18/04/2026
REFLEXIONANDO EL EVANGELIO DEL 3er. DOMINGO DE CUARESMA
El Evangelio de los discípulos de Emaús es, quizás, uno de los relatos más cercanos a nuestra propia vida. No habla de héroes ni de santos perfectos, sino de hombres heridos, desilusionados, confundidos.
Es el camino de quienes creyeron, esperaron y sintieron que todo se había derrumbado. Y, sin embargo, en ese mismo camino, el Señor Resucitado sale al encuentro.
Este texto no solo nos cuenta lo que pasó aquel día: nos revela cómo Cristo sigue encontrándose hoy con cada uno de nosotros.
- El camino de la desilusión y la purificación del corazón
Los dos discípulos se alejan de Jerusalén. No es solo un desplazamiento geográfico: es un alejamiento interior. Se van porque todo se vino abajo. “Nosotros esperábamos…” —dicen—, y en esa frase aparece una fe herida, pero también una expectativa que no se cumplió.
Ellos habían construido una imagen de Dios a su medida: un Mesías poderoso, triunfante, que resolviera las cosas de inmediato.
Y cuando Dios no responde según esas ideas, nace la desilusión.
Por eso, este camino no es solo de tristeza… es también un camino necesario de purificación:
• purificación de nuestras falsas ideas de Dios
• purificación de las imágenes que proyectamos sobre Él
• purificación del dolor que, cuando no es sanado, nos cierra los ojos.
El Evangelio lo dice con claridad: “Algo impedía que sus ojos lo reconocieran.” Jesús está… pero ellos no pueden verlo.
¿Cuántas veces nos pasa lo mismo? No es ausencia de Dios, sino una mirada oscurecida por la frustración, el sufrimiento o las expectativas rotas.
Y hay un dato muy significativo: se alejan de Jerusalén. Es decir, se alejan de la comunidad. Cuando la fe se tambalea, muchas veces la tentación es esa: encerrarnos en nuestras propias ideas, aislarnos, caminar solos. Pero incluso ahí —en ese camino de confusión y huida— Jesús se hace el encontradizo.
- Un Dios que camina, escucha y acompaña
Jesús no se impone. No irrumpe con reproches. Se acerca, camina con ellos y pregunta:
“¿Qué comentaban por el camino?”
Dios tiene la delicadeza de quien escucha antes de hablar. Los deja expresar su dolor, su tristeza, su desconcierto. Incluso su falta de fe.
Esto es profundamente revelador: Dios no tiene miedo de nuestras crisis. No se escandaliza de nuestras dudas. Antes de iluminar, acompaña. Antes de corregir, se hace cercano.
- La luz de la Palabra que enciende el corazón
Luego sí, Jesús toma la palabra y comienza a explicarles las Escrituras: “Y comenzando por Moisés y todos los profetas…”
Les enseña a releer su historia desde Dios. Lo que parecía fracaso… era camino de salvación. Lo que parecía muerte… era paso a la vida.
Por eso dirán: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba?”
La Palabra no solo informa: transforma, ilumina y enciende el corazón. Cuando dejamos que Cristo nos hable, cambia la manera de ver la vida.
- “Quédate con nosotros”: el paso de la apertura
Al llegar al pueblo, Jesús hace ademán de seguir. Pero ellos le dicen: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde…”
Es la oración del corazón que empieza a despertar. Es reconocer que sin Él vuelve la oscuridad. Es abrirle la puerta. Y Jesús entra. Se queda. Comparte la mesa.
- El reconocimiento en la Eucaristía
“Tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio.” Ahí se les abren los ojos. Lo reconocen al partir el pan.
Este gesto nos remite directamente a la Eucaristía: es allí donde el Señor resucitado se hace presente, se deja reconocer y se entrega.
Primero la Palabra en el camino…
luego el Pan en la mesa. Y recién entonces, los ojos se abren completamente.
- Del desánimo a la misión
“En ese mismo momento se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén.” El encuentro con Cristo cambia la dirección de la vida. Los que huían, ahora vuelven. Los que estaban tristes, ahora anuncian. Los que estaban aislados, regresan a la comunidad. El que se encuentra verdaderamente con Jesús no puede quedarse quieto.
Para ir concluyendo, este Evangelio es nuestro propio camino:
• también nosotros tenemos momentos de desilusión
• también nosotros necesitamos purificar nuestra imagen de Dios
• también nosotros a veces nos alejamos y caminamos confundidos
Pero Cristo sigue saliendo a nuestro encuentro. Camina con nosotros, nos habla al corazón, se nos da en la Eucaristía y nos devuelve a la vida y a la misión.
Pidámosle hoy la gracia de reconocerlo, de dejarlo entrar en nuestra vida y de experimentar, como los discípulos: que incluso en nuestros caminos más oscuros… nunca caminamos solos.