La aparición de APH. Cuenta la historia…
Escrito por Juan Cruz Cúneo. Presidente.
Estábamos buscando concretar un sueño, completar un espacio, sumar un poco a la Humanidad. Estábamos buscando armar una “ayuda psicológica humanitaria” para las personas que sufren una catástrofe natural. Teníamos el objetivo claro, queríamos estar en el lugar lo más rápido posible. Queríamos ayudar y quedarnos ayudando, más allá de la emergencia y más cuando sabíamos que la ayuda sanitaria luego de un tiempo se va. Teníamos la idea, la pasión y la convicción, pero nos faltaba el medio.
En esa época, en Argentina recién estaban llegando los celulares con internet y nos estábamos enterando de la existencia de las redes sociales. Ya teníamos idea del chat online pero la conexión seguía siendo limitada. Nos faltaban avances de la tecnología para poder concretar lo que queríamos, lo que habíamos “visto” como posible y una gran alternativa para las personas que sufren.
Llega el año 2011, principios de marzo. Los fundadores de APH estábamos buscando la manera de llegar a las víctimas, pensando la forma de sostener la ayuda que podíamos brindar durante mucho tiempo. Queríamos quedarnos en el lugar de la emergencia, estar, sin quedar atrapados, sin poner en riesgo a nuestros equipos, sin terminar traumatizados como las personas a quienes íbamos a ayudar. Un terrible terremoto azota a Japón, detrás un fulminante tsunami y las imágenes nos desbordan el alma. Abrumados por lo que veíamos en los noticieros, angustiados por ver el padecimiento masivo provocado por inmensas olas de tamaños jamás pensados. Ya conocíamos la palabra “tsunami” por lo sucedido en Indonesia unos años antes, en el 2004. Pero ahora lo veíamos en vivo, casi en directo. No se por qué, pero ahora parecía más cercano. Nos tocaba profundo.
En ese momento, viendo el noticiero de TELEFE escuchamos una entrevista que le hacían a un argentino residente de Japón que iba en búsqueda de su familia. Ese argentino nos abrió la puerta que se nos mantenía cerrada. Ese argentino hablaba por su celular, vía Skype, con los periodistas. Y encontramos el medio. Esa era la pieza que nos faltaba. Esa era la manera en que queríamos ayudar, accesible, fácil, al alcance de todo el mundo. Porque sabíamos que, tarde o temprano, esa tecnología iba a llegar a todos. Lo vimos con nuestros propios ojos.
Y la Fundación APH se puso en marcha.
Aún era un sueño en plena construcción. Aún nos faltaba, y aún nos falta, mucho camino por recorrer.
Nuestro lema surgió casi al mismo tiempo en que apareció el sueño, la idea, de armar la fundación. LAS PALABRAS SALVAN VIDAS es lo que más nos representa. Es el sentido, la columna vertebral de la fundación, de nuestra ayuda.
Salvar con las palabras. Porque las palabras se vuelven acción. Tienen el poder de salvar una vida, de salvar muchas vidas. Las palabras no sólo transmiten y comunican, las palabras crean conciencia, las palabras cuidan y sanan las heridas. Las palabras acompañan, las palabras rescatan, sostienen y alivian. Las palabras aman la vida del otro. Las palabras se vuelven humanitarias en la fundación que armamos. Las palabras son más que un lema, son el poder, son la esencia de la ayuda.
Estas palabras se volvieron humanitarias, para todos, para cada una de las personas que las necesitan.
Somos una fundación que va más allá de la ayuda social. Lo humanitario nos atraviesa de manera vertical, es para todo el mundo sin discriminar raza, credo o condición, no se hacen diferencias de género ni ideológicas en la ayuda humanitaria. Se ayuda al ser humano, no sólo a una clase social. A todos y para todos los que la quieran y la necesiten.
Es el valor del ser humano, por ser humano. Porque comprendemos el dolor y respetamos el sufrimiento de las personas. Este dolor es el que nos mueve y nos conmueve a la acción, desde la palabra, desde el estar, desde el acompañar, desde el sostener.
Los pilares de la Fundación se estaban consolidando y en Junio del 2011 se produce el primer desastre natural en nuestra casa, en Argentina. Estábamos casi listos para empezar a accionar y la explosión del volcán Puyehue le dio vida a la Fundación APH con su primera misión “Cenizas del volcán Puyehue. Sur Argentino”.
Junto a esta misión y ya preparados abrimos la misión 2: “Terremoto y tsunami en Japón”. Casi al mismo tiempo que se abría la misión en el sur, empezábamos a tener contacto con habitantes en Japón que habían sufrido el terremoto. Argentinos que vivían allí o tenían la doble ciudadanía, personas con quienes podíamos hablar y estar informados, a quienes podíamos ayudar luego de lo que estaban viviendo.
Sabemos que cuando un sueño es profundo todos sus elementos empiezan a aparecer y a encajar de manera perfecta. Cuando el ideal se convierte en una convicción y la pasión le da vida, la realidad lo facilita y todo se concreta.
La ayuda psicológica humanitaria está en marcha. Desde hace 4 años empezamos un camino, donde nos interesa sumar, donde nos importa ayudar a los demás y poder atenuar el impacto abrumador que deja un desastre natural.
El daño psicológico es duradero y profundo. Se instala con el tiempo y duele de manera silenciosa. Sus consecuencias son complejas y limitantes. Se expanden a medida que pasa el tiempo. Son el mayor impedimento a la hora de reconstruir una vida, una nación, un pueblo.
Podemos hacer mucho. Cada uno de nosotros, cada uno de ustedes puede hacer más de lo que se imagina. Porque las palabras atraviesan el espacio y el tiempo, no tienen limitaciones de ninguna envergadura. La ayuda puede llegar en un instante y quedarse. La ayuda puede permanecer aún cuando ha pasado la emergencia.
La ayuda te acompaña en esas noches de soledad cuando el miedo abruma.
Las palabras salvan vidas, más si llegan a tiempo.
Este es el comienzo de nuestra historia.
En el 2011 se dijeron las primeras palabras, palabras que han dado vueltas y llegado muy lejos.
Ahora queremos sumarte a vos, ahora queremos que sean muchas voces las que lleven este mensaje, estas palabras a las personas que las necesitan.
Los desastres naturales están aumentando en intensidad y en la cantidad de víctimas y personas fallecidas. El daño psicológico, emocional, vincular y espiritual que producen es enorme y muchos lo desconocen, muchos no están prevenidos.
Esta es nuestra realidad mundial. Esto es lo que está sucediendo y muchas vidas están en peligro. Millones de personas están en riesgo por desconocimiento.
No podemos evitar las catástrofes, si podemos salvar vidas.
En el año 2017 decidimos ampliar nuestra misión y hacerla más humanitaria aún. Decidimos empezar a trabajar con las “víctimas del dolor”. Con aquellas personas que por diferentes motivos, accidentes viales, delitos graves, incidentes, episodios de violencia, terrorismo y demás estuvieran atravezando un dolor extremo, un dolor que parte el alma.
Desde ese momento, nuestra tarea sigue creciendo y en el año 2018 incluimos en nuestro cometido al planeta. Pero desde una perspectiva diferente, porque partimos del impacto de nuestras emociones en nuestro mundo. Porque queremos llevar un mensaje de conciencia a todas las personas que habitan este planeta, para que se den cuenta que sus emociones generan un alto impacto en nuestra Tierra. A través de las actitudes egoístas, individualistas, del resentimiento, del rencor, de la amargura, de la violencia.. Actitudes, reacciones, acciones que superan el alcance personal y terminan afectando a la Naturaleza, a nuestro mundo, a todos los demás.
Debemos cuidar nuestro mundo, para ello debemos cuidar nuestro mundo interno.
Ahora abrimos una nueva idea, el “Banco de Ideas” donde cada persona puede proponer una idea y la transformamos en proyecto. Porque queremos que la Fundación esté al servicio de la Humanidad, en la diaria, en la vida cotidiana, accesibles, disponibles. Para llevar a cabo cada una de las ideas que cada uno tenga. Y quiera compartir.
Las ideas salvan vidas.
LAS PALABRAS SALVAN VIDAS.