Déjame Contarte

Déjame Contarte Te cuento un cuento y juntos reflexionamos por la 87.9 FM municipal.

𝗘𝗟 𝗔𝗨𝗟𝗔 𝗦𝗜𝗡 𝗣𝗔𝗥𝗘𝗗𝗘𝗦Amaneció 21 de septiembre con olor a tierra mojada y brotes nuevos. Luisa caminaba por el sendero pol...
23/09/2026

𝗘𝗟 𝗔𝗨𝗟𝗔 𝗦𝗜𝗡 𝗣𝗔𝗥𝗘𝗗𝗘𝗦

Amaneció 21 de septiembre con olor a tierra mojada y brotes nuevos.
Luisa caminaba por el sendero polvoriento de la gran Escuela de la Vida, esa que no tiene timbre de entrada ni boletines con notas numéricas.

Llevaba en la mano un cuaderno viejo y el corazón lleno de dudas. Se sentía estancada: reprobaba paciencia, a veces caía en la materia de la soberbia y el amor propio le parecía una fórmula indescifrable.

En el camino se cruzó con el viejo Eucalipto , el profesor más anciano del valle. Sus hojas crujían con sabiduría antigua.

—Maestro —le dijo Luisa con un suspiro—, hoy es nuestro día, el Día del Estudiante, pero siento que no aprendo nada. Mis proyectos se marchitan y los tropiezos se repiten.El Eucalipto movió sus ramas con suavidad y dejó caer una hoja verde sobre el hombro de la muchacha.

—Luisa, tonta mia —susurró el viento entre las hojas

—La Escuela de la Vida no evalúa aciertos, evalúa intentos. Cada caída es un recreo para tomar impulso; cada lágrima, una tinta invisible que te enseña a escribir la empatía. No hay exámenes finales, solo aprendizajes que se quedan a vivir en el pecho.

Luisa miró a su alrededor. Vio al colibrí esforzándose por sostenerse en el aire —clase de persistencia— y al río buscando su cauce entre las piedras —clase de resiliencia—.

Comprendió que las risas compartidas con otros caminantes eran los recreos más dulces y que cada amanecer significaba una nueva materia por cursar. Sonrió, guardó la hoja en el bolsillo y siguió andando.

Ya no temía equivocarse. Al fin y al cabo, seguía siendo una estudiante eterna, aprendiendo a vivir.

FIN

19/09/2026
18/09/2026
18/09/2026

Un profe de psicología empezó su clase levantando un billete de 10 dólares. Preguntó quién lo quería. Varios levantaron la mano. Le preguntó a los que no la habían levantado, y resultó que tampoco les caía mal la idea de quedarse con el billete, pero les dio pena alzar la mano.

—Antes de que alguno de ustedes se lleve este billete, voy a hacerle algo —siguił el profesor.

Agarró el billete, lo hizo bolita y volvió a preguntar si todavía alguien lo quería. Y otra vez casi todos levantaron la mano.

—Pues entonces —dijo—, haré lo siguiente.

Y tirando el billete al suelo, le pasó el zapato encima, restregándolo un poco en el piso cochino. Luego lo levantó; el billete estaba arrugado y mugroso.

—A ver, ¿a quién de ustedes le sirve en este estado?

Y todos volvieron a levantar la mano.

—Mis estimados —dijo el profesor de psicología—, acaban de recibir una gran lección. A pesar de todo lo que le hice al billete, todos lo querían tener porque no perdió su valor. Sigue valiendo exactamente 10 dólares.

En nuestra vida pasa muy seguido que nos vemos tirados a la mala, pisoteados, tendidos en el suelo o hasta el cuello en la porquería. Es la mera realidad de la vida. En esas situaciones nos sentimos inservibles. Pero no importa lo que haya pasado o lo que vaya a pasar, jamás perdemos nuestro verdadero valor. Sucios o limpios, arrugados o planchaditos, siempre vamos a tener el valor que nos define. Y seremos invaluables para todos los que nos quieren. Nuestro valor no se mide por lo que hacemos ni por a quién conocemos, sino por lo que somos en realidad.

Y sobre el billete... como lo prometí, lo voy a regalar. Porque me respeto y cumplo mi palabra. Pero como hubo muchos voluntarios, se lo voy a dar en el examen al mero mejor alumno que lo pase.

18/09/2026
18/09/2026
18/09/2026

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