21/05/2026
Reseña Casuística 13 de mayo 2026
Con mucho entusiasmo comenzamos nuestro espacio de los miércoles con la grata presencia de Mauricio Beltrán quien ilumina el material clínico ofrecido por Virginia Ravenna para armar la conversación.
En esta ocasión Mauricio nos pone en relación a un deseo decidido de una analista y a la vez los límites en los casos. Una tensión se lee en material: lo que se juega entre el desalojamiento y el alojamiento. Una analista que toma la decisión de abrir un lugar a un niño, que, de manera inquietante, venía de pérdida en pérdida.
Las entrevistas con los padres hablan de la llegada de este sujeto al mundo: un modo incómodo, con la densidad de lo difícil de soportar, y como efecto metonímico esto se representa en cada lugar que en la vida se va produciendo, lazos familiares, escuela: nadie logra hacer de soporte. La legalidad no tarda en aparecer produciendo una medida de cuidado, pero a la vez reproduciendo ciertos estancamientos.
La llegada del niño al espacio analítico se produce con un rasgo: una sonrisa pícara de la analista que señala la regla, pero no desaloja, que permite el despliegue simbólico que representa el armado de un juego y el feroz desarme de lo construido. Ante esto, Virginia articula pausas y cortes temporales: lo que el niño logró armar va a tener que esperar al próximo encuentro, interrumpiendo el circuito infernal de perder todo.
El niño va pudiendo poner en juego su intento de ser un amo con sus reglas, sus trampas y su propia ley, donde eso termina siempre mal, dirá Mauricio.
Una madre que viscosamente “tiene-retiene-no tiene” a este hijo y un padre impotente en su función de marido y de padre. Sin embargo, nadie parece sonrojarse en algunas descripciones obscenas. El psicoanálisis no es una educación, pero introduce un orden donde se intentará reposicionar algunos lugares.
La analista nos cuenta que las demandas desbordaban. De a poco propicia encuentros con la escuela, la familia…intentando tocar lo no-afectado, lo cerrado, abriéndose de este modo un espacio para ver: los padres pueden ubicar algo de su responsabilidad. El niño, puede poner en juego una falta: la tristeza que lo habita, y anticipa en su decir, parte de su implicación en lo acontecido.
Mauricio nos orienta sobre lo conveniente de separar la violencia, pura pulsión de muerte, de lo que sería lo sintomático en este sujeto: “pegarse-pegar-ser pegado”, separarse: ¿puedes perderme?
La analista nos cuenta de las maniobras y estrategias de poner en juego ésto: el cuidado, la cesión, perder para poder acceder, poner reglas, asegurando que ella es Otro que está allí para garantizar un lugar. Así este niño puede instalarse en un “Otro como laboratorio experimental”, aproximándose a un juego donde se puede ganar y perder que le permitirá circular entre otros.
Sin embargo, como lo sabemos, la pulsión de muerte no es tan fácil de reducir, en cada vuelta, un análisis algo logra morder, algo se escapa. Virginia nos cuenta que es necesario ampliar el dispositivo, poniendo en juego otros actores. Este tiempo de análisis transcurrido, seguramente será la marca de un Otro que detuvo el desalojo.
Agradecemos la visita a Mauricio con su lectura clara del material que generosamente nos trajo Virginia y nos permitió abrir preguntas, respuestas y nuevas preguntas sobre lo ya escrito. Gracias también a todos mis colegas que juntos sostenemos este espacio que intentamos sea siempre, singular.
Hasta el próximo segundo miércoles de junio.
María Alicia Jimena
Coordinadora Casuística