07/09/2026
A los diecisiete lo dejaron fuera del Mundial del 78 y se fue a llorar solo. Ocho años después metió, en once toques, el mejor gol de la historia de los Mundiales.
Diego Armando Maradona creció en Villa Fiorito, un barrio de calles de tierra a las afueras de Buenos Aires. Eran ocho hermanos y su papá se partía la espalda moliendo huesos en una fábrica. A los nueve entró a Los Cebollitas, las inferiores de Argentinos Juniors, y en el entretiempo lo sacaban a hacer jueguitos porque la gente llegaba temprano nada más por verlo. Debutó en primera diez días antes de cumplir dieciséis.
En 1984 el Barcelona lo quería fuera. Venía de una hepatitis, de un tobillo destrozado por la patada de Goikoetxea y de una pelea a golpes en la final de la Copa del Rey delante del rey. El único club que puso el dinero fue el Napoli, y todos le dijeron que era retroceder. El sur pobre, al que en las canchas del norte recibían con carteles diciéndole que se fuera a lavar. En sesenta años ese club no había ganado un campeonato italiano.
Él vio otra cosa. En Barcelona siempre iba a ser un nombre más en una vitrina llena. En Nápoles iba a ser la ciudad entera.
Firmó. Setenta y cinco mil personas pagaron entrada el día de su presentación para verlo pisar el pasto del San Paolo, sin partido. Y en vez de competir por títulos, se echó encima la bronca de esa gente y jugó con ella.
El 22 de junio de 1986, en cuartos del Mundial de México, le tocó Inglaterra. Cuatro años después de Malvinas, con ciento catorce mil personas en el Azteca. En el minuto 51 saltó, metió la mano y el árbitro no la vio. Cuatro minutos más tarde agarró la pelota en su propio campo, se llevó por delante a media Inglaterra y la clavó adentro.
"Un poco con la cabeza de Maradona y otro poco con la mano de Dios", dijo después.
Argentina salió campeona y él cerró el torneo con cinco goles y cinco asistencias, incluida la del gol de la final. Al Napoli lo hizo campeón de Italia en 1987 y en 1990, con una Copa UEFA en medio. La camiseta 10 la retiraron para siempre.
Y aquí está la parte que casi nadie cuenta. Ese equipo del 86 no era ninguna maravilla. Carlos Bilardo lo armó entero alrededor de un solo hombre: movió el sistema a tres defensores para dejarlo libre, aguantó dos años de prensa pidiendo su cabeza y viajó hasta Barcelona en persona para ponerle la cinta de capitán. El final se cuenta todavía menos: la co***na lo venía siguiendo desde Barcelona, en Nápoles se la hacían llegar sin que la pidiera, en 1991 dio positivo y lo suspendieron quince meses, y del 94 lo sacaron a mitad de Mundial. Murió a los sesenta con una deuda de impuestos en Italia que nunca terminó de pagar.
Cuando vas a competir a la casa de los grandes, juegas con las reglas de ellos y acabas siendo uno más en la fila. Maradona agarró el lugar que nadie quería y lo puso en el centro del mapa.
¿Qué prefieres: un buen puesto en la mesa de otro, o tu propia mesa aunque arranque vacía? 🇦🇷 🏆🤔