Centro de Estudios Históricos de Martínez

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13/06/2026

𝐌𝐚𝐫𝐭í𝐧𝐞𝐳 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐩𝐚𝐧𝐭𝐚𝐥𝐥𝐚 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞

En esta película aparece una escena donde se puede apreciar la imponente casona de la familia Gelosi, símbolo de una época de esplendor en Martínez. Su majestuosidad y elegancia la convirtieron en un escenario ideal para producciones cinematográficas.

La residencia, construida en 1920 por el arquitecto Alberto Olivari para Nazzareno Pasquale Gelosi y Luisa Tarchini, ocupaba tres cuartos de manzana y estaba pegada a la barrera de la calle Pacheco. Lamentablemente, fue demolida en 1954, perdiéndose así una de las joyas arquitectónicas más emblemáticas de la zona.

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1943 - "La guerra la gano yo"

La futura Comisaría de Martínez: un edificio que comenzaba a escribir su lugar en la historia del puebloEn la fotografía...
13/06/2026

La futura Comisaría de Martínez: un edificio que comenzaba a escribir su lugar en la historia del pueblo

En la fotografía se ve el esqueleto de un edificio en plena construcción, todavía rodeado de montículos de tierra, herramientas y andamios. Pero incluso en ese estado incipiente, la futura Comisaría de Martínez ya se presentaba como un motivo de orgullo para todo el vecindario. Allí, donde antes no había más que un terreno vacío, se levantaba una obra destinada a convertirse en un pilar fundamental para la vida cotidiana del pueblo.

Las paredes recién levantadas y las aberturas sin terminar anunciaban algo más que una estructura nueva: hablaban de un pueblo que crecía, que se organizaba y que buscaba asegurar el bienestar de su gente. Ese edificio, aún joven y sin estrenar, sería el hogar de la autoridad policial, la institución encargada de velar por la tranquilidad de los vecinos y de garantizar que la paz cotidiana no se viera alterada.

La presencia de una comisaría cercana significaba mucho para Martínez. Cada vecino tendría allí un lugar donde acudir a pedir ayuda, donde reclamar seguridad para sí mismo, para su familia o para su propiedad. Era, en cierto modo, la afirmación de un derecho: el derecho a vivir en una comunidad protegida, acompañada y escuchada.

Mientras tanto, a su alrededor, el pueblo seguía transformándose. Nuevas viviendas, calles mejoradas, comercios nacientes y edificios públicos en marcha componían un paisaje que daba testimonio de un Martínez en ascenso. La comisaría no era un hecho aislado: formaba parte de una cadena de mejoras que modernizaba el vecindario y fortalecía la identidad del lugar.

Al contemplar esta imagen hoy, uno puede imaginar el entusiasmo y la expectativa de aquella época. Cada ladrillo colocado anunciaba un futuro más ordenado y seguro. Y así, entre polvo, madera y obreros trabajando bajo el sol, la futura Comisaría de Martínez comenzaba a convertirse en el símbolo de una comunidad que avanzaba con paso firme, mirando hacia adelante sin olvidar su espíritu de pueblo.
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Imagen publicada en el libro "Una vida de labor al servicio del progreso sanisidrense", sobre la gestión del Intendente Ernesto de las Carreras.

Fuente de la imagen: Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro "Dr. Horacio Beccar Varela"

𝘾𝙖𝙡𝙡𝙚𝙨 𝙎𝙖́𝙚𝙣𝙯 𝙋𝙚𝙣̃𝙖 𝙮 𝙀𝙙𝙪𝙖𝙧𝙙𝙤 𝘾𝙤𝙨𝙩𝙖, 𝙥𝙖𝙫𝙞𝙢𝙚𝙣𝙩𝙖𝙙𝙖𝙨En la década de 1930 era necesarísimo urbanizar Martínez mediante el pa...
06/06/2026

𝘾𝙖𝙡𝙡𝙚𝙨 𝙎𝙖́𝙚𝙣𝙯 𝙋𝙚𝙣̃𝙖 𝙮 𝙀𝙙𝙪𝙖𝙧𝙙𝙤 𝘾𝙤𝙨𝙩𝙖, 𝙥𝙖𝙫𝙞𝙢𝙚𝙣𝙩𝙖𝙙𝙖𝙨

En la década de 1930 era necesarísimo urbanizar Martínez mediante el pavimento. En aquellos años, gran parte del barrio todavía conservaba su fisonomía semi-rural: calles de tierra que se anegaban con cada lluvia, dificultades para el tránsito, y una infraestructura que ya no acompañaba el crecimiento demográfico y la llegada de nuevos vecinos.

La pavimentación no solo representaba una mejora estética, sino un verdadero salto cualitativo en la vida cotidiana. Calles firmes y transitables todo el año facilitaban el acceso de comerciantes, repartidores y transportes públicos, impulsaban la construcción de nuevas viviendas y, sobre todo, conectaban al barrio entre sí y con el resto del partido de San Isidro.

Además, el pavimento traía aparejadas otras ventajas fundamentales: reducía el polvo y el barro, mejoraba la higiene, valorizaba las propiedades y favorecía la instalación de servicios como alumbrado, cloacas y líneas de colectivos. En suma, marcaba el paso decisivo de un pueblo con rasgos rurales hacia un barrio moderno, integrado y en pleno desarrollo.

Por eso, la urbanización a través del pavimento fue uno de los factores que más contribuyó a transformar a Martínez en la comunidad dinámica y pujante que comenzaba a perfilarse en aquellas décadas.

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Imágenes tomadas cerca del año 1937, a poco de ser construidas, y publicadas en el libro "Una vida de labor al servicio del progreso sanisidrense", sobre la gestión del Intendente Ernesto de las Carreras.

Fuente de la imagen: Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro "Dr. Horacio Beccar Varela"

𝐋𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐫𝐭𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞𝐦𝐚𝐝𝐚𝐬: 𝐮𝐧𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞𝐯𝐢𝐯𝐢𝐨́ 𝐚𝐥 𝐟𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐲 𝐚𝐥 𝐨𝐥𝐯𝐢𝐝𝐨Hace unos cuarenta años, caminando por la zona de ...
06/06/2026

𝐋𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐫𝐭𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞𝐦𝐚𝐝𝐚𝐬: 𝐮𝐧𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞𝐯𝐢𝐯𝐢𝐨́ 𝐚𝐥 𝐟𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐲 𝐚𝐥 𝐨𝐥𝐯𝐢𝐝𝐨

Hace unos cuarenta años, caminando por la zona de la antigua estación Anchorena, bajando por la calle Paraná hacia el río y adentrándome en lo que entonces era un terreno pantanoso y casi intransitable, me topé con algo insólito: los restos humeantes de una fogata.

Aquello no era cualquier fuego. Eran papeles quemados —denuncias, prontuarios, documentos oficiales— que claramente habían pertenecido a una comisaría. Era la época de la "limpieza de archivos", y entre esos restos del aparato represivo encontré algo inesperado.
Entre papeles ennegrecidos por el fuego, emergió una carta —o lo que quedaba de ella— escrita en Montevideo en 1935. Era la voz de una joven que le hablaba a su amado con dulzura, evocando momentos de pasión y ternura.

Leer esas palabras me causó vergüenza, como si estuviera espiando algo sagrado. Ese recuerdo íntimo, tan humano, tan frágil, había quedado expuesto entre papeles manchados de dolor. Esa joven jamás imaginó que su carta de amor terminaría entre cenizas, mezclada con denuncias y prontuarios policiales.
La historia que nació con esperanza, en una ciudad bañada por el Río de la Plata, vino a morir a orillas del mismo río, en un pantano olvidado.

Hoy, ese lugar es muy distinto: allí se levanta el monumento de Regazzoni, hecho con hierros retorcidos y desechos, como si el arte hubiera recogido y resignificado ese pasado.

Este es mi homenaje a esa pareja perdida en el tiempo.

Porque incluso entre ruinas y silencios, el amor sobrevive.
De los testimonios de Mario Bollini

Las Escuelas N.º 9 y N.º 10: dos símbolos del crecimiento de Martínez**Aclaración:** La fotografía que acompaña esta pub...
30/05/2026

Las Escuelas N.º 9 y N.º 10: dos símbolos del crecimiento de Martínez

**Aclaración:** La fotografía que acompaña esta publicación corresponde a la **Escuela N.º 9**, ubicada frente a la Plaza 9 de Julio. En una publicación anterior fue identificada erróneamente como la Escuela N.º 10. La confusión no resulta extraña, ya que ambos edificios fueron construidos en la misma época y presentan un estilo arquitectónico muy similar. La **Escuela N.º 10**, por su parte, se encuentra sobre la **avenida Santa Fe**.

A fines de la década de 1930, cuando Martínez crecía calle a calle y lote a lote, la construcción de nuevos establecimientos educativos reflejaba el desarrollo sostenido de la localidad. Entre ellos, las Escuelas N.º 9 y N.º 10 representaron una verdadera apuesta al futuro, incorporando edificios modernos, luminosos y concebidos para brindar mejores condiciones de enseñanza.

La construcción de la Escuela N.º 10 fue posible gracias a un esfuerzo compartido. El terreno donde se levantó fue obtenido mediante una permuta realizada por la Municipalidad, que además aportó una suma considerable para que la obra pudiera concretarse. No se trataba solamente de levantar un edificio, sino de invertir en la educación de las generaciones venideras.

La imagen que vemos hoy muestra el estado de construcción de la Escuela N.º 9 pocos días antes de la publicación de esta fotografía. Para un pueblo que todavía conservaba muchos rasgos de vida semirrural, edificios escolares de estas características constituían mucho más que una mejora edilicia: eran símbolos de progreso, modernidad y confianza en el porvenir.

En el caso de la Escuela N.º 10, su ubicación sobre la avenida Santa Fe la convirtió en una referencia urbana de gran importancia. Por aquellos años, incluso existía frente al edificio un amplio boulevard central, concebido dentro de proyectos de urbanización que imaginaban una localidad cada vez más moderna. Entre las ideas que circulaban entonces figuraba la posibilidad de que un tranvía recorriera la avenida, iniciativa que finalmente nunca se concretó, pero que refleja las expectativas de crecimiento que despertaba Martínez.

Al observar estas imágenes, resulta fácil imaginar el orgullo de los vecinos, el trabajo de los obreros dando los últimos retoques y la ilusión de los alumnos que pronto ocuparían aulas nuevas. Tanto la Escuela N.º 9 como la Escuela N.º 10 fueron mucho más que edificios escolares: representaron la promesa de una comunidad que crecía apostando a la educación.

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*Imagen publicada en el libro **"Una vida de labor al servicio del progreso sanisidrense"**, sobre la gestión del intendente Ernesto de las Carreras.*

*Fuente de la imagen: Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro "Dr. Horacio Beccar Varela".*

📸 𝗨𝗻 𝗦𝗶𝗴𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝗧𝗿𝗮𝗻𝘀𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻: 𝗠𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗻𝗲𝘇, 𝗔𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘆 𝗗𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲́𝘀Las dos imágenes que tenemos ante nosotros ilustran de forma i...
30/05/2026

📸 𝗨𝗻 𝗦𝗶𝗴𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝗧𝗿𝗮𝗻𝘀𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻: 𝗠𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗻𝗲𝘇, 𝗔𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘆 𝗗𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲́𝘀

Las dos imágenes que tenemos ante nosotros ilustran de forma impactante cómo ha cambiado Martínez a lo largo de aproximadamente 100 años. La fotografía superior, en blanco y negro, nos transporta a principios del siglo XX; la inferior, a todo color, nos muestra el Martínez actual.

𝗠𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗻𝗲𝘇 𝗮 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝘀𝗶𝗴𝗹𝗼 𝗫𝗫
En la imagen antigua observamos un Martínez en sus primeras etapas de desarrollo. Las calles son amplias, flanqueadas por grandes extensiones de terreno libre entre la estación del tren y la avenida Libertador, zona que entonces comenzaba a consolidarse como núcleo urbano. Las casas son pocas, dispersas, rodeadas de jardines y espacios abiertos.
El ambiente transmite calma, con caminos despejados, sin vehículos, y un ritmo de vida pausado y sereno.

𝗠𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗻𝗲𝘇 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘀𝗶𝗴𝗹𝗼 𝗫𝗫𝗜
La imagen actual revela un Martínez profundamente transformado. Las calles están llenas de viviendas, las construcciones son más densas y compactas, y la vegetación urbana se ha vuelto abundante.
El contraste entre ambas imágenes no solo evidencia el paso del tiempo, sino también el crecimiento sostenido y la evolución urbana de la localidad.

Hace un siglo, Martínez era un lugar apacible y semi rural; hoy es una ciudad plenamente desarrollada, con infraestructura moderna y una vida más dinámica.

𝐘 𝐬𝐢𝐧 𝐞𝐦𝐛𝐚𝐫𝐠𝐨, 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐧𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐪𝐮𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐠𝐮𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐬𝐚𝐬 𝐚𝐮́𝐧 𝐫𝐞𝐬𝐢𝐬𝐭𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐬𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨, 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐭𝐞𝐬𝐭𝐢𝐠𝐨𝐬 𝐬𝐢𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨𝐬𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐨𝐭𝐫𝐚 𝐞́𝐩𝐨𝐜𝐚. 𝐕𝐚𝐥𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐞𝐧𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐢𝐧𝐚𝐫 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐮𝐬 𝐜𝐚𝐥𝐥𝐞𝐬 𝐲 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫𝐬𝐞 𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐞𝐦𝐩𝐥𝐚𝐫𝐥𝐚𝐬: 𝐬𝐨𝐧 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝𝐞𝐫𝐚𝐬 𝐣𝐨𝐲𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐮𝐞𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐮 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚.

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Gral. Alvear y Las Heras

👨‍⚕️ 𝗟𝗼𝘀 𝗺𝗲́𝗱𝗶𝗰𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗠𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗻𝗲𝘇: 𝗴𝘂𝗮𝗿𝗱𝗶𝗮𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗼𝘁𝗿𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼Hubo una época en Martínez en la que los médicos eran algo más ...
23/05/2026

👨‍⚕️ 𝗟𝗼𝘀 𝗺𝗲́𝗱𝗶𝗰𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗠𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗻𝗲𝘇: 𝗴𝘂𝗮𝗿𝗱𝗶𝗮𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗼𝘁𝗿𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼

Hubo una época en Martínez en la que los médicos eran algo más que profesionales de la salud: eran figuras casi sagradas, tenidas por sabias, humanas y cercanas. Se los respetaba profundamente no solo por lo que sabían, sino por lo que eran: personas íntegras, que dedicaban el tiempo necesario —el que hiciera falta— para escuchar al paciente, mirarlo a los ojos y entenderlo más allá de los síntomas.

Nombres como Michaud, Manes, Ylarri, Varas, Troncazo, Troncoso, Díaz, Quirós, Migues, Esquivel Huergo, Swerling, Stern, Díaz y el joven Carlos Touceda resuenan en la memoria de los vecinos como parte de esa estirpe médica ejemplar. Touceda, el más joven de aquel entonces, fue recordado por su entrega y vocación desde los años en que estudiaba medicina mientras repartía los pedidos con una canasta del almacén. No es casual que una sala del Hospital de Niños lleve hoy su nombre.

Los consultorios estaban muchas veces en sus propias casas. El teléfono —un aparato pesado, de disco— descansaba junto a la cama, siempre al alcance. No era raro que, en plena madrugada, sonara con urgencia. Sin dudarlo, se vestían, tomaban su maletín y salían bajo la lluvia o el frío hacia la casa de algún paciente. Porque no había horarios para aliviar el dolor.

Eran tiempos en los que la medicina se practicaba con ciencia, pero también con corazón. Y aunque muchas cosas han cambiado, quienes los conocieron aún los recuerdan con admiración y gratitud.
Caminar hoy por las calles de Martínez es, a veces, caminar entre sus huellas.

Los invitamos a compartir el nombre de aquellos médicos de Martínez que recuerdan con cariño y admiración, como un pequeño homenaje a su vocación y humanidad. Y si tienen alguna anécdota para contar, será hermoso leerla y mantener viva esa memoria colectiva.

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Fotografía del Dr. Ylarri y flia , Hipólito Irigoyen 172, Martínez, año 1940

Audaz asalto en Martínez – 1935Periódico La Tarde.24 de enero de 1935.El titular decía:“Audaz asalto en Martínez”.Diez d...
16/05/2026

Audaz asalto en Martínez – 1935

Periódico La Tarde.
24 de enero de 1935.

El titular decía:
“Audaz asalto en Martínez”.

Diez de la noche.
Un automóvil se detiene frente a un almacén de barrio.
Seis hombres armados bajan, irrumpen en el negocio y apuntan con sus pistolas a los dueños.

La mujer, en un acto de desesperación, logra escapar y grita en la calle.
Y esos gritos cambian todo.
Los delincuentes, nerviosos, huyen de inmediato en el mismo auto que habían dejado con el motor encendido.

Ese fue el asalto.
Breve, fugaz, recordado porque era raro, porque sacudió la calma de un pueblo que no estaba acostumbrado a la violencia.
Un hecho excepcional, digno de ocupar un titular en letras grandes.

Hoy, al mirar atrás, uno no puede evitar comparar.
Casi un siglo después, la inseguridad ya no es un sobresalto aislado:
es una sombra cotidiana que se repite en cualquier barrio de Buenos Aires.

Lo que en 1935 fue noticia extraordinaria, hoy sería apenas una línea más en la crónica policial del día.

Y allí está la reflexión:

Es como si el tiempo nos recordase
que no siempre avanzamos hacia adelante…

𝗟𝗼𝘀 𝗣𝗶𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗔𝗹𝘃𝗲𝗮𝗿El padre del Sr. Juan del Toro compró en el año 1933 un solar de 2000 m² con entrada por Alvear 838...
16/05/2026

𝗟𝗼𝘀 𝗣𝗶𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗔𝗹𝘃𝗲𝗮𝗿

El padre del Sr. Juan del Toro compró en el año 1933 un solar de 2000 m² con entrada por Alvear 838 y salida por Las Heras 1952. No compró en esa época la esquina restante porque no valía la pena, ya que se vendía por varas, una medida inferior al metro, y su valor económico era efímero. Sin embargo, igual había que considerarlo.

La familia tenía un comercio en la calle Florida 834 (Casa Jack) y otro en Florida 884 (Casa Redoné), donde se realizaban desfiles de moda. En invierno vivían en el centro y en verano alquilaban su casa y se trasladaban a Martínez.

En el lugar se construyó una rotonda con un parterre decorado con granza, desde la cual partía una escalera doble flanqueada por dos cipreses.

Don Juan recordaba que la casa tenía calefacción central, con radiadores embutidos en la pared. Se ponía en marcha la calefacción solo algunos días a la semana. Para ir al colegio, había que lavarse con agua fría, porque en las antiguas familias eran cosas comunes para templar el espíritu; los abuelos no hacían las cosas fáciles.

En la parte posterior de la casa había un garaje y un galpón de herramientas o carbonera, donde se almacenaba carbón inglés de antracita para la calefacción de la casa y para calentar el agua de los baños.

"𝗬𝗼 𝗻𝗼 𝗰𝗿𝗲𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗯𝗿𝘂𝗷𝗮𝘀, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿𝗹𝗮𝘀, 𝗵𝗮𝘆𝗹𝗮𝘀" “La Manola”, fue construida hace casi 100 años y sus gruesos muros enc...
09/05/2026

"𝗬𝗼 𝗻𝗼 𝗰𝗿𝗲𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗯𝗿𝘂𝗷𝗮𝘀, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿𝗹𝗮𝘀, 𝗵𝗮𝘆𝗹𝗮𝘀"

“La Manola”, fue construida hace casi 100 años y sus gruesos muros encierran enigmas que aún no han sido develados.

Durante años circuló la leyenda del amor no correspondido entre el pintor que la habitaba y una misteriosa mujer que oficiaba de modelo.

Una versión dice que una hermosa mujer fue modelo para Estanislao Fuentes, un famoso pintor que vivía en esa casa de la calle Edison.

De acuerdo a ese relato, se conocieron en una fiesta de disfraz a la que ella asistió con un antifaz que le tapaba casi todo el rostro. Eso no impidió que el artista se deslumbrara con su belleza y le dijese:

-Quisiera que posara para mí; deseo retratarla, estoy buscando la musa que inspire mi obra cumbre y estoy seguro que mora en usted, señora…

-Manola, me llamo Manola…

Al día siguiente, ella estuvo en el atelier y lo sorprendió porque seguía ocultando su cara con el antifaz. Pero lo más inesperado fue escucharla decir:

-Puede retratarme el cuerpo, pero si soy aquella musa que usted dice, entonces confío en que podrá imaginar mi rostro sin verlo. Pínteme desnuda.

Cuentan que Estanislao vaciló un momento. Estuvo a punto de dejarse llevar por un impulso difícil de controlar. Pero no podía poner en juego su prestigio ante la provocación de una desconocida. De modo que a partir de ese momento, Manola comenzó a posar para él, totalmente desnuda pero con el antifaz puesto.

Fueron varias semanas de trabajo. Ambos mantenían el equilibrio entre el trabajo y una atracción que iba creciendo. Hasta que un día Estanislao le dijo:

-Manola, usted ha logrado enamorarme, la deseo desde lo más profundo de mi ser, ya no resisto un instante más sin estar con usted…

Ella volvió a sorprenderlo:

-Yo también me siento atraída por usted… Pero quisiera que primero termine la obra… Mi querido Estanislao, le propongo que sea original; sedúzcame retratando mi rostro tal como lo imagina, detrás del antifaz. Si me gusta lo que su corazón ve de mí, entonces me entregaré a sus brazos sin más…

-¿Y cómo sabré yo lo que siente usted por mÍ?

-Me casaré con usted- dijo Manola, se despidió y se fue de la casona.

Pasaron los días. Finalmente, una noche la obra estuvo lista y Estanislao se la mostró a Manola. Ella miró la tela, giró la cabeza y le dijo arrasada por las lágrimas:

-Los ojos que me ha pintado tienen una mirada distinta, no son míos, no reflejan mi alma… No es lo que esperaba. Lo siento, Estanislao, no habrá matrimonio.

No hay testigos, pero se dice que él se enfureció, arrojó el lienzo por la ventana. Y mientras el cuadro caía en la avenida Edison, gritaba:

-¡Váyase inmediatamente de esta casa! ¡Retírese y no vuelva nunca más! ¡Y llévese su ma***to retrato!

No, no hay testigos. Pero aún así la historia dice que Fuentes nunca más salió de esa casa, en la que vivía solo. Dos años después los vecinos alertaron a la policía, que entró al castillito y encontró el esqueleto de un hombre frente al lienzo de una mujer.

Ese año, la casa de Estanislao Fuentes pasó a manos del fisco y fue declarada patrimonio cultural. Desde entonces, la casa de Edison al 400, en Martínez fue bautizada como “La Manola”.
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Esta atrapante historia, nacida de la imaginación del escritor Fernando Caporaletti y publicada en su blog, ha pasado de la literatura a la calle y se ubica en la galería de los mitos urbanos. Aún hoy, en Martínez, no pocos vecinos mencionan a esa esquina como “la casa del pintor”.
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La publicación es del Sr Julio Lagos, del 14 de febrero de 201 para el periódico Infobae

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Martínez
1640

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