Asociacion Civil El Buen Samaritano

Asociacion Civil El Buen Samaritano Comunidad de Vida

Un fin de semana para el corazón y la familia ❤️Este fin de semana compartimos un hermoso Retiro de Familias, un espacio...
01/06/2026

Un fin de semana para el corazón y la familia ❤️

Este fin de semana compartimos un hermoso Retiro de Familias, un espacio de encuentro, escucha, oración y fraternidad donde pudimos detenernos por un momento para mirar hacia adentro, agradecer y fortalecer aquello que más valor tiene: nuestras familias.

Fueron días llenos de emociones, abrazos, testimonios, sonrisas y momentos de profunda presencia de Dios. Cada familia se llevó experiencias, aprendizajes y la certeza de que, aun en las dificultades, nunca caminamos solos.

Desde El Buen Samaritano queremos agradecer a todos los que participaron y a quienes, con generosidad y servicio, hicieron posible este retiro. Nos queda el corazón lleno de gratitud y la alegría de haber compartido una experiencia que seguramente seguirá dando frutos en cada hogar.

✨ Que todo lo vivido este fin de semana continúe iluminando nuestros pasos y fortaleciendo nuestros vínculos familiares.

23/05/2026

REFLEXIONANDO LOS TEXTOS DE PENTECOSTÉS

Hechos 2, 1-11; Juan 20, 19-23

Celebramos hoy la gran fiesta de Pentecostés. Y la Palabra de Dios nos muestra a unos discípulos encerrados, inseguros, con miedo, paralizados. Después de la muerte de Jesús, los apóstoles quedaron con el corazón herido y la puerta cerrada. Habían conocido al Maestro, habían visto milagros, habían escuchado palabras de vida… pero todavía no se animaban a salir.

Y quizás también nosotros conocemos esa experiencia: la cerrazón, el miedo a arriesgar, la inseguridad frente al futuro, la tentación de quedarnos quietos, de protegernos, de vivir una fe silenciosa y escondida.

Pero Pentecostés cambia todo.

El gran don de la Pascua es el Espíritu Santo. Jesús resucitado no deja solos a los suyos. Les regala su propio Espíritu, y ese Espíritu aparece como viento y como fuego.

El viento del Espíritu sacude las puertas cerradas. El viento no se puede encerrar. Irrumpe, mueve, empuja, pone en camino. El Espíritu Santo viene a romper nuestras comodidades y nuestros encierros.

Y aparece también el fuego. El fuego ilumina, purifica, enciende. Un corazón apagado vuelve a arder cuando el Espíritu lo toca.

Los apóstoles pasan del miedo a la valentía, de la desconfianza a la confianza, del encierro a la apertura. Ya no se relacionan con la realidad desde la amenaza o la defensa, sino desde una nueva forma de ser: abiertos a Dios, abiertos a los hermanos, abiertos al mundo.

Pentecostés transforma la manera de vivir.

Antes se escondían. Después anuncian.

Antes desconfiaban. Después se abandonan en Dios.

Antes estaban divididos. Después forman comunidad.

Antes el miedo los detenía. Después el amor los vuelve osados.

Porque el Espíritu Santo no crea cristianos cómodos; crea discípulos misioneros.

Y qué importante es esto para nosotros hoy. Hay muchos miedos que nos paralizan: miedo al fracaso, miedo al qué dirán, miedo a comprometernos, miedo a amar de verdad, miedo a salir al encuentro del otro. A veces vivimos una fe demasiado protegida, demasiado encerrada.

Pero el Espíritu Santo siempre empuja hacia la relación, hacia el encuentro, hacia la comunión. El Espíritu abre puertas. Nos enseña a confiar. Nos hace salir de nosotros mismos.

Cuando dejamos actuar al Espíritu, empezamos a mirar distinto:

* ya no vemos enemigos, sino hermanos;
* ya no vivimos a la defensiva, sino disponibles;
* ya no buscamos solamente seguridad, sino fidelidad al Evangelio.

Pentecostés es el paso de una Iglesia encerrada a una Iglesia en salida.

Por eso hoy tenemos que pedir un nuevo Pentecostés para nuestra vida y para nuestra comunidad. Que el Espíritu venga sobre nuestras cerrazones, sobre nuestros cansancios y miedos. Que vuelva a encendernos.

Necesitamos el viento del Espíritu que nos saque de la quietud.

Necesitamos el fuego del Espíritu que vuelva apasionado nuestro corazón.
Necesitamos la fuerza del Espíritu para animarnos a arriesgar por amor.

Porque cuando el Espíritu Santo entra en una persona, esa persona ya no vive solamente para sí misma: vive para amar, servir, anunciar y construir comunión.

Que María, la mujer abierta totalmente al Espíritu, nos enseñe a recibir este don pascual con humildad y confianza.

Y que hoy podamos decir desde el corazón: “Ven, Espíritu Santo. Abre nuestras puertas. Quita nuestros miedos. Ponenos en movimiento.”

20/05/2026
17/05/2026

REFLEXIONANDO JUNTOS EL EVANGELIO

– Solemnidad de la Ascensión del Señor
Textos: Hechos 1, 1-11 y Mateo 28, 16-20

Celebramos este domingo la fiesta de la Ascensión del Señor. Jesús “sube al cielo”, desaparece de la vista de los discípulos, y pareciera que los deja solos. Pero en realidad, la fiesta de hoy no celebra una ausencia, sino una presencia nueva y más profunda.

Jesús no se aleja del mundo: entra definitivamente en la gloria del Padre para permanecer con nosotros de otro modo. Por eso el Evangelio termina con una promesa maravillosa:

“Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”.

La Ascensión no es Jesús alejándose de la humanidad, sino la humanidad entrando con Jesús en el corazón mismo de Dios.

Los discípulos miraban al cielo… y el Señor los envía a la tierra.

En los Hechos de los Apóstoles vemos a los discípulos mirando hacia arriba, casi inmóviles, como queriendo retener ese momento.

Entonces aparecen los ángeles y les dicen:

“¿Qué hacen mirando al cielo?”

La fe no nos hace vivir escapándonos de la realidad. El encuentro con Cristo no nos encierra en una espiritualidad desconectada de la realidad humana. Al contrario: Jesús asciende y enseguida envía: “Vayan y hagan discípulos”.

La Iglesia no puede quedarse detenida mirando nostálgicamente el pasado, ni esperando pasivamente que Dios haga todo. El Señor nos confía la misión de anunciar, sanar, acompañar, levantar al caído, llevar esperanza.

Y esto toca profundamente nuestras comunidades. También nosotros, en medio de tantas heridas sociales, familiares y personales, somos enviados a ser testigos de que Cristo vive.

Jesús asciende llevando nuestra humanidad
Jesús asciende con su humanidad glorificada.

El Resucitado conserva las llagas. En el cielo hay un hombre con heridas de amor. Eso significa que nuestra vida humana no es despreciada por Dios. Nuestras luchas, cansancios, lágrimas y cruces pueden ser transformadas.

Para tantas familias que cargan el dolor de las adicciones, de divisiones, de enfermedades o angustias, la Ascensión es una esperanza: nuestra historia no termina en el fracaso. Cristo ha abierto un camino hacia el Padre. Donde Él entró, nosotros estamos llamados a entrar.

“Hagan discípulos”

El Evangelio de Mateo no termina con una teoría, sino con un mandato misionero. No dice solamente: “enseñen cosas”, sino “hagan discípulos”. Y un discípulo es alguien que vive con Jesús, aprende de Él y se deja transformar.
Hoy necesitamos comunidades que formen discípulos verdaderos:

• discípulos que oren,

• discípulos que conozcan la Palabra,

• discípulos capaces de servir,

• discípulos que acompañen a otros,

• discípulos que lleven el Evangelio a las periferias.

La Ascensión nos recuerda que la Iglesia existe para evangelizar.

Una promesa para caminar

Jesús termina diciendo: “Yo estaré siempre con ustedes”. Ésta es la gran certeza de la Iglesia.

No caminamos solos. El Señor acompaña a su pueblo:

• en la Eucaristía,

• en la Palabra,

• en los pobres,

• en la comunidad,

• en los momentos luminosos y también en las noches oscuras.

A veces sentimos que el mundo se vuelve difícil para creer, que hay cansancio pastoral, divisiones o desánimo. Pero la Ascensión nos recuerda que Cristo sigue actuando. Él es el Señor de la historia.

Hoy celebramos a un Jesús glorioso y cercano. Él asciende, pero no abandona. Se va de nuestra vista, pero permanece en nuestro corazón. Sube al Padre, pero se queda en la Iglesia. Y nos envía.

Celebremos esta fiesta, celebremos la Eucaristía, que ella renueve en nosotros la alegría de ser discípulos y misioneros. Y que, mirando al cielo, no nos olvidemos de llevar el Evangelio a la tierra concreta donde Dios nos ha puesto.

Y quedamos a la espera del Espíritu Santo. ¡¡¡El próximo domingo es Pentecostés!!!

10/05/2026

REFLEXIONANDO EL EVANGELIO DEL IV DOMINGO DE PASCUA

Juan 14, 15-21

El Evangelio de hoy nos deja una de las promesas más consoladoras de Jesús: “No los dejaré huérfanos”. En medio de la despedida de la Última Cena, cuando el corazón de los discípulos estaba lleno de temor e incertidumbre, Jesús les asegura que no estarán solos. Él promete el don del Espíritu Santo, el Paráclito, el Consolador, que permanecerá siempre con ellos.

Amar a Jesús no es solamente sentir afecto o emoción religiosa; amar a Jesús significa vivir su Palabra y cumplir sus mandamientos. Y el mandamiento central de Jesús es el amor: amar como Él amó, servir, perdonar, cuidar, permanecer unidos. El verdadero amor a Cristo se verifica en la vida concreta.

Jesús sabe que solos no podemos vivir el Evangelio. Por eso promete el Espíritu de la Verdad. El Espíritu Santo no es una fuerza lejana, sino Dios viviendo en nosotros, iluminando el corazón, fortaleciendo en la prueba, consolando en el dolor y dándonos la valentía para seguir a Cristo aun en medio de las dificultades.

“Ustedes están en mí y Yo en ustedes”. Qué profunda intimidad nos revela Jesús. La vida cristiana no es simplemente cumplir normas, sino vivir unidos a Él. Somos habitados por Dios. El cristiano nunca está abandonado, aunque atraviese oscuridades, pérdidas o momentos de debilidad. Cristo vive y quiere vivir en nosotros.

Hoy esta Palabra también nos invita a preguntarnos:

• ¿Estoy dejando espacio al Espíritu Santo en mi vida?

• ¿Busco escuchar su voz en la oración y en la Palabra?

• ¿Mi amor a Jesús se traduce en obras concretas?

Pidamos la gracia de vivir como hijos, no como huérfanos; de caminar confiados, sabiendo que el Señor permanece con nosotros y que su Espíritu nos sostiene cada día.

03/05/2026

REFLEXIONANDO EL EVANGELIO DEL DOMINGO V DE PASCUA

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”

El Evangelio nos sitúa también en la última cena. Jesús está a punto de partir, y sus discípulos están inquietos, confundidos, con miedo.

Por eso Jesús les dice a sus discípulos y hoy a nosotros: “No se inquieten. No se turbe su corazón.”

Es como si Jesús hoy nos mirara a nosotros: con nuestras preocupaciones, con nuestras luchas, con nuestras incertidumbres, con procesos que no terminan de sanar. Y nos dijera: no vivan desde el miedo.

“Yo soy el Camino” – no estamos perdidos

Tomás expresa lo que muchos sentimos: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?”

Es la experiencia de quien no ve claro: quien no sabe cómo salir de una situación, quien está en proceso de recuperación, quien intenta reconstruir su vida.

Y Jesús no responde con una explicación… responde con su persona: “Yo soy el Camino.”

Nos muestra el verdadero camino, y por eso dice: Yo soy.

Esto cambia todo. El cristianismo no es una serie de normas o recetas. Es seguir a una Persona.

Para alguien que lucha, que cae, que vuelve a empezar, esto es clave:

• el camino no es perfecto,

• el camino es caminar con Jesús.

Aunque sea paso a paso. Aunque haya caídas.


“Yo soy la Verdad” – una verdad que libera
Hoy vivimos rodeados de muchas “verdades”: lo que siento, lo que otros dicen de mí, las etiquetas que cargo: “no servís”, “no cambiás”, “siempre lo mismo”.

Pero Jesús dice: Yo soy la Verdad. Y su verdad es distinta: no te reduce a tu pecado, no te define por tu caída, no te encierra en tu historia.

Su verdad es esta: sos amado, sos hijo, sos capaz de una vida nueva.

Para muchos de nuestros hermanos —especialmente en procesos de adicciones— esta verdad es fundamental. Porque si uno se cree la mentira, se queda atrapado.

Pero si empieza a creer en la verdad de Cristo… comienza la libertad.


“Yo soy la Vida” – una vida que empieza ahora

Jesús no habla solo de la vida eterna futura.
Habla de una vida que empieza ahora.

Una vida distinta: con sentido, con dignidad, con esperanza.

Una vida que no depende de que todo esté perfecto, sino de estar unido a Él. Cuántas personas viven, pero por dentro están apagadas. Jesús viene a encender la vida de nuevo.

Concluyendo

En medio de nuestras luchas, Jesús hoy nos dice tres cosas simples pero decisivas:

• No tengas miedo.

• No estás perdido: Yo soy el Camino.

• Tu vida puede ser nueva: Yo soy la Vida.

Y nos invita a algo concreto: Caminar con Él. No perfecto… pero sí perseverante.

No solos… sino con Él y en comunidad.
Pidamos:

• renovar nuestra confianza,

• y ser para otros camino, verdad y vida.

26/04/2026

REFLEXIONANDO EL IV Domingo de Pascua (Domingo del Buen Pastor)

En este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia nos regala cada año una imagen profundamente consoladora: Jesús como el Buen Pastor. No es una figura decorativa ni poética solamente; es una revelación del corazón mismo de Dios.
En el Evangelio (Jn 10, 27-30), Jesús dice: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.”


Un Dios que nos conoce personalmente
Lo primero que impacta es esto: “yo las conozco”. No dice “las controlo”, “las dirijo desde lejos”, sino que las conoce.
En un mundo donde muchas veces somos números, estadísticas o funciones, Jesús nos recuerda que somos personas únicas, irrepetibles. Nos conoce con nuestra historia concreta: con nuestras luchas, heridas, búsquedas… incluso con esas cosas que nadie más ve.

Solo quien se sabe conocido y amado puede vivir con paz. Muchos de nuestros sufrimientos nacen de sentirnos solos, incomprendidos, invisibles. Pero el Buen Pastor dice: “yo te conozco”.


Escuchar su voz en medio de tantas voces
Jesús dice también: “mis ovejas escuchan mi voz”. Hoy vivimos rodeados de voces: redes sociales, opiniones, noticias, presiones… todo nos habla, todo nos empuja, todo nos quiere decir qué hacer o quién ser. Pero no todas las voces conducen a la vida.

La pregunta es: ¿Sabemos reconocer la voz del Buen Pastor? Su voz no grita, no manipula, no aplasta. Su voz llama, invita, ilumina.
El gran desafío del cristiano hoy no es hacer muchas cosas, sino aprender a escuchar.


Seguirlo: confiar incluso sin entender todo
Jesús dice: “ellas me siguen”. Seguir a Cristo no significa tener todo claro, sino confiar en Aquel que guía. La oveja no ve todo el camino, pero reconoce al pastor y camina detrás de él. Nosotros muchas veces queremos lo contrario: primero entender todo… y recién después confiar. Pero la fe funciona al revés: primero confiar… y después comprender.
Seguir al Buen Pastor implica: dejar seguridades falsas, soltar el control, caminar incluso en la oscuridad


Una promesa fuerte: vida eterna y seguridad
Jesús hace una afirmación: “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás.” En un mundo marcado por el miedo (miedo al fracaso, a la enfermedad, a la muerte), Cristo nos ofrece una seguridad que nada ni nadie puede quitar.
Y agrega: “Nadie las arrebatará de mi mano.” Podemos caer, equivocarnos, alejarnos… pero nunca dejamos de estar en sus manos.
Domingo del Buen Pastor: también un llamado vocacional

Este domingo también es día de oración por las vocaciones. Porque el Buen Pastor sigue hoy llamando a hombres y mujeres para:

• el sacerdocio

• la vida consagrada

• la misión en la Iglesia

Pero también llama a cada uno a su propia vocación: al matrimonio, al servicio, a una vida entregada. La pregunta no es solo “qué quiero hacer con mi vida”, sino:
“¿qué quiere Dios de mí?”


Concluimos rezando y meditando: Hoy el Señor nos dice a cada uno:

• Te conozco

• Te llamo

• Camina conmigo

• No tengas miedo

Pidamos la gracia de:

• escuchar su voz en medio del ruido

• confiar y dejarnos guiar

• vivir con la certeza de que estamos en sus manos

Que María, la que supo escuchar y seguir, nos enseñe a reconocer la voz del Buen Pastor.

18/04/2026

REFLEXIONANDO EL EVANGELIO DEL 3er. DOMINGO DE CUARESMA

El Evangelio de los discípulos de Emaús es, quizás, uno de los relatos más cercanos a nuestra propia vida. No habla de héroes ni de santos perfectos, sino de hombres heridos, desilusionados, confundidos.

Es el camino de quienes creyeron, esperaron y sintieron que todo se había derrumbado. Y, sin embargo, en ese mismo camino, el Señor Resucitado sale al encuentro.

Este texto no solo nos cuenta lo que pasó aquel día: nos revela cómo Cristo sigue encontrándose hoy con cada uno de nosotros.

- El camino de la desilusión y la purificación del corazón

Los dos discípulos se alejan de Jerusalén. No es solo un desplazamiento geográfico: es un alejamiento interior. Se van porque todo se vino abajo. “Nosotros esperábamos…” —dicen—, y en esa frase aparece una fe herida, pero también una expectativa que no se cumplió.

Ellos habían construido una imagen de Dios a su medida: un Mesías poderoso, triunfante, que resolviera las cosas de inmediato.

Y cuando Dios no responde según esas ideas, nace la desilusión.

Por eso, este camino no es solo de tristeza… es también un camino necesario de purificación:

• purificación de nuestras falsas ideas de Dios
• purificación de las imágenes que proyectamos sobre Él
• purificación del dolor que, cuando no es sanado, nos cierra los ojos.

El Evangelio lo dice con claridad: “Algo impedía que sus ojos lo reconocieran.” Jesús está… pero ellos no pueden verlo.

¿Cuántas veces nos pasa lo mismo? No es ausencia de Dios, sino una mirada oscurecida por la frustración, el sufrimiento o las expectativas rotas.

Y hay un dato muy significativo: se alejan de Jerusalén. Es decir, se alejan de la comunidad. Cuando la fe se tambalea, muchas veces la tentación es esa: encerrarnos en nuestras propias ideas, aislarnos, caminar solos. Pero incluso ahí —en ese camino de confusión y huida— Jesús se hace el encontradizo.

- Un Dios que camina, escucha y acompaña

Jesús no se impone. No irrumpe con reproches. Se acerca, camina con ellos y pregunta:

“¿Qué comentaban por el camino?”

Dios tiene la delicadeza de quien escucha antes de hablar. Los deja expresar su dolor, su tristeza, su desconcierto. Incluso su falta de fe.

Esto es profundamente revelador: Dios no tiene miedo de nuestras crisis. No se escandaliza de nuestras dudas. Antes de iluminar, acompaña. Antes de corregir, se hace cercano.

- La luz de la Palabra que enciende el corazón

Luego sí, Jesús toma la palabra y comienza a explicarles las Escrituras: “Y comenzando por Moisés y todos los profetas…”

Les enseña a releer su historia desde Dios. Lo que parecía fracaso… era camino de salvación. Lo que parecía muerte… era paso a la vida.

Por eso dirán: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba?”

La Palabra no solo informa: transforma, ilumina y enciende el corazón. Cuando dejamos que Cristo nos hable, cambia la manera de ver la vida.

- “Quédate con nosotros”: el paso de la apertura

Al llegar al pueblo, Jesús hace ademán de seguir. Pero ellos le dicen: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde…”

Es la oración del corazón que empieza a despertar. Es reconocer que sin Él vuelve la oscuridad. Es abrirle la puerta. Y Jesús entra. Se queda. Comparte la mesa.

- El reconocimiento en la Eucaristía

“Tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio.” Ahí se les abren los ojos. Lo reconocen al partir el pan.

Este gesto nos remite directamente a la Eucaristía: es allí donde el Señor resucitado se hace presente, se deja reconocer y se entrega.

Primero la Palabra en el camino…
luego el Pan en la mesa. Y recién entonces, los ojos se abren completamente.

- Del desánimo a la misión

“En ese mismo momento se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén.” El encuentro con Cristo cambia la dirección de la vida. Los que huían, ahora vuelven. Los que estaban tristes, ahora anuncian. Los que estaban aislados, regresan a la comunidad. El que se encuentra verdaderamente con Jesús no puede quedarse quieto.

Para ir concluyendo, este Evangelio es nuestro propio camino:

• también nosotros tenemos momentos de desilusión

• también nosotros necesitamos purificar nuestra imagen de Dios

• también nosotros a veces nos alejamos y caminamos confundidos

Pero Cristo sigue saliendo a nuestro encuentro. Camina con nosotros, nos habla al corazón, se nos da en la Eucaristía y nos devuelve a la vida y a la misión.

Pidámosle hoy la gracia de reconocerlo, de dejarlo entrar en nuestra vida y de experimentar, como los discípulos: que incluso en nuestros caminos más oscuros… nunca caminamos solos.

Dirección

Ruta 11 Km 747
Malabrigo
3572

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