25/09/2025
Lo que sucedió en Florencio Varela con el triple femicidio es de una brutalidad atroz, pero también nos obliga a mirar más allá y poner en el centro las estructuras que sostienen y perpetúan la violencia contra las mujeres.
Cuando los medios enfatizan que las víctimas “se prostituían” para conseguir dinero, lo que hacen es correr el foco: en vez de problematizar la precarización, los hombres que consumen prostitución, la falta de oportunidades laborales dignas, la feminización de la pobreza y la crisis socioeconómica que empuja a muchas mujeres y disidencias a recurrir a la prostitución como estrategia de supervivencia, terminan construyendo un relato moralizante que estigmatiza.
Ese corrimiento no es inocente. Al señalar su supuesta actividad, pareciera que se introduce un “pero” a la hora de hablar de estas muertes, como si hubiera grados de legitimidad en el derecho a vivir libres de violencia. El triple femicidio debería interpelarnos como sociedad en torno a la violencia machista extrema, pero también a las condiciones materiales que la hacen posible: un Estado Nacional que no garantiza acceso real al trabajo, a la vivienda, a la salud y a redes de protección integral.
Desde una perspectiva transfeminista, es clave denunciar no sólo brutal violencia que nos arrebató la vida de Morena Cerro (20), Brenda del Castillo (20) y Lara Morena Gutiérrez (15), sino también la violencia estructural que las colocó en esa situación de vulnerabilidad. Nombrar eso no es justificar ni invisibilizar, es al contrario: iluminar cómo patriarcado y capitalismo se entrelazan para sostener un orden donde la vida de algunas vale menos o son descartables.
El dolor social que nos deja este TRIPLE FEMICIDIO no puede traducirse únicamente en pedido de “más seguridad” en clave punitivista. Tiene que transformarse en una demanda colectiva por justicia social, redistribución, trabajo digno y políticas integrales contra las violencias.