02/02/2026
La violencia que hoy nos asusta
no apareció de un día para el otro.
Empezó cuando nadie miró.
Cuando preferimos no ver.
Cuando pensamos que no era nuestro problema.
La violencia infantil no desaparece.
Crece en silencio.
Se normaliza.
Se endurece.
Y un día explota en la adolescencia
frente a una sociedad que pregunta, indignada:
“¿cómo llegamos hasta acá?”
Llegamos acá cuando una infancia fue vulnerada
y no hubo respuesta.
Cuando el dolor no tuvo nombre.
Cuando faltaron adultos, espacios y tiempo.
Cuando como sociedad, llegamos tarde.
Después vienen las consecuencias:
miedo, enojo, rechazo, pedidos de castigo.
Nos asusta lo que vemos.
Nos duele lo que pasa.
Pero también nos duele reconocernos parte.
Porque la violencia no solo tiene víctimas y responsables.
También tiene ausencias.
Y esas ausencias son colectivas.
Hay algo que casi no se dice:
👉 la violencia se puede prevenir.
👉 el daño se puede acompañar.
👉 los procesos se pueden reparar, aunque sea en parte.
Este lugar existe para eso.
Para estar antes.
Para sostener cuando nadie más lo hace.
Para acompañar chicos atravesados por la violencia
antes de que el daño sea irreversible.
Hoy, ese espacio está detenido.
No por falta de compromiso.
No por falta de personas.
Sino por falta de apoyo.
Para que este trabajo continúe
se necesitan recursos, decisiones, subsidios.
Se necesita que quienes tienen poder
escuchen lo que está pasando abajo.
📣 Por eso tu apoyo importa.
📣 Porque compartir también es hacerse cargo.
📣 Porque el silencio también es una forma de violencia.
No es solo por ellos.
Es por todos.
Porque lo que no se acompaña hoy,
mañana nos duele como sociedad.
🤍 Ayudanos a que nos escuchen.
🤍 Ayudanos a volver a estar.
🤍 Compartí.