21/04/2026
Diario de un año de cuidarnos desde el Cielo
El 21 de abril del año 2025, lunes de la octava de Pascua, nuestro compatriota, Jorge Mario Bergoglio, conocido por el mundo y para la eternidad como el Papa Francisco, partió de este mundo para encontrarse cara a cara con quien fue el amor de su vida y motivación de su heroica tarea.
Una larga vida llena de miradas y nombres propios atraviesan su mensaje, siendo los hermanos más pobres su centro misionero y sentido de todas sus acciones. Asumió con un llamado muy claro: “quiero una iglesia pobre para los pobres” y, tras años de trabajar sin descanso por ese deseo profundamente inspirado en el Evangelio, partió con una contundente declaración. Como enunciando una profecía sobre el fin de la Historia, se despidió diciendo “el amor venció al odio” y “la luz venció a las tinieblas”, para luego en su fragilidad física pero entereza espiritual bendecir a toda la humanidad, de la misma forma que lo hizo durante toda su vida: sin distinción alguna, porque somos todos hermanos.
Como Cáritas y como Iglesia tenemos la alegre tarea de mantener vivo su legado.
Nos llamó a los jóvenes a ser protagonistas del presente, a no mirar para un costado ante las injusticias del mundo y a llevar una Buena Noticia: Cristo vive y nos quiere vivos. Los jóvenes en la Iglesia estamos invitados a escuchar ese llamado profundo que nos hace Dios a cada uno, de ser libres y felices. Creemos firmemente, inspirados por Francisco, que Jesús se encuentra en lo pequeño y en los que sufren, que la tarea es construir la justicia social y el bien común, cuidando nuestra casa común y caminando como Francisco por las periferias sociales y territoriales.
Porque nos enseñó una forma sincera y genuina de vivir la fe. Porque universalizó la sabiduría criolla. Porque, escuchando lo que el Señor le pidió hace más de 800 años a San Francisco de Asís, reparó la Casa del Padre, que estaba cayendo en ruinas. Gracias Francisco, rezá por nosotros.