17/04/2026
En los últimos horas, hemos visto cómo circulan mensajes amenazantes en varias escuelas. Es comprensible que estas situaciones generen preocupación, miedo e incertidumbre en toda la comunidad educativa.
Es crucial que nos detengamos a reflexionar: esto no es un hecho aislado. Revela algo más profundo, un clima de época marcado por la violencia, el odio y la desconfianza, que también afecta a nuestros chicos y chicas.
En las redes sociales, un mensaje puede volar en segundos, amplificándose y replicándose a una velocidad alarmante. Así, situaciones similares comienzan a surgir casi al mismo tiempo en diferentes colegios. Por eso, el reto no es solo detener un hecho puntual, sino entender cómo se crea, circula y se amplifica.
Y, sobre todo, debemos reconocer que nuestra reacción ante esos mensajes también forma parte del problema… o de la solución.
Como comunidad, sabemos que la respuesta no puede ser solo inmediata, punitiva o superficial. El desafío es mucho mayor: reconstruir lazos, fortalecer el cuidado y acompañar de manera activa.
Por eso, desde la Asociación Cooperadora queremos invitar a todas las familias a:
• Acompañar a nuestros hijos e hijas, escucharlos y crear espacios de diálogo.
• Sostener a la escuela como un lugar de encuentro, cuidado y comunidad.
• Colaborar con las acciones que la institución propone.
Y también recordar algo fundamental en este contexto:
• No difundir, fotografiar ni reenviar mensajes o imágenes de este tipo.
• Evitar la viralización, que solo amplifica el miedo y la desinformación.
• Ante cualquier situación, comunicarse por los canales institucionales.
Es urgente que los adultos se comprometan para que la escuela no se convierta en un reflejo del clima de odio, intolerancia y crueldad que nos rodea.
Frente a esto, necesitamos recuperar una mirada amorosa: estar presentes, escuchar sin juzgar, cuidar los vínculos y construir cotidianamente espacios donde chicos y chicas se sientan vistos, valorados y acompañados. Porque es en esos lazos, sostenidos con respeto y empatía, donde empieza a desarmarse la violencia. .