17/06/2026
La película Viñas de ira, que proyectaremos el viernes 19/06 a las 20.30 hs. , es un clásico. O sea, una obra que conserva validez en todos los tiempos y en cualquier lugar, porque plantea problemas inherentes al ser humano, su identidad, a sus relaciones sociales, su modo de vivir la vida y cómo la sociedad y la política intervienen en ese terreno.
Se basa en una novela de John Steinbeck. (1902/1968). Nacido en California, trabajó como cosechero, estudió en universidades y se fue recluyendo en la literatura. Su novela “Las Uvas de la Ira” tuvo un éxito muy importante entre el público (vendió más de catorce millones de ejemplares), pero le trajo muchos problemas políticos. Incluso, durante mucho tiempo se los consideró un traidor a su clase (clase media) y a su tierra (California). Steinbeck fue un riguroso observador de la realidad de un sector desprotegido, lo dotó de humanidad, y se empeñó en que sus lectores no lo consideraran un caso aislado. A pesar de tanto rechazo inicial, recibió el premio Pulitzer por esta novela, el Premio Nobel de literatura en 1962, la Medalla Presidencial de la Libertad(1966) y el nombramiento al Consejo Nacional de las Artes (1968).
LA TIERRA DE LOS DESHEREDADOS
El cine durante la gran crisis norteamericana de la década del ‘30 se convirtió en un espectáculo de masas, desde 1927 con la banda sonora incorporada. Los norteamericanos, en plena depresión económica, reivindicaron la entrada gratis para el cine, ya que lo consideraban una necesidad básica, como el pan y el vestido. Había hambre de cine, de distraerse, de recordar la felicidad de los tiempos pasados, pero también de desnudar a la sociedad que los había traicionado, de reivindicar la lucha y el sacrificio como único camino para alcanzar la felicidad en el futuro.
El año 1936, Charles Chaplin realizaba su obra maestra Mo-dern Times, una sátira corrosiva de la sociedad industrial. No era para reír, sino para llorar. El año 1940, John Ford lleva a las pantallas The Grapes of Wrath, la novela de John Steinbeck convertida en best-seller de la época. La película pone el dedo en la llaga y conmociona a la opinión pública. Los Oscar tampoco se le resisten.
Viñas de ira es la crónica de la tragedia de una familia de campesinos, que lo ha perdido todo, tierras y casa en ma-nos del banco, y que toman el camino de la tierra prometi-da: California. Sin embargo, ya lo había dicho Roosevelt: “Hace ya tiempo que alcanzamos la última frontera. Ya no existe aquella válvula de seguridad para los desahuciados por la máquina política del Este, los cuales podían lanzarse a la conquista de las praderas del Oeste para rehacer en ellas una nueva vida”.. Henry Fonda, el protagonista, va ilusionado y apenas pone los pies en la tierra prometida el espejismo se hará mil pedazos. La secuencia famosa de Henry Fonda corriendo y lanzando imprecaciones no es para llorar, es para sublevarse.
Yendo a la estética de la película, justo es decir que Ford consiguió una obra maestra con su atrevimiento. Poco ami-go del expresionismo o la presencia de angulaciones extre-mas de la cámara en su cine, aquí utiliza el contrapicado para agudizar la desolación de ciertos personajes y magnifi-ca la historia con una fotografía del genial Gregg Toland (que un año después trabajaría estupendamente para Orson Welles y su “Ciudadano Kane”) que oscila entre el expresionismo más oscuro y la imagen de tintes documentales. Pero al mismo tiempo, está presente el habitual lirismo poético de sus películas y los planos a contraluz de ese coche en la carretera recortado contra el crepúsculo o la silueta de Henry Fonda en un plano muy general son los mismos que los de las carretas que se dirigían al Oeste insertas en amplios parajes tan propias de su cine Imágenes fabulosas utilizadas en pos de la visualización de la miseria y la tristeza como esa panorámica que nos muestra la sombra de una familia en el seco suelo mientras un tractor enviado por los bancos destruye todo lo que tienen ; la cabeza de Henry Fonda cuando llega al desolado paraje en que se ha convertido su viejo hogar ; el polvo que deja solitaria y vacía esa misma casa cuando toda la familia se marcha en busca de un futuro mejor. Si cada plano está perfectamente estudiado, lleno de sombras y con una composición que no puede ser más que perfecta, sobresaliente es también el ritmo de la narración. Desde ese hombre que anda a lo lejos por una carretera vacía y soleada hasta ese cochambroso camión a contraluz en el crepúsculo que transporta a una familia de futuro incierto , todas las secuencias aportan algo a la acción. Incluso el pequeño flashback del inicio por parte de uno de los personajes secundarios es útil para contextualizar la historia de cara al espectador y explicarle mejor por qué esa familia ha de abandonar aquello a lo que siempre ha estado arraigada.
(Extractado de José María Caparrós, www.culturahistorica.es y www. http://mas-cine-xfavor.blogspot.com.ar