23/08/2026
Detrás de cada migrante privado de libertad hay una historia, una familia que espera y un derecho que no se pierde con los barrotes.
Esta puerta que se abre en Argentina es un avance, pero para que sea real necesita de la otra parte.
Es fundamental que los países de origen entiendan que sus connacionales no han perdido su condición de nacionales por el solo hecho de estar presos en un país que no es el suyo. Siguen siendo sus ciudadanos y merecen protección.
Deben ser más receptivos cuando hay una solicitud de repatriación hecha por ellos mismos. Si piden ser trasladados es porque allí tendrán mayores garantías, estarán cerca de su familia, en un entorno afectivo, cultural e idiomático que hace que su pena sea menos dura y más humana.
No se trata solo de cumplir una condena. Se trata de dignidad, de justicia y de moral.
*Repatriar no es liberar, es permitir cumplir la pena con humanidad.*
Fuente: Infobae
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