16/07/2024
Desde hace 19 años acompaño a personas y/o familias en su proceso íntimo e irrepetible de construir su hogar. Desde el construir con tierra y materiales naturales, mayoritariamente a personas que elijen la autoconstrucción o la participación activa durante el proceso. Estar presentes, ser parte central de la experiencia.
El descubrimiento más grande que me trajo el camino fué la dimensión del construir. Su profundidad, su aspecto central en la vida. Y cómo al vivir la construcción las personas se observan, se descubren, crecen. Este descubrimiento lo fuí viviendo desde el acompañar procesos y desde que elegí hace dos años la tierra donde habitar, fué tomando la dimensión de la vivencia propia.
Elegir un lugar, cerrar etapas, darle lugar al duelo, abrirme a lo desconocido, mudarnos, confiar en lo que estábamos eligiendo, llegar concretar el sueño de la tierra compartida, de la tierra propia. Y comenzar a construir.
El hogar es nuestro horizonte, aunque primero necesité visualizar y comenzar a materializar mi lugar, mi cobijo, mi cueva, por ahora el pozo.
Y como mi cotidiano se llama El pozo, voy sientiendo, pensando y haciendo, voy entrando a la tierra, la escucho, la toco, nos comunicamos mientras voy integrando el camino previo.
Ahora es el hacer que me convoca, hacer con mis propias manos mi cueva, y quiero compartirles las vivencias que ello me trae, acompañando a que se animen en medio de la noche oscura a no postergar los sueños y vivirlos desde la práctica cotidiana.
Invito a quienes así lo sientan a encontrarnos para nutrirnos y compartir el sentido de nuestro construir, como práctica de autoconocimiento cotidiana.
Si les resuena me escriben.
Nos abrazo.