12/08/2026
La Providencia del camino
Agosto, incansable, cabalgando los ponientes, arremolinando vientos.
Y… el fuego, con su presencia de mástil móvil, devorando pastizales con la fuerza propia de su ímpetu salvaje.
Nuevamente se incorpora la voluntad protectora de los habitantes, de los que, en ese justo instante, encuentran su centro para soltar su tiempo y compartirlo con el de al lado, con la de al lado, con la desconocida, con el desconocido. Es el tiempo plural, el que nunca resta y suma a la cooperación entre personas. Qué decir de la llama, el humo, las ganas de superar al descontrolado, al ardor en los ojos.
Pelea desigual de zapatos destrozados y guantes en hilachas.
Ya pasaron dos o tres mil fuegos.
La providencia del camino, la retaguardia de la sed y el hambre, esa lucecita donde habitan libros, olor a comidas, refugio en las esperas, centro de comunicación, nido de niños, risas, los guisos calientes a la hora del frío y el cansancio; y ellas y ellos, en un juego maternal de lentejas, zapallos, cebollas y zanahorias, en su instante de cobijo y agrupamiento, allí donde se debe estar, para cuidar de quien se pueda, con naturaleza inmaterial, solo por el puro sentimiento del amor y el compromiso con el territorio.
La providencia del camino.
Por y para La Minga
Agosto de 2026