18/08/2026
18 DE AGOSTO DE 1848: CAMILA Y LADISLAO, EL AMOR PROHIBIDO QUE TERMINÓ FRENTE A UN PELOTÓN DE FUSILAMIENTO
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El 18 de agosto de 1848, uno de los episodios más estremecedores y controvertidos del siglo XIX argentino terminó a balazos en el cuartel de Santos Lugares: Camila O’Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez fueron ejecutados por orden del gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas. Su historia había comenzado lejos de aquel paredón. Camila pertenecía a una conocida familia de la sociedad porteña y Gutiérrez era sacerdote de la iglesia del Socorro. Se enamoraron en una época en la que una relación semejante constituía un enorme desafío a las convenciones sociales, religiosas y familiares. Finalmente decidieron escapar juntos a fines de 1847 y llegaron a Goya, Corrientes, donde adoptaron identidades falsas —Valentina Desan y Máximo Brandier— y comenzaron una nueva vida dedicada, entre otras actividades, a la enseñanza. Pero su desaparición había provocado un escándalo que rápidamente superó el ámbito familiar. Rosas distribuyó circulares para localizarlos y el episodio comenzó a transformarse en un problema político, religioso y propagandístico. Mientras sectores de la Iglesia y de la sociedad reclamaban un castigo ejemplar, periódicos opositores al rosismo publicados desde Montevideo y Chile utilizaban el caso para atacar al gobierno. En junio de 1848, un sacerdote irlandés reconoció a Gutiérrez en Goya y la pareja fue detenida. Luego fueron trasladados a Santos Lugares y encerrados por separado. Camila sostuvo que había actuado por voluntad propia y las fuentes conservadas señalan que ambos defendieron su relación sin mostrar arrepentimiento. Manuelita Rosas, amiga de Camila, habría intercedido ante su padre; el Museo Histórico Nacional conserva la referencia a una carta fechada el 9 de agosto en la que Manuelita le comunicaba que había intentado ayudarla. Pero la decisión final fue implacable: Rosas dispuso la ejecución inmediata de los dos. La situación resultaba todavía más dramática porque Camila estaba embarazada. El 18 de agosto fueron conducidos con los ojos vendados al lugar de ejecución y fusilados por un pelotón militar. El episodio causó una profunda conmoción. El cronista Juan Manuel Beruti dejó registrado el estupor que produjo en Buenos Aires la muerte de la joven embarazada y de Gutiérrez, reflejo de que incluso en aquella sociedad existieron fuertes cuestionamientos a la magnitud del castigo. El caso también quedó atravesado por una controversia jurídica que sobrevivió durante décadas: estudios de historia del derecho han analizado la legitimidad de aquella condena, las normas que podían considerarse vigentes y las críticas contemporáneas por la ausencia de las garantías de un proceso judicial ordinario. La discusión sigue formando parte de la historiografía jurídica argentina. Pero quizás uno de los documentos más extraordinarios apareció veintidós años después. Desde su exilio en Southampton, Inglaterra, Juan Manuel de Rosas escribió el 6 de marzo de 1870 a Federico Terrero. Al recordar aquel episodio afirmó que nadie le había aconsejado específicamente la ejecución y reconoció sin rodeos: “Y siendo mía la responsabilidad, ordené la ejecución”. La carta, difundida por el Archivo General de la Nación, constituye un testimonio excepcional porque el propio Rosas asumió personalmente la decisión que había terminado con las vidas de Camila y Ladislao. Más de un siglo y medio después, aquella tragedia continúa provocando debates porque fue mucho más que una historia de amor imposible: reunió en un mismo drama el poder político, la moral religiosa, las convenciones sociales, la condición de la mujer, la pena de muerte, la propaganda y los límites de la autoridad estatal. Camila O’Gorman y Ladislao Gutiérrez pretendieron escapar de las reglas de su tiempo para comenzar otra vida. El 18 de agosto de 1848, el poder decidió que aquella desobediencia debía terminar frente a un pelotón. Y aquel fusilamiento, pensado entonces como castigo ejemplar, terminó convirtiéndose en uno de los episodios más recordados y discutidos de la Argentina del siglo XIX.