02/03/2023
𝐋𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐦𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐭𝐫𝐚𝐬𝐥𝐚: 𝐫𝐞𝐥𝐚𝐭𝐨 𝐛𝐫𝐞𝐯𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐛𝐫𝐢𝐠𝐚𝐝𝐢𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐢𝐧𝐜𝐞𝐧𝐝𝐢𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐞𝐫𝐫𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝟐𝟎𝟐𝟐
𝘋𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘦𝘭 15 𝘥𝘦 𝘚𝘦𝘱𝘵𝘪𝘦𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘩𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘦𝘭 28 𝘥𝘦 𝘯𝘰𝘷𝘪𝘦𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦𝘭 2022, 𝘭𝘹𝘴 𝘤𝘰𝘳𝘥𝘰𝘣𝘦𝘴𝘦𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘥𝘪𝘮𝘰𝘴 𝘮á𝘴 𝘥𝘦 18 𝘮𝘪𝘭 𝘩𝘦𝘤𝘵á𝘳𝘦𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘣𝘪𝘰𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘢𝘵𝘪𝘷𝘢, 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦𝘮𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘰𝘭𝘢𝘥𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘮𝘶𝘦𝘷𝘦 𝘦𝘭 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳𝘦𝘤𝘦𝘳 𝘦𝘭 𝘯𝘦𝘨𝘰𝘤𝘪𝘰 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢𝘤𝘵𝘪𝘷𝘪𝘴𝘵𝘢.
“Cuando los monos
se aburran de los árboles
(falta poco)
yo saltaré a las ramas
y entre verdes abrazos
me escurriré hacia lo alto.”
Viel Temperley.
𝐄n este brevísimo reporte de mapas y palabras, queremos compartir a la comunidad nuestra humilde lectura sobre la problemática social y ambiental que atraviesan el Valle de Traslasierra y la provincia entera. Este relato nace de la experiencia propia, la investigación y la reflexión crítica, como parte fundamental de nuestra labor en el cuidado del monte nativo cordobés.
Desde el día 15 de Septiembre del 2022 hasta el 28 de noviembre del mismo año, lxs cordobeses perdimos más de 18 mil hectáreas de biodiversidad nativa, que habitaba entre monte leñoso, arbustal y pastizal, y que hoy lucha por regenerarse. Esto incluye únicamente los incendios forestales (IIFF) de Panaholma, Arroyo Los Patos, Salsacate, Tala Cañada, Las Palmas y Ambul. Pero hubo muchos otros, como el ocurrido a principios de octubre en el Parque Nacional Quebrada del Condorito, en el campo que pertenece al ya varias veces imputado Alejandro Javier Becerra.
En los IIFF de Panaholma, Arroyo los Patos, Salsacate y Tala Cañada, la superficie afectada fue en un 100% de monte leñoso, arbustal o pastizal. En los de Las Palmas y Ambul, en por lo menos más de un 80%. Los mapas muestran el punto de inicio de cada incendio y un avance cronológico del fuego. Además, se pueden ver las superficies totales afectadas. Esto nos permite entender con claridad, y de manera simple, cómo fue que trabajaron las instituciones; cómo fue que hicieron un “manejo del fuego” acorde a la política de estado, ejecutando de manera muy prolija lo que podríamos denominar una “quema controlada”, en la intención de avanzar con una serie de negocios ilegítimos sobre los territorios quemados.
Para empezar, podríamos decir que los puntos de inicio se encuentran, casi siempre, en el límite con campos de cultivo, y que eso nos resulta por lo menos sospechoso, sobre todo si recordamos a Becerra y su peligrosísima práctica de renovación de pasturas, quemando pastizales en época seca y con vientos superiores a los 60 km por hora. Y hasta podríamos imaginar que el estado va a inspeccionar estos campos, peritarlos, y procesar quizás a algún que otro empresario descuidado o mal intencionado. Pero la quema sigue, desde Ansenuza a Traslasierra, así que mejor revisamos cómo se comportaron estos incendios.
Si atendemos a los perímetros de las superficies quemadas, podemos observar dos formas predominantes, una mas bien delgada y alargada, que se angosta cada vez que se acerca a territorios cultivados (Panaholma, Las Palmas: ver imágenes 1, 2 y 7): esas fueron combatidas arduamente sobre los flancos, con aviones hidrantes desde arriba, y con kit forestal, mochila de agua y chicote desde abajo. Los recursos se concentran en los flancos y el fuego se deja correr hacia donde sopla el viento, siempre direccionando la quema hacia el territorio silvestre; una vez que la topografìa o las condiciones climáticas lo permiten, se liquida la cabeza y ahí sí: que alguien más se encargue de la guardia de cenizas. La segunda forma, cuya geometría es de una mancha redondeada (Salsacate, Tala Cañada, Ambul, Arroyo los Patos: ver imágenes 1, 3, 4, 5, 6 y 7), avanza con la dirección del viento y es combatida desde el oeste, que es donde se ubican las zonas pobladas y los territorios cultivados. El fuego corre libremente hacia el este sobre el monte vivo. En algunos casos, como en Ambul(imágenes 3, 4, 5 y 6) se detiene gracias a la presencia de un arroyo. Esta técnica de anclaje, por supuesto, incluye contrafuegos sumamente destructivos, que aceleran el proceso de quema con la intención expresa de reducir riesgos de reinicio y abaratar costos operativos. Pero la realidad es que estos contrafuegos ensanchan innecesariamente la superficie afectada, arrasando con todas las islas verdes que puedan sobrevivir dentro de lo quemado y destruyendo enormes extensiones de monte sano que se prolongan desde el perímetro del incendio hasta el punto de anclaje elegido por el Comando de Incidente (autoridad oficial máxima de la mesa del incidente, perteneciente al Plan Provincial de Manejo del Fuego). La preservación de estas islas de monte, así como la correcta selección de los puntos de anclaje, resulta sumamente posible y es fundamental, ya que estos espacios funcionan, en la etapa de post-fuego, como semilleros clave para la regeneración del monte autóctono. El problema está en que las autoridades del sistema no saben o no quieren hacer tareas de enfriamiento y control de perímetros; no saben o no quieren trabajar los perímetros del fuego con herramientas de zapa (palas, rastrillos segadores, pulaski, etc.), tampoco saben o no quieren hacer guardia de cenizas, y pretenden controlar el incidente únicamente con chicote, agua y contrafuego.
Ahora las conclusiones, ahora las consecuencias: en ambos casos, los mapas muestran un patrón que es recurrente: los esfuerzos del Plan Provincial de Manejo del Fuego (PPMF) se concentran en la defensa de territorios cultivados y, por más que sobren los recursos, estos jamás son destinados a defender el monte. Además, las técnicas de combate que promueve el PPMF no están pensadas para la preservación y regeneración de nuestros bosques, sino que buscan optimizar lo que es, sencillamente, una quema controlada. Paradójicamente, frente a la gravísima situación que atravesó el valle transerrano en este último período de quema, la sociedad Rural de la Provincia de Córdoba exigió al Ministro de Ambiente que declare la emergencia agropecuaria, y la provincia lo acató sin dilación. Este decreto está por ser homologado a nivel nacional y nadie lo cuestiona. Los empresarios del agronegocio ya se benefician en materia impositiva y crediticia. Mientras tanto, lxs habitantes del monte resistimos el ecocidio en completa soledad.
Nuestro mapa incluye también la ubicación del Parque Solar Cura Brochero: una inversión de capital chino que promovió el schiaretismo, y que el municipio no supo -o no quiso- rechazar. Un emprendimiento que desmontó 80 hectáreas, con estudios de impacto ambiental deficientes y, claro, sin audiencia pública.
Todo esto resulta aún más comprensible si lo trasladamos al mapa político y social: la Provincia de Córdoba destinó en el año 2021 más de 500 millones de pesos para fundar las ETAC, un “Equipo Técnico de Acción ante Catástrofes” creado para atender todo tipo de desastres naturales. Y ya vemos que no funciona. O más bien, que sus objetivos distan mucho de lo que promulga su denominación hiperbólica . Porque mientras la Provincia de Córdoba insiste en combatir incendios forestales con agentes técnicos sin instrucción forestal, lxs brigadistas nacionales tienen que luchar por un salario digno y condiciones de trabajo más seguras, y las comunidades serranas tenemos que organizarse en asambleas para defender nuestros territorios. Porque en esta trama de corporaciones políticas y empresariales, el agua, el aire y la vida no son más que simples bienes de intercambio.
Por todo esto, entendemos que la gestión estatal no se limita al cuidado de la propiedad privada y el negocio agropecuario, sino que participa de manera activa en un plan superior de desarrollo extractivista: el monte es, para ellos, un territorio ocioso que debe ser eliminado y reemplazado de inmediato por cualquier emprendimiento lucrativo: minero, ganadero, inmobiliario, etc.. En este caso, el correlato principal va de muchísimas hectáreas de soja que están siendo sembradas en lo que ellos llaman “territorios marginales” del valle transerrano, al mismísimo pie de las Altas Cumbres, y que los empresarios David Copello y Agustín Calamari (los mismos que salieron en los medios exigiendo la emergencia agropecuaria) necesitan para hacer funcionar una fábrica de biodiesel en Ambul, donde se pretende formular coadyuvantes, fabricar alimentos balanceados e instalar granjas de cerdos y pollos: todas ellas, empresas altamente contaminantes, que bajo la excusa de “progreso” tienden al exterminio de toda vida, sólo en pos de calmar la avaricia de unxs pocxs y otrxs tantxs. Por supuesto, este proyecto es auspiciado y financiado por el Ministro de Ganadería y Agricultura, Sergio Busso, que antes del incendio ya había entregado a la empresa RB Agronegocios un subsidio por 2.5 millones de pesos, y un crédito por 34 millones de parte del BANCOR.
Resulta curiosa la lectura que hace el Presidente de la Sociedad Rural de Jesús María, Pablo Martínez, para Canal 12, cuando asegura que el monte es un combustible peligroso, y que por eso mismo lo debemos desmontar y disponer del sotobosque como alimento para su ganado. Resulta gracioso y peligroso, porque a esta altura de la crisis ambiental, ningunx de nosotrxs debería permitirse ignorar el rol que cumple el monte en los ciclos de lluvia. El monte requiere de todos sus estratos para la supervivencia del ecosistema. El monte funciona como una esponja que retiene el agua que hace llover; no solo previene las sequías, sino también las inundaciones. El monte regula los ciclos de agua y es, además, el hogar de una biodiversidad infinita que ni el miedo ni el dinero van a impedirnos defender. Porque ninguna vida vale más que otra. Porque al monte lo cuidamos entre todxs.
𝐁𝐫𝐢𝐠𝐚𝐝𝐚 𝐅𝐨𝐫𝐞𝐬𝐭𝐚𝐥 𝐂𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐭𝐚𝐫𝐢𝐚 𝐂𝐡𝐢𝐯𝐢𝐪𝐮𝐢́𝐧.
𝐅𝐮𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚𝐬 𝐢𝐦𝐚́𝐠𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐲 𝐠𝐫𝐚́𝐟𝐢𝐜𝐨𝐬. 𝐄𝐥𝐚𝐛𝐨𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐫 𝐝𝐞:
● imágenes Sentinel-2 y Landsat-8 para las cicatrices de los IF
● FIRMS para los focos de calor en las secuencias cronológicas
● IDECOR para la Cobertura y uso de suelo 2020 y 2021
● Google Satellite y Google Terrain para mapa base