Déjame Contarte

Déjame Contarte Te cuento un cuento y juntos reflexionamos por la 87.9 FM municipal.

21/08/2026

Cuando Keanu Reeves apareció de la mano de una mujer de cabello completamente canoso, millones de personas dejaron de mirar al actor… y comenzaron a juzgar a la mujer.

En cuestión de horas, Internet estaba lleno de comentarios.

"Parece su madre."

"Él podría estar con alguien mucho más joven."

"¿Qué vio en ella?"

Pero mientras el mundo hablaba, Keanu Reeves permaneció en silencio.

Y ese silencio terminó convirtiéndose en una de las respuestas más elegantes que Hollywood ha visto.

Durante casi veinte años, la vida sentimental de Keanu fue un misterio.

Después de perder a su hija antes de nacer y, poco tiempo después, a Jennifer Syme, la mujer que amaba, el actor eligió vivir lejos de los escándalos.

Trabajó sin descanso.

Ayudó a hospitales infantiles.

Donó millones de dólares sin buscar reconocimiento.

Muchos pensaron que jamás volvería a enamorarse.

Mientras tanto, Alexandra Grant construía una vida completamente distinta.

No era una estrella de cine.

Era artista visual.

Pintaba.

Escribía.

Vivía rodeada de libros, galerías y proyectos culturales.

Nunca intentó parecer más joven de lo que era.

Nunca escondió sus canas.

Y nunca buscó convertirse en una celebridad.

Se conocieron gracias al arte.

Primero fueron amigos.

Después colaboradores.

Con el paso de los años nació una confianza que muy pocas relaciones logran construir.

No hubo titulares.

No hubo romances fabricados para la prensa.

Solo dos personas que aprendieron a admirarse antes de enamorarse.

En noviembre de 2019 sucedió algo inesperado.

Keanu tomó la mano de Alexandra y caminó junto a ella por una alfombra roja.

No dio entrevistas.

No hizo discursos.

Simplemente sonrió.

Era la primera vez en muchos años que mostraba públicamente a la mujer que amaba.

Y aquella imagen recorrió el mundo.

Las críticas no tardaron en llegar.

Muchos hablaron de la edad de Alexandra.

De su cabello gris.

De su apariencia.

Pero Keanu jamás respondió.

No intentó convencer a nadie.

Porque cuando una persona está en paz con sus decisiones, no necesita defenderlas.

Con el paso de los años siguieron apareciendo juntos.

En estrenos.

En eventos benéficos.

En exposiciones de arte.

Siempre con la misma naturalidad.

Sin escándalos.

Sin necesidad de demostrar nada.

Solo compartiendo una felicidad que no dependía de la aprobación de los demás.

Quizá por eso esta historia ha conmovido a millones de personas.

Porque nos recuerda que el verdadero amor no siempre llega primero.

A veces aparece cuando las heridas han sanado.

Cuando ya no buscas impresionar a nadie.

Y cuando descubres que la belleza más difícil de encontrar es la de alguien que te hace sentir en casa.

Porque el amor verdadero nunca pregunta cuántos años tienes… solo si quiere caminar a tu lado. ❤️

¿Crees que hoy la sociedad sigue juzgando demasiado a las parejas por la edad o la apariencia?

Hola gente linda👋🏼 Hoy jueves del DÉJAME CONTARTE 😃El tema:  𝗥𝗲𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮En el mes de los niños , les pido un r...
20/08/2026

Hola gente linda👋🏼
Hoy jueves del DÉJAME CONTARTE 😃

El tema: 𝗥𝗲𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮

En el mes de los niños , les pido un recuerdo feliz que puedan compartir o algo no tan feliz que te enseñó algo: una travesura, una experiencia, unas palabras...
Te dejo el cuento. Espero tus mensajes y saludos 😊

https://www.facebook.com/share/p/1ED3nu6BQm/

👀No te lo pierdas, de 𝟭𝟳 𝗮 𝟭𝟴:𝟬𝟬 por la 87.9FM Municipal 📻🎙️

𝗨𝗡𝗔 𝗧𝗔𝗥𝗗𝗘 𝗗𝗘 𝗧𝗢𝗥𝗠𝗘𝗡𝗧𝗔 ⛈️El olor a tierra mojada siempre hacía viajar en el tiempo a Julián.De niño, pasaba los veranos e...
20/08/2026

𝗨𝗡𝗔 𝗧𝗔𝗥𝗗𝗘 𝗗𝗘 𝗧𝗢𝗥𝗠𝗘𝗡𝗧𝗔 ⛈️

El olor a tierra mojada siempre hacía viajar en el tiempo a Julián.
De niño, pasaba los veranos en la casa de sus abuelos.

Su universo era un gran jardín, tardes de escondidas y una vieja caja de lata donde guardaba sus mayores tesoros: canicas de colores y un autito sin rueda. La infancia parecía un refugio eterno.

Los años pasaron y la rutina adulta lo absorbió entre trajes y pantallas, sepultando sus recuerdos. Sin embargo, una tarde de tormenta, mientras buscaba unas herramientas en el sótano, encontró la vieja caja de lata.

Al abrirla, sintió un vuelco en el corazón: se dio cuenta de que había olvidado por completo al niño que alguna vez fue.

Julián tomó la canica más brillante y la guardó en su bolsillo. Al sentirla en su mano, sonrió con ganas por primera vez en meses.

Comprendió que la alegría de su niñez no se había perdido; seguía viva en su interior, lista para recordarle lo que era verdaderamente importante.

17/08/2026

Todo el mundo sabe que Midas convirtió en oro todo lo que tocaba.

Muy pocos recuerdan lo primero que tocó cuando le concedieron el deseo.

Una rosa.

La tomó entre los dedos, sintió el frío del metal reemplazar los pétalos, y sonrió.

Todavía no había entendido lo que acababa de perder.

El hombre que ya lo tenía todo

Midas era rey de Frigia.

No era pobre. No era un mendigo desesperado que pedía riqueza porque no tenía otra opción.

Tenía un reino. Tenía un palacio. Tenía jardines llenos de rosas que él mismo cultivaba, porque era la única cosa en el mundo que amaba con una ternura que ningún tesoro podía reemplazar.

Y tenía una hija.

Su nombre no aparece en las versiones más conocidas del mito. Ovidio la llama simplemente filia — la hija. Como si el poeta supiera que lo que iba a ocurrirle era demasiado para ponerle un nombre.

Eso debería habernos avisado desde el principio.

Cuando los mitos no nombran a alguien que va a sufrir, es porque lo que viene duele demasiado para que tenga nombre.

La petición que nadie debería hacer

Dioniso le debía un favor.

Sus seguidores habían encontrado a Sileno — el sátiro anciano que acompañaba al dios — dormido en los jardines de Midas, confundido, perdido. El rey lo reconoció, lo acogió durante diez días con banquetes y hospitalidad, y luego lo devolvió sano y salvo.

Dioniso, agradecido, le ofreció lo que quisiera.

Cualquier cosa.

Sin límite.

Y Midas no dudó.

"Que todo lo que toque se convierta en oro."

Según narra Ovidio en sus Metamorfosis, Dioniso concedió el deseo.

Pero antes de hacerlo, hubo un momento.

Un instante brevísimo en que el dios miró al rey.

Ovidio no describe exactamente esa mirada.

Pero la palabra que usa para describir la respuesta de Dioniso es doluit — le dolió.

Al dios le dolió conceder ese deseo.

Y aun así lo concedió.

Porque ese es el tipo de lección que solo funciona si la aprendes tú solo.

Los primeros minutos de gloria

Al principio fue exactamente lo que Midas había imaginado.

Tocó una rama de roble. Oro.

Tocó una piedra del suelo. Oro.

Tocó la tierra con los pies. Una franja dorada quedó marcada en su camino.

Las columnas de su palacio. Oro.

Las puertas. Oro.

El agua de la fuente donde se lavó las manos.

Oro sólido.

Fría. Inmóvil. Imposible de beber.

Fue en ese momento cuando empezó a entender.

Pero todavía no había llegado lo peor.

Ordenó que le prepararan un banquete para celebrar.

Se sentó a la mesa.

Tomó el pan entre sus manos.

Se endureció antes de llegar a sus labios.

Alcanzó la copa de vino.

Metal frío en la boca.

No líquido.

No sabor.

Solo el peso del oro contra los dientes.

Midas, el hombre más rico del mundo en ese momento, no podía comer.

No podía beber.

No podía tocar nada sin convertirlo en lo único que no se puede disfrutar si no puedes tocar nada más.

El momento que lo cambia todo

Entonces entró su hija.

Lo vio sentado ante una mesa de oro, con las manos en el regazo, sin atreverse a tocar nada.

No entendió lo que ocurría.

Solo vio a su padre con cara de miedo.

Y corrió hacia él.

Como hacen los hijos cuando ven que algo va mal.

Sin pensarlo.

Sin que nadie se lo pidiera.

Porque ese es el instinto que ninguna advertencia puede detener.

Se abrazó a él.

Y en el momento en que los brazos de Midas la rodearon —

Oro.

Ovidio lo describe con dos palabras en latín.

Congelata est.

Se congeló.

No murió. No desapareció.

Se convirtió en una estatua perfecta de oro con la forma exacta de su hija en el momento en que corría hacia su padre para consolarlo.

La expresión de su cara conservada para siempre en metal.

Sus brazos extendidos hacia él.

Sus ojos que todavía lo miraban.

Inmóviles.

Eternamente.

Lo que Midas hizo después

Se arrodilló.

El rey más rico del mundo se arrodilló en el suelo de su palacio ante una estatua de oro con la cara de su hija.

Y suplicó.

No a un sacerdote. No a un oráculo. Directamente a Dioniso.

"Perdóname. Te imploro que retires este regalo que me destruye."

Ovidio registra ese momento sin adorno.

Sin retórica.

Solo el ruego de un hombre que finalmente había entendido lo que había pedido.

Dioniso escuchó.

Le ordenó que fuera al río Pactolo, en Lidia, y se bañara en sus aguas.

El poder pasaría al río.

Y así ocurrió.

Las arenas del Pactolo, según los relatos antiguos, brillaron doradas desde ese día.

Los geólogos modernos han confirmado que el río Pactolo — un río real en la actual Turquía — efectivamente tenía depósitos de electrum, una aleación natural de oro y plata, que hizo famosa y enormemente rica a la región de Lidia en la Antigüedad.

La historia de Midas y el río de oro no fue solo un mito.

Fue la explicación que los griegos dieron a un fenómeno geológico real.

Lo que nadie cuenta sobre el final

Midas sobrevivió.

Recuperó el tacto.

Pudo volver a tocar las cosas sin convertirlas en metal.

Pudo comer. Pudo beber. Pudo abrazar a su hija de nuevo — el texto no dice explícitamente si ella volvió también a la vida, pero la tradición así lo recoge.

Pero Ovidio sí cuenta lo que Midas hizo después.

Después de recuperar todo lo que había perdido.

Después de haber aprendido la lección más cara que ningún rey había pagado.

Midas abandonó el palacio.

Se fue al campo.

Vivió el resto de su vida lejos de la riqueza.

Adorando a Pan, el dios de los pastores y la naturaleza sencilla.

El hombre que había pedido convertir todo en oro eligió pasar sus últimos años entre campesinos y animales y el sonido del viento entre los árboles.

Sin tocar nada que no quisiera tocar.

Sin acumular nada que no necesitara.

Habiéndolo tenido todo.

Y sabiendo exactamente cuánto había costado.

Por qué este mito sigue ocurriendo

Midas no es un personaje antiguo.

Es un patrón.

Es el ejecutivo que trabaja noventa horas semanales para darle a su familia lo que necesita, y llega un día en que su familia ya no lo reconoce cuando entra por la puerta.

Es la persona que persigue durante años una meta — el ascenso, el número en la cuenta bancaria, el reconocimiento — y cuando por fin lo alcanza, descubre que en el camino convirtió en oro todo lo que en realidad importaba.

Las conversaciones. Las comidas sin teléfono sobre la mesa. Los abrazos que no fueron dados porque había algo más urgente que hacer.

Todo frío.

Todo inmóvil.

Todo con la forma exacta de algo que fue vivo y ya no lo es.

El deseo de Midas no era malvado.

Era humano.

Quería seguridad. Quería abundancia. Quería que nada ni nadie que dependiera de él volviera a necesitar algo que él no pudiera dar.

Y eso — ese deseo que en su origen era amor — se convirtió en la herramienta exacta de su propia destrucción.

Porque los deseos que nacen del miedo a perder suelen terminar destruyendo lo que intentaban proteger.

La pregunta que el mito no responde

Hay algo que Ovidio no dice.

No dice si Midas, en el momento en que sus brazos rodearon a su hija y sintió el cambio, intentó soltarla.

Si hubo un instante en que lo entendió y quiso retirar las manos.

O si el abrazo fue completo antes de que pudiera reaccionar.

No lo sabemos.

Y quizás eso es lo más honesto de todo el relato.

Porque la mayoría de las veces que convertimos en oro algo que amábamos, tampoco hubo un momento claro en que pudiéramos haberlo evitado.

Fue gradual.

Fue la acumulación de decisiones pequeñas que cada una parecía razonable.

Fue que nunca hubo un instante definitivo en que supiéramos que ese era el abrazo que lo cambiaba todo.

Solo el resultado.

Y las manos vacías después.

Fuente: Ovidio — Metamorfosis, Libro XI, ca. 8 d.C.

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15/08/2026

15/08/2026
𝗠𝗔𝗘𝗦𝗧𝗥𝗢𝗦 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗩𝗜𝗗𝗔: 𝗟𝗢𝗦 𝗡𝗜𝗡̃𝗢𝗦Sí, ese fue el tema de hoy y cuánto aprendimos con 𝗛𝗲𝗹𝗲𝗻𝗮 𝘆 𝗚𝗮𝗯𝗿𝗶𝗲𝗹, estos dos pequeños d...
14/08/2026

𝗠𝗔𝗘𝗦𝗧𝗥𝗢𝗦 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗩𝗜𝗗𝗔: 𝗟𝗢𝗦 𝗡𝗜𝗡̃𝗢𝗦

Sí, ese fue el tema de hoy y cuánto aprendimos con 𝗛𝗲𝗹𝗲𝗻𝗮 𝘆 𝗚𝗮𝗯𝗿𝗶𝗲𝗹, estos dos pequeños de 9 años pero que aún tienen esa sabiduría de vida pura: buen humor, sencillez, actitud, facilidad de emocionarse, mostrar sus sentimientos sin prejuicios, ganas de aprender....y tantas cualidades que al hacernos adultos parecieran que se van desapareciendo.

Helena García alumna de la Escuela Margarita Lazo y Gabriel Colombo estudiante del Instituto Parroquial Monte Cristo , ambos demostron sus talentos : claridad para leer con entonación y un entusiasmo que pusieron dinámica y color al programa. También estuvo Lorena Juárez , mamá de Helena como narradora del cuento y haciendo el aguante a los chicos.
Gracias a Vivero Bandirali por apoyar está locura de la radio cada jueves con sus plantas hermosas y alegrando a nuestra audiencia.

Gracias a los oyentes, a las abus , tías, padres, madres, amigos que enviaron sus mensajes. La carita de los chicos al escuchar sus saludos es algo tan bonito e impagable.

Gracias a Eduardo Arancibia, nuestro operador que hace posible que lleguemos a cada casa con nuestras voces y la música 🎼🎶🎵

Que aprendamos a hacer billar ✨a los demás como nos dijo 𝗛𝗲𝗹𝗲𝗻𝗮 y a no darnos por vencido como rescató 𝗚𝗮𝗯𝗿𝗶𝗲𝗹 como moraleja del cuento🤓.

Gracias chicos ❣️
Gracias FM Monte Cristo 87.9 por el espacio

Hola gente linda👋🏼 Hoy jueves del DÉJAME CONTARTE 😃El tema:  𝗠𝗮𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮, 𝗹𝗼𝘀 𝗻𝗶𝗻̃𝗼𝘀Hoy hablamos de los peques d...
13/08/2026

Hola gente linda👋🏼
Hoy jueves del DÉJAME CONTARTE 😃

El tema: 𝗠𝗮𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮, 𝗹𝗼𝘀 𝗻𝗶𝗻̃𝗼𝘀

Hoy hablamos de los peques de la casa. Cómo no ayudan a brillar y nos enseñan a vivir. Nuestros invitados 𝗛𝗲𝗹𝗲𝗻𝗮 𝗚𝗮𝗿𝗰𝗶́𝗮 𝘆 𝗚𝗮𝗯𝗿𝗶𝗲𝗹 𝗖𝗼𝗹𝗼𝗺𝗯𝗼. Ellos nos contaran el cuento y conoceremos un poco de estos pequeños artistas. Sus saludos o reflexiones del cuento seran valiosas para ellos

Si tenés algún pequeño en casa grabá un saludo a "Déjame Contarte" y lo compartímos🥰

Te dejo el cuento. Espero tus mensajes y saludos 😊

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