"Nos proponemos conformar un grupo de pensamiento y acción acerca de los fundamentos, valores ideas y acciones necesarias para que el peronismo vuelva a expresar al movimiento nacional en los nuevos términos que establecen las condiciones extraordinarias que encontramos en el mundo del siglo XXI'
Nuestro país enfrenta un gran desafío político en este 2016, año del Bicentenario de la Argentina. El peronismo no puede escapar a ese desafío, aunque todos sabemos que, para ello, debe resolver una crisis de identidad. Precisamos una nueva visión estratégica, una nueva conducción y una organización adecuada a los nuevos tiempos.
Sin pretender agotar una discusión que recién empieza, proponemos establecer los acuerdos necesarios del punto de partida para definir qué hacer, cómo y con quiénes realizarlo. Este escenario exige respuestas del movimiento nacional lo que abre una oportunidad para impulsar una nueva actualización doctrinaria y programática, a fin de colocarlo en sintonía con esta época histórica de cambio. Esto implica elaborar un mensaje orientado hacia el futuro y regenerar la capacidad de reconstruir los puentes rotos entre el peronismo y vastos sectores de la sociedad, en particular de las clases medias de los grandes centros urbanos de la Argentina.
El peronismo de este siglo debe enfrentar y condenar con todo rigor el fenómeno de la corrupción y de la opacidad en la administración del Estado. La sociedad argentina y el peronismo nos debemos la recuperación de la moral y de la ética en la acción política. Necesitamos una política fundada en valores. Requerimos una política al servicio del bien común y no de los inquilinos del poder. Repudiamos a quienes se escudan en causas nobles para enriquecerse convirtiendo a la política en un instrumento de la delincuencia. Sólo la erradicación de raíz de este mal de la política servirá para reconstruir la cultura del esfuerzo y el trabajo que la sociedad necesita para progresar.
Este momento histórico coincide con el Bicentenario de la Declaración de la Independencia de 1816 y ese contexto enmarca también estas reflexiones. Nuestra historia nacional está llena de conflictos que han girado en torno a antagonismos de ideas, por nuestra incapacidad para aceptar la disidencia y construir desde la diferencia. Lamentablemente, esos antagonismos se han proyectado durante todo el siglo XX y principios del Siglo XXI, constituyéndose ahora en otro desafío que debemos asumir y superar para que las diferencias de opiniones e ideas no constituyan una lucha de dogmas que nos impida edificar sobre lo construido permitiendo sostener políticas de Estado, útiles a todos los argentinos.
En 1816 prevaleció el ideal libertario y democrático y se cimentaron las bases del republicanismo que dio cauce institucional al país y permitió encarrilar nuestras diferencias. Es en la República y sus instituciones donde proyectamos nuestra acción y es en ese mismo orden republicano donde buscamos todas nuestras respuestas y todos nuestros caminos de acción: dentro de la República, que es el gobierno de la ley surgida de la voluntad popular. En la hora del Bicentenario de la emancipación, los peronistas reafirmamos nuestro espíritu republicano, convencidos que no hay mayor seguridad y fortaleza que la de vivir bajo el imperio de la ley, en democracia, con democracia y por la democracia.
En los'80s, durante los primeros años del gobierno del Dr. Alfonsín el peronismo supo desentrañar las causas de su derrota de 1983 y separar a sus principales responsables. Pero también, y fundamentalmente, logró captar " el espíritu de la época", signado por la revalorización de la importancia central del Estado de Derecho en toda América Latina, tras el agotamiento de los regímenes militares. Esta adecuación le permitió asimilar la impronta de esa nueva era, para integrarla en un proyecto superador al planteado por el “alfonsinismo”.
La renovación peronista se mostró como garante de la gobernabilidad durante esa difícil primera etapa de la transición democrática de la Argentina. Nuevos y viejos dirigentes expresaron entonces un peronismo que no confrontó con el "alfonsinismo” hasta que estuvo en condiciones de erigirse en una alternativa de gobierno. Para construir una alternativa confiable, ese grupo de dirigentes encaró un proceso de renovación del peronismo. A partir de entonces, el peronismo comenzó a despegarse políticamente del gobierno de Alfonsín y avanzó en la construcción de una alternativa de poder, que se expresó en 1987 con la victoria de Cafiero en las elecciones de gobernador de la provincia de Buenos Aires, que fue el prólogo del triunfo de Menem en las elecciones de 1989.
En las actuales circunstancias políticas, resulta imprescindible que el peronismo aprenda de su propia historia y avance en un ejercicio semejante, que le permita, una vez más, entender el actual “espíritu de la época”.
La inmensa mayoría del peronismo está hoy a la búsqueda de nuevos puntos de referencia. Pero toda renovación parte de una identidad. En una definición ultra-sintética, que como tal seguramente corre el riesgo de todo reduccionismo, cabe afirmar que el peronismo es el movimiento popular que se propone realizar políticamente los principios de la doctrina social de la iglesia en las condiciones concretas de la realidad social argentina. Esa es la teoría y la práctica de la comunidad organizada definida por Perón como el núcleo doctrinario del Justicialismo.
Esa identidad básica, inspirada en la doctrina social de la Iglesia, es el punto de partida para la nueva actualización doctrinaria y la renovación política que exige el peronismo de hoy, cuya formulación tiene que partir de la aplicación del método de pensamiento estratégico de Perón a las actuales circunstancias concretas del mundo y del país.
Conviene precisar que el sujeto histórico del peronismo, el actor que le otorgó vigor y presencia política permanente, no fue el "'pobre", a quien por supuesto, siempre intentó rescatar de esa condición marginal haciendo realidad su "opción por los humildes" para integrarlos al circuito productivo, sino el trabajador. Para el peronismo, la "ayuda social”, tiene como misión afrontar la emergencia, pero el objetivo es la justicia social.
Dos de las “Veinte Verdades Justicialistas”, que Perón siempre consideró como la síntesis de su doctrina, nos esclarecen: la cuarta de esas verdades afirma que “no existe para el peronismo más que una clase de hombres: los que trabajan” y la quinta sostiene que “el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume".
Por ello, el peronismo abraza apasionadamente el desafío de la creación de trabajo para todos. No desdeña el debate sobre las nuevas formas y modalidades que el avance extraordinario de la ciencia y la tecnología imponen al trabajo humano de nuestra época y del futuro inmediato, pero sostiene su convicción de que el trabajo es una herramienta de dignificación y realización de la persona.
Esa visión diferencia conceptualmente al peronismo de la acotada perspectiva de la “inclusión social”, que no está orientada a la erradicación de la pobreza sino reducida a una simple tarea de
"contención", a través de un asistencialismo asociado al clientelismo político más parecido al del viejo conservadorismo que a la idea de dignificación del trabajo y de movilidad social ascendente que caracterizaron al peronismo desde su nacimiento en 1945.
La discusión central de la época histórica actual, a nivel global, es la definición de la escala de valores y el sistema de poder de la nueva sociedad mundial. Esta es una de las principales razones que explican la relevancia y el protagonismo mundial adquiridos por el Papa Francisco.
La conexión entre el pensamiento estratégico de Perón y el fenómeno del universalismo no empezó por el lado de la economía sino del medio ambiente y se expresó en su inolvidable “Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” de febrero de 1972. Así como en el orden nacional es “primero la Patria”, en el orden mundial es “primero la Tierra”.
Aquellas afirmaciones tienen hoy más vigencia que nunca. La reciente reunión en la sede de Naciones Unidas, en la que presidentes de todas partes del mundo suscribieron el documento final sobre medio ambiente aprobado por la Cumbre de París de diciembre de 2015, se inspira en la Encíclica “Laudato si” en la que el Papa Francisco hizo un dramático llamamiento a la defensa de la Tierra como la “casa común”, en cuyo contenido es fácil percibir las huellas de aquel histórico mensaje de Perón. Esta causa constituye una nueva épica a la que convocar a nuestra juventud que anhela protagonizar como lo hizo siempre, una causa trascendente.
El eje fundamental de diferenciación entre un peronismo renovado y el “macrismo” reside en la discusión sobre el énfasis puesto unilateralmente en la “gestión”. Para el peronismo, que reivindica aquello de que “mejor que decir es hacer y que prometer realizar"', resulta obvio que la acción es más importante que el discurso. Pero la “gestión”, entendida como una eficiente administración del Estado, no puede sustituir la noción de “proyecto”, ni reemplazara una idea convocante de Nación, capaz de movilizar las energías de la sociedad. La “gestión” a secas, si no está sustentada en un proyecto transformador, es conservadorismo, no cambio.
Hay también una profunda diferencia entre una visión “meritocrática” de la sociedad, encarnada y declamada con actos y gestos por el gobierno de Cambiemos,que pretende que el Estado sólo debe generar condiciones de competencia y que luego cada persona será capaz de alcanzar su destino en base al esfuerzo, sin tomar en cuenta que las víctimas de las desigualdades preexistentes, dejadas a su plena libertad, solo sufrirán más desigualdad, y otra visión, la peronista, en la que la misión de la política es acometer los grandes problemas de desigualdad e inclusión para generar condiciones equitativas de desarrollo para todos, en torno al trabajo.
Por otro lado, la deuda del peronismo con la sociedad incluye los temas de agenda que el Gral. Perón nos dejara en el "Modelo Argentino• como legado póstumo, para rescatar al hombre, la
familia, la sociedad y la cultura al señalar que “... el Justicialismo quiere para el hombre argentino:
Que se realice en sociedad, armonizando los valores espirituales con los materiales y los
derechos del individuo con los derechos de la sociedad; Que haga una ética de su responsabilidad social; Que se desenvuelva en plena libertad en un ámbito de justicia social; Que esa justicia social esté fundada en la ley del corazón y la solidaridad del Pueblo, antes que en la ley fría y exterior; Que tal solidaridad sea asumida por todos los argentinos, sobre la base de compartir los beneficios y los sacrificios equitativamente distribuidos; Que comprenda a la Nación como una unidad abierta generosamente con espíritu universalista pero consciente de su propia identidad”.
Para la épica del peronismo de este siglo necesitamos considerar dos cuestiones centrales: la relación con la madre tierra y una verdadera igualdad para la mujer.
Un peronismo “verde”:El Peronismo es profundamente revolucionario porque, cuestiona desde su creación, la actual sociedad basada en el consumismo y el despilfarro. El Peronismo del siglo XXI debe protagonizar la inevitable transición hada una sociedad basada en criterios de austeridad y de sostenibilidad en sus dimensiones económica, social, ambiental y política. La lucha contra el calentamiento global, la contaminación del ambiente y contra el despilfarro de los recursos naturales debe priorizarse en todos los espacios y en todos los campos de acción política.
Igualdad de género:La mujer es una protagonista extraordinaria en la construcción de nuestra Nación, en el Movimiento Nacional y en el Peronismo. Nuestro empeño común en la construcción del peronismo del siglo XXI es con Igualdad en todos los ámbitos aprovechando la inteligencia, el compromiso, la solidaridad, la comprensión y el afecto. Promovemos la participación igualitaria en todos los órganos de conducción colegiada del estado, de los partidos y otras organizaciones políticas y en todas las listas en la que se propongan candidaturas. Proponemos establecer de inmediato las modificaciones para concretar efectivamente esa igualdad.
El peronismo tiene que dejar atrás la tentación de monopolizar el sistema político, aceptar la riqueza que emana de la diversidad y volver a abrir su mente y su corazón a las nuevas realidades sociales y a todas las expresiones de la sociedad, expresando un proyecto centrado en valores, con transparencia y con sus mejores hombres.
Si un peronismo enriquecido y más sabio logra colocarse a la altura de su responsabilidad histórica, para avanzar hacia la conquista del futuro, en base a un modelo social, político y económico que actualice el legado de Perón, habrá demostrado nuevamente su capacidad de reformularse para cabalgar con éxito este nuevo tiempo histórico.
Buenos Aires, Julio 2016