21/07/2026
Hay momentos que quedan grabados para siempre.
La mañana en Roma era cálida y luminosa. Estábamos a punto de vivir una experiencia única e irrepetible. En la Plaza de San Pedro hormigueaban los peregrinos, y en mi mente se agolpaban recuerdos, rostros y tantos años de camino recorrido.
El 22 de junio de 2026, mientras atravesábamos la Puerta de Bronce del Vaticano, pasábamos junto a los Guardias Suizos y subíamos las escalinatas del Palacio Apostólico rumbo a la audiencia con el Santo Padre León XIV, sentí que todos esos años cobraban un sentido nuevo.
Esperando en la Sala del Consistorio nosotros tres, junto a Luz Morano, pensaba en que habíamos llegado allí para celebrar el centenario del nacimiento del profesor Jérôme Lejeune, pero, sobre todo, para dar gracias por una vida que sigue dando frutos más de treinta años después de su muerte.
En sus palabras, el Papa presentó a Lejeune como un hombre que supo unir ciencia y conciencia, inteligencia y caridad, verdad y servicio. Nos recordó que detrás de cada diagnóstico hay una persona; detrás de cada persona, una familia; y detrás de cada vida humana, un misterio querido por Dios.
Cuando la audiencia terminó, nadie tenía apuro por salir. Mirando a nuestro alrededor estaban la familia Lejeune y los representantes de las fundaciones de Francia, España,EEUU y Argentina. Sentimos que el camino iniciado tantos años atrás, junto a nuestra familia y acompañados por tantas personas buenas, encontraba allí un significado profundo.
Al salir del Palacio Apostólico, el sol romano caía con más fuerza sobre la Plaza de San Pedro. Todo parecía seguir su curso habitual, pero algo había cambiado dentro nuestro. Comprendimos con una claridad nueva que el legado de J.L. no pertenece tanto al pasado como al futuro. Las grandes figuras de la historia son las que abren caminos. Y Lejeune sigue abriéndolos.
Entonces esa historia dejó de ser solamente la de un gran científico. También era, de algún modo, la nuestra.
Y sentimos, con una emoción inmensa, que había trabajado, había entregado su corazón , su sabiduría, su prestigio, para cuidar y defender a nuestros hijos…. A nuestra Rochi.
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