12/08/2026
La paz dentro de un país significa entablar una amistad profunda hacia todos los seres, incluyendo a los animales y a las plantas. Dondequiera que exista una injusticia —ya sea porque se ignora o se pasa por alto— no existe una verdadera paz, sino tan solo un simulacro de ella. Con mucha verdad se dijo en la India: «Las lágrimas de los pobres socavan los tronos de los reyes». Mientras un solo corazón llore por un dolor que podría ser aliviado, la paz se habrá ido y la guerra estará acechando en el horizonte.
La auténtica paz ocurre cuando todos los seres humanos son conscientes, de forma instintiva, de la crueldad y la injusticia hacia el hombre o hacia otro ser; del mismo modo que un músico percibe al instante un ritmo defectuoso o una nota falsa. Cuando se alcanza esta verdadera paz, las personas no solo adquieren nuevos ojos y oídos para ver y escuchar, sino que cada uno de sus sentidos se vuelve más delicado. Es entonces cuando se descubren nuevas sutilezas, tonalidades y matices que los sentidos jamás habían sido capaces de percibir.
Jinarajadasa, “El Teósofo como ciudadano ideal en la guerra y la Paz”