Asociación Cultural Sanmartiniana Mi Tebaida

Asociación Cultural Sanmartiniana Mi Tebaida En 1979 se formó la Comisión de Amigos del Museo Histórico Municipal Las Bóvedas, y el 20/11/1989 se constituyó esta asociación.

14/06/2026
14/06/2026

Güemes, Arenales, San Martín y Belgrano.

Ciudad de Salta.

14/06/2026
14/06/2026

DÁNDOLE UNA MANO A UN EX CAMARADA

Por Ricardo Rojas.

Alvear, caído del gobierno, escribió desde tierra extraña para vindicarse de los cargos que le dirigía la pasión política, y recordando su llegada a Buenos Aires en 1812, afirmaba, entre otras cosas, esta notoria verdad: “Fue dirigida mi primera súplica a recomendar con encarecimiento la persona de don José de San Martín, que había venido en mi compañía, cuya recomendación le abrió la puerta al mando en la carrera militar, sin embargo de ser un sujeto sin relaciones ni conocimientos en el país”.

Las tempestuosas corrientes de la revolución, que habían acercado a estos dos hombres, ahora los separaban. Los neófitos de Cádiz, amigos en Londres, peregrinos en la Canning, hermanos en la Lautaro, camaradas en el regimiento de Granaderos, compañeros en la revolución de 1812 contra el Triunvirato, ahora se veían en diversos campos y por cierto con amargura para los dos. Alvear y su esposa doña Carmen eran además los padrinos del casamiento de San Martín con doña Remedios. Los servicios que Alvear le prestara no podían borrarse por las emulaciones militares, y San Martín no los olvidó.

Desde Río de Janeiro, el 2 de febrero de 1816 Alvear escribía a San Martín:

“Ignoro el grado de resentimiento en que usted pueda hallarse con respecto a mí, pues nuestros comunes enemigos han tratado incesantemente de afinar la discordia entre los dos; pero como por una parte mi conciencia nada me reprocha con respecto a usted, y por otra el conocimiento que tengo de sus virtudes me mueven, paisano mío, a escribirle a usted para que si tiene algún valimiento con el gobierno de Buenos Aires se empeñe con él para que me vuelvan mis bienes embargados; de otro modo me es imposible vivir y tendré que pasar el resto de mi vida en la más horrorosa miseria con una familia inocente que ha tenido la desgracia de pertenecer a un padre que ha perdido todo por su fanatismo en hacer toda especie de sacrificios en obsequio de un país que le ha pagado con tanta ingratitud. Nunca puede ser honroso para esas provincias el que las naciones extranjeras vean a uno de sus generales que ha servido con el patriotismo más ardiente reducido a punto de tener que perecer de hambre en países extraños Ah, paisano mío. Qué contraste el estado de miseria en que me hallo, con el estado que me querían suponer mis enemigos como el de un ladrón público”.

San Martín realizó las diligencias que le pedía Alvear, y éste se las agradeció en otra carta; pagaba así los servicios de 1812 (*) al antiguo amigo, pero es seguro que San Martin no pudo medir la desgracia del compañero sino años más tarde, cuando llegó también para él la hora de análogas adversidades e injusticias.

(De “El santo de la espada”, segunda jornada, capítulo X, “El héroe maldice su estrella”).

(*) Cuando siendo San Martín un desconocido fuera presentado por Alvear a la clase alta porteña. Siendo que ya no eran amigos, el Gobernador Intendente de Cuyo no se olvidaba de ese beneficio ni dejó de satisfacer aquella petición, dejando un ejemplo para quienes se digan sus admiradores.

Imagen:

Vista de la bahía y entrada de la ciudad de Río desde la terraza del convento de Santo Antônio, por Nicolas-Antoine Taunay, 1816.

14/06/2026

A SOLAS CON EL GENERAL SAN MARTÍN

Sarmiento se fue de gira por el mundo, por un encargo que le dio el gobierno chileno para observar otros sistemas educativos.

Pero primero consiguió una carta de recomendación del general Las Heras, y además tenía amistad con el general Bulnes, guerrero de la independencia.

Su propósito era conocer y conversar con el general San Martín.

El 4 de setiembre de 1846, cuando el sanjuanino tenía 35 años y San Martín 68, se produjo la visita y, dentro de todo lo que hablaron, no se pusieron de acuerdo sobre la situación política argentina.

Sarmiento nos relata:

“En 1846, gozando de muy cordial consideración de parte de San Martín, lo visité en Grand Bourg, su residencia de campo en las afueras de París. Se me había prevenido que le gustaba poco hablar de lo pasado.

Una vez, después de almorzar, ambos habíamos pasado a su habitación a fumar. Sobre la puerta de entrada había un retrato de Bolívar. Fumando y mirándolo, como los que no tienen nada que hacer, le pregunté al general si esa pintura se parecía a Bolívar.

Me contestó: ‘Bastante. Era un hombre de baja estatura; movedizo; miraba de soslayo; nunca durante toda la conferencia pude conseguir que mirase la cara. Estábamos ambos sentados en un sofá’”.

Pasaron juntos toda la tarde hablando de la campaña libertadora, y en esto Sarmiento fue uno de los pocos argentinos recibidos en Francia por San Martín. Los otros serían Félix Frías, Juan Bautista Alberdi y Florencio Varela.

La habilidad de Sarmiento hizo de él la persona que más información obtuvo respecto de la entrevista de Guayaquil.

Pudo establecer que, sin recursos suficientes para revertir la situación militar del Perú, San Martín había visto cómo se debilitaba su posición política en Lima, por lo cual había recurrido a Bolívar, presidente de la Gran Colombia, quien tenía un fuerte respaldo político y militar.

Los términos de aquello no eran conocidos, pero sí los resultados:

Bolívar le aseguró su ayuda al Perú, y San Martín renunció a su cargo y se retiró a la vida privada.

En su conferencia en el Instituto Histórico de Francia, y presente el mismo San Martín, el sanjuanino declaró que hubo una especie de traición de parte de Bolívar, para ser quien se quedara al frente de la independencia americana.

Además, Sarmiento fue el primero en escribir una biografía seria de San Martín, años después de su muerte.

El 28 de mayo de 1880, a 34 años de su entrevista, en el muelle de Las Catalinas, Buenos Aires, Sarmiento tuvo a su cargo el discurso para la recepción del féretro del general San Martín a 30 años de su fallecimiento:

"Sabed, señores, que fui el primer confidente a quien comunicó San Martín en 1846 lo ocurrido en la memorable entrevista de Guayaquil.

¿Qué le faltó a San Martín, para terminar él la tarea gloriosa que Washington llevó a cabo en el otro hemisferio?

¡Ah, señores, le faltó un gobierno en su país que continuase proveyendo de soldados y de recursos a los combatientes!".

Imagen:
Domingo Faustino Sarmiento en 1845.

13/06/2026

EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD POPULAR

Por Ricardo Rojas.

El 10 de enero de 1815 Alvear fue elegido Director Supremo de las Provincias Unidas en reemplazo de su tío el señor Posadas, que poco antes nombró a San Martín gobernador de Cuyo. A pesar de la antigua camaradería, las relaciones entre Alvear y San Martín eran ahora un tanto recelosas a causa de intrigas políticas y de emulaciones profesionales. San Martín renunció entonces al gobierno de Cuyo.

Alvear nombró gobernador de Cuyo al coronel don Gregorio Perdriel y éste se encaminó inmediatamente a Mendoza para hacerse cargo del puesto.

Conocido el incidente en la ciudad cuyana, se produjo una especie de revolución pacífica., favorable a San Martín. Más de 500 ciudadanos se reunieron en la plaza el 16 de enero; otros tantos milicianos desarmados vinieron a apoyar el movimiento, y la parte sana del vecindario se congregó en cabildo abierto para expresar la voluntad municipal. Era ésta que San Martín continuase en el mando “por convenir a la tranquilidad del Estado y a la seguridad del país”. San Martín concurrió personalmente a la asamblea para apaciguar los ánimos y para explicar que él no había sido destituido y que el nombramiento de Perdriel se originaba en la renuncia por él presentada, de la cual dio lectura. Ninguna explicación pareció satisfactoria al Cabildo. En vano fue que San Martín aconsejara prudencia y que prometiera permanecer en Mendoza hasta el invierno para defender la ciudad en caso de producirse desde Chile la invasión española que se temía. El Cabildo invitó a San Martín a retirarse del recinto por tratarse de asuntos que le afectaban, y aquél se retiró de la asamblea. Se resolvió entonces nombrar un diputado que se trasladase a Buenos Aires para representar ante el Directorio los sentimientos de la provincia. Como consecuencia de esta gestión, la autoridad central volvió sobre sus pasos. Perdriel tuvo que regresar, y San Martín permaneció en el gobierno de Cuyo por la voluntad popular.

Tres meses más tarde, el 3 de abril caía del gobierno el director Alvear con la parte de la Logia y de la Asamblea que respondía a su influencia. El cabildo de Buenos Aires, presidido por el suegro de San Martín, se pronunció contra el Director, apoyado por el coronel Álvarez Thomas y algunos cuerpos militares. Fue aquélla una revolución análoga a la de 1812 contra el Triunvirato, en la cual Alvear y San Martín habían participado y, como la vez anterior, se pedía nuevo congreso y nuevo poder ejecutivo libremente elegidos por el pueblo. La sublevación de Álvarez Thomas en Buenos Aires había sido apoyada por Rondeau en el Ejército del Norte. Sometido el caso a las guarniciones de Cuyo, San Martín reunió a los jefes para consultarlos, y éstos resolvieron romper todo vínculo de obediencia con el gobierno central y exigir la instalación de nuevas autoridades elegidas por la voluntad nacional. Por su parte, los cabildos de Mendoza, San Juan y San Luis se pronunciaron en idéntico sentido, y aclamaron a San Martín gobernador de Cuyo, con lo cual se consolidó su influencia en la provincia y en el nuevo orden nacional que iba a fundarse.

La actitud personal de San Martín en la revolución cuyana de 1815 fue conciliadora y prudente. Lo fueron sus palabras en el Cabildo, sus gestiones con Perdriel y sus comunicaciones al gobierno de Buenos Aires; pero es evidente que procedió con astucia en su renuncia y actos posteriores para salvar su prestigio popular en Mendoza y su situación oficial en Cuyo, no por ambición de mando, sino para que su plan de expedición a Chile no se frustrara. Los acontecimientos generales del país vinieron a favorecerlo; pero estos episodios le dejaron dos amarguras: El distanciamiento con Alvear y el espectáculo de la anarquía federal que empezaba a manifestarse con peligro para la revolución emancipadora.

(De “El santo de la espada”, segunda jornada, capítulo X, “El héroe maldice su estrella”).

Imagen:

Este cartel se halla en el interior del Museo del Área Fundacional de Mendoza, que ocupa el lugar donde se encontraba el edificio del Cabildo de Mendoza, derrumbado por el terremoto de 1861.

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