hojas se movían despacio.

Y de pronto lo entendí.

Yo no estaba abandonada.
A mí me habían devuelto a mí misma.

Parece una frase grande, sí. Pero se nota en cosas pequeñas, y ahí está la verdad.

Ahora como cuando tengo hambre. No cuando “toca”. No espero a que alguien llegue para que la comida “tenga sentido”. Si me apetece algo sencillo, lo hago. Si me apetece darme un gusto, también. Y si un día ceno temprano o tarde, no le debo explicaciones a nadie.

Duermo cuando el cuerpo lo pide. A veces me quedo un rato más en la cama. No por tristeza. Por descanso. Porque puedo. He pasado una vida entera aguantando, tirando, haciendo. Ahora me permito la suavidad.

Hay días en los que no hablo con nadie. Y aun así, mi corazón no está frío. El silencio ya no me da miedo. Es como una amiga mayor que se sienta a mi lado y no exige nada: no pregunta, no juzga, no aprieta.

Leo. Veo una película. Ordeno dos cosas. Salgo a dar un paseo corto. Me detengo a mirar un balcón con plantas, el olor de una panadería al pasar, un gato que cruza como si fuera dueño de la calle. A veces, simplemente respiro.

Y sí, algunas veces miro noticias, fotos, caras. Veo quién sigue, quién ya no está, quién sonríe, quién lo pasa mal. Entonces suelto el aire despacio y pienso: yo sigo aquí. Estoy lúcida. Estoy tranquila.

Mis hijos tienen su vida. Me llaman, vienen, se preocupan. Y yo lo agradezco. Pero no es su obligación llenar mis días. Yo los crié para que fueran independientes. Y ahora ellos, con el mismo cariño, me dejan ser independiente a mí. Eso no es distancia. Es respeto.

No estoy contenta todos los días. Nadie lo está.

A veces la tristeza pasa por aquí, como pasa por cualquier casa. Se sienta un rato, aprieta un poco, trae recuerdos. Yo no la echo a patadas. La dejo estar, porque también forma parte de la vida. Y luego se va.

Pero lo que más tiempo se queda dentro de mí no es la soledad.

Es la paz.

La paz de saber que cuidé de todos lo suficiente.
La paz de saber que di lo que pude.
La paz de no tener que demostrar nada olvidándome de mí.

A los 79 años me he ganado un derecho precioso: cuidarme a mi manera.

Vivo sola, pero no estoy perdida.
No hago ruido.
No corro detrás de todo.
Respiro.

Y si alguien me vuelve a preguntar, con esa voz preocupada: “Teodora, pero por la noche… ¿no te pesa?”

Yo respondo, tranquila:

“No. El silencio no es mi enemigo.
Es mi casa.
Y aquí es donde me siento libre.”

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Cerrando 2025A veces se nos olvida, pero somos tan afortunados de haber llegado hasta aquí… a esta edad donde los silenc...
01/01/2026

Cerrando 2025
A veces se nos olvida, pero somos tan afortunados de haber llegado hasta aquí… a esta edad donde los silencios pesan menos y las verdades pesan más. Y sí, hemos perdido cosas en el camino, pero la vida también nos dejó cuatro lujos que no caben en ninguna cartera y que no se compran ni con todo el oro del mundo.

El primero es la salud
Ese lujo que nunca valoramos cuando lo tenemos a manos llenas. Antes corríamos, subíamos escaleras, cargábamos bolsas y hasta los achaques eran ajenos. Hoy quizá ya no nos funciona al cien, pero mira nada más: seguimos aquí. Respirando, caminando despacito, tomando el café calentito con las dos manos, y agradeciendo que todavía nos alcanza el cuerpo para disfrutar lo que queda. Aunque sea poquito, aunque algunas piezas ya truenen… la salud es un lujo que se celebra cada mañana.

El segundo es la paz
Ese regalo que solo llega cuando uno ya peleó lo que tenía que pelear, cuando lloró lo que tenía que llorar y cuando entendió que no todo está en nuestras manos. La paz es ese respiro profundo que te dice: “hiciste lo que pudiste, lo que te alcanzó, lo que tu corazón creyó correcto”. Y dormir tranquilo, sin cuentas pendientes con el alma, esa sí que es riqueza pura.

El tercer lujo es la sabiduría
La de verdad, no la que se presume con títulos colgados en la pared. Hablo de la sabiduría que se gana a golpes, a fuerza de caídas, de pérdidas, de amores que se fueron y días que parecían no terminar nunca. La sabiduría que te enseña a leer la vida aunque no tengas un solo libro abierto. La que te dice cuándo quedarte, cuándo irte y cuándo guardar silencio. Esa sabiduría que nadie te enseñó… pero que la vida te obligó a aprender.

Y el cuarto lujo y el más valioso … la familia
La que te tocó o la que tú mismo formaste con cariño, con esfuerzo, con errores y aciertos. A veces no es perfecta, a veces no es de sangre, a veces es pequeña, remendada, diferente… pero es familia. Y quien ha tenido aunque sea un pedacito de amor verdadero sabe que eso también es un lujo que no todos conocen.

Así que hoy abrázate fuerte.
Porque quizá no tengamos los cuatro lujos completitos, quizá alguno cojee, quizá otro nos falte… pero si al menos uno de ellos sigue vivo en nuestra vida, ya somos más ricos que muchos.

Disfrútalos!!!
Porque llegar a esta edad ya es un privilegio…
y vivirla con conciencia, con gratitud y con amor,
es el lujo más grande de todos. FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO 2026

11/11/2025
Ya podes a partir del día lunes 1ro. de septiembre hacer tu reserva. Valor de la seña $ 10.000.-🙋💝
30/08/2025

Ya podes a partir del día lunes 1ro. de septiembre hacer tu reserva. Valor de la seña $ 10.000.-🙋💝

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