03/07/2026
No despido hoy solamente a un compañero. Despido a quien alguna vez llamé mi "partero del alma".
¡Querido Daniel!
Nuestro encuentro, allá por 1985, en aquella comunidad terapéutica que organizaste junto a Blanca, abrió una nueva etapa en mi vida. Vos entendías a la perfección las heridas que nos había dejado la dictadura, las pérdidas irreparables, y también sabías cómo tocar justo allí donde era necesario para que nuestra alma pudiera volver a ponerse de proa hacia un futuro posible.
Y ese futuro siempre era el mismo: un país más justo, un hombre y una mujer nuevos, un futuro peronista.
Recuerdo que, cuando estabas por darme el alta, me preguntaste:
—¿Vos admirás a Evita?
—¡Claro! —te respondí—. Con toda mi alma.
Entonces me dijiste:
—Evita se levantaba a las cinco de la mañana, no paraba durante todo el día y lo entregó todo por la causa del pueblo. ¿Vos qué vas a hacer cuando salgas de aquí?
Me diste un cómo, un porqué, un madero al que aferrarme cuando la tristeza me volteaba.
Y, casi como una profecía, llegaron los años de militancia con Palito en el barrio San Carlos. Después nació el Hogar para pibes y pibas Pantalón Cortito, en aquellos difíciles años noventa.
Te veo en la movilización espontanea contra el indulto. El Hogar ya estaba en marcha. Romina cumplía un año y la llevaba en brazos. Gonzalo iba en brazos de Palito. Naty, con apenas ocho años, gritaba junto a nosotros contra los indultos.
De verdad, Daniel, creo que vos lo sabías: me salvaste en aquel refugio para almas hechas pedazos. Me diste la inspiración que necesitaba para atravesar los años noventa, los 2000 y también este presente tan duro, que a veces parece una pesadilla.
¿Cómo no saber de qué lado estar, si vos, querido compañero, estuviste siempre del lado del pueblo?
Fuiste coherente, sencillo, inmensamente sabio en la salud pública y de una honestidad ejemplar. Pero también llevabas esa impronta poética, tanguera y murguera que te hacía único.
¿Te acordás de los encuentros con El Sabalero? ¿De tu preocupación permanente por acercar recursos para los pibes? ¿De la paciencia con la que orientabas, desde tu rol profesional, a nuestro equipo de trabajo, siempre buscando que hiciéramos las cosas un poco mejor?
Vos eras una guía para nosotros.
Fuiste presencia, seguridad y ternura. Uno de esos compañeros que hacen sentir que nunca se está solo.
Nos vimos hace poco, en El Zócalo, durante el espectáculo de Diego Dana. Nos abrazamos. Hasta te reté porque saliste a fumar.
Y hace muy poquito me llamaste.
Hoy siento que, de alguna manera, era tu forma de despedirte.
Enorme compañero... estamos perdiendo a los mejores.
Quiero creer que es para que, desde algún lugar, nos ayuden a remontar este mundo tan lastimado, tan lejos de aquel que nuestra generación soñó construir.
Esta despedida es profundamente personal. Pero no tengo dudas de que con vos también se va un pedacito del alma de Pantalón Cortito.
Gracias por haber sido faro cuando más oscuridad había.
Vamos a extrañarte, Daniel.
Nos vemos enseguida.