01/05/2026
Hace unos días fuimos invitadas a hacer un taller de .”soberanía alimentaria”, una propuesta que hace tiempo ofrezco desde mi trabajo en Educación Ambiental. Esta vez fuimos convocados por Sole, una voluntaria de la Casa de los Abuelos, un hogar que contiene justamente, personas de edad que necesitan ser atendidos por diversas razones, que no vienen al caso. Llegamos y nos encontramos con un lugar cálido, el día estaba bastante frío, nos recibieron varios de ellos con brazos cruzados y miradas desconfiadas, no en vano se llega a esa edad, jaja. Mientras íbamos rompiendo el hielo hablando de yuyos me encontré con personas de mucha vivencia, conocedores de la vida y los vericuetos que se debe pasar cuando la pobreza, como le dicen ellos, se mete en la vida de las familias. Muchos conocían algunas de las especies, un profesional de las hierbas medicinales mostró sus tesoros a la venta, otro contó que trabajo 40 años en el ferrocarril y paso muchas, hoy la cabeza ya blanca las sigue pasando, cosas del destino… un eufemismo que ponemos cuando bien sabemos lo que pasa con nuestros viejos.
De pronto todos manos a la masa, una pasta rellena sale con los verdes cosechados del jardincito bien cuidado por ellos. En media hora se armó un menú espontáneo, hojas y flores de zapallo en croquetas y capelletinis con masa de brotal rellenos con queso y hojas de zapallo, salsa blanca y los ojos grandes sorprendidos con el rendimiento de la propuesta gastando apenas cuarto paquete de harina. Me fui con el corazón satisfecho, pero estrujado de ver como después de toda una vida trabajando tampoco mejora la vida de aquellos que con sus manos trabajan toda una vida… feliz día a los que tienen la dicha de trabajar y llevar comida a la mesa, feliz día a quienes tienen la esperanza de encontrar trabajo y cuesta llevar el plato a la mesa, feliz día a aquellos que trabajando toda una vida aún le ponen esperanza y alegría sabiendo que toda tormenta pasa.