Renacer San Telmo

Renacer San Telmo Padres que enfrentan la muerte de hijos
Reuniones miércoles de 18:30 a 20:30

24/09/2026

Aida, mamá de Hugo nos comparte el siguiente texto.

La culpa
Muchas veces pensamos que la muerte de nuestros hijos/as , sea cual fuera su motivo, hecho o circunstancia, fue por culpa nuestra. Directa o indirectamente. Que podríamos haber hecho algo para evitarla, que lo que hicimos no fue suficiente. Aparecen los "si hubiera o hubiese dicho o hecho tal cosa no hubiera pasado". La culpa puede ser consciente o inconsciente, real o ficticia. La verdad es que más allá de como haya sido su muerte, nosotros NO tenemos culpa de ello. Lo que pasó tenía que pasar. Nuestra actuación, o sea, lo que hicimos o dejamos de hacer, fue lo que tenia que ser o suceder en ese momento . Lo que Pasó, sucedió para que nosotros y nuestros hijos aprendiéramos algo. Fue para evolucionar espiritualmente. Hay que "aceptar" que tenía que suceder de la manera que sucedió. Aceptar no significa que nos guste o estemos de acuerdo, significa que No estaba en nuestras manos el hecho de que no sucediera de esa forma. Sea la creencia de cada uno la que sea, hay sucesos que no entendemos en este momento y no tenemos que seguir torturándonos por entenderlos. Cuando sea nuestro momento entenderemos todo y veremos que formamos parte de una gran Red. Que todo está conectado, que todo pasa por una razón, que la vida te cruza con personas y sucesos no porque sí, sino para aprender, crecer, evolucionar. Entonces pensar que tenemos culpa o podríamos haberlo evitado sería tener el ego tan grande que nos igualaria a ser dioses, subir o bajar el dedo y poder determinar que pasa con la vida del otro. La determinación final no está en nuestras manos. La culpa no está en nosotros, entonces dejémosla ir.
Paola mamá de Agustín.

17/09/2026

Daniel, papá de Axel nos comparte el siguiente texto.

AMISTAD
La amistad se construye a veces sin darnos cuenta. La vida la pone ahí, justo por donde una pasa por la vidriera más insospechada donde la diversidad podría generar muros. Cuando asomamos a Renacer, nadie a quien se le hubiera preguntado con qué intención quiere integrarse, hubiera dicho: “porque quiero tener amigos”. Nada más lejos: se llega a Renacer porque no se sabe para dónde caminar, qué hacer con lo que se siente, como tragar y digerir que se es madre o padre de un hijo/a que ya no tiene. Se llega en estado de despojo y, casi viendo un NO enorme delante. Y sin prisa ni pausa, elevando la mirada vamos sorteando las diferencias que en todo grupo humano existen. Empezamos a conocernos y a adentrarnos en las coincidencias y las disidencias que tenemos con quienes compartimos este grupo, poniendo en juego el respeto como elemento básico que debemos dar y recibir, que con la base de los fundamentos de Renacer, se autorregulará sin lugar a su falta. En esta sociedad que nos toca, solemos ver el vaso medio vacío en los demás para reforzar nuestra parte medio llena, un uso y costumbre negativo al que debiéramos abocarnos a erradicar. Renacer también estimula ese modo de empezar a mirar distinto. Sabemos que para ayudar a un compañero sufriente tenemos que poder encontrar y valorar la más mínima actitud que lo ayude y nos ayude para seguir andando. A la vez, no olvidamos nunca que el motivo común a todos es una constante, que nos atravesará siempre juntos o separados, al hacerlo juntos tiene gran potencia, para desarrollar ese punto de coincidencia que nos tendrá siempre unidos. Si nos corremos de Renacer y nuestra condición de padres y madres que enfrentan la muerte de uno o más hijos/as y, pensamos en nuestros amigos de toda la vida seguramente nos encontraremos diciéndole a nuestra amiga del alma, esa eterna: “en esto no coincido con vos” o “esa música que escuchas es un espanto” o “no me llames tan temprano” o… o… Cuántas cosas podrían alejarnos de los amigos de siempre, sin embargo habrá motivos más fuertes que nos hagan seguir amando y eligiendo a esos amigos. Renacer, compañer@s es la vida misma, como escuela de las mejores prácticas. Por todo esto y, tal vez por mucho más es que reiteramos que Renacer no es un lloradero, no es duelar, es volver a asomarse a la vida con aceptación, actitud de dar y recibir y, la vida nos trajo amigos donde menos lo esperábamos. La amistad en Renacer, surge como los líderes, sin graduación, sólo surge como lo gratamente inevitable. La potencia que tiene la partida de un hijo antes que la nuestra, no puede desperdiciarse, como padres y madres que enfrentamos la muerte de un hijo o más, tenemos la responsabilidad de otorgar lo mejor a nuestros semejantes y a nosotros mismos. Todo está dado para ser mejores. Ojalá podamos validar esto. M. M. de RAC.- Qué actitudes y acciones considerás que podés aportar, que nos ayuden a fortalecernos como grupo?.-

10/09/2026

Miriam, mamá de Rodrigo nos comparte el siguiente texto.

ANTES Y DESPUES
En RENACER decimos que hay un antes y un después en nuestras vidas y que el punto de quiebre es la partida de nuestros hijos.
Efectivamente hay un cambio drástico, pero no siempre se puede decir de que se trata. Yo quiero intentar describir lo que cambió en mí.

Antes, cuando vivía como la inmensa mayoría de la gente, sentía que construía mi mundo. Estaba a cargo de mi familia, mi progreso, mis hijos, su felicidad y bienestar. Sentía que en gran medida las cosas dependían de mí, que yo estaba a cargo y me hacía responsable por lo que acontecía en ese pequeño universo familiar. Vino la partida de mi hija P**i y no hace falta describir la sensación de vacío y la profunda tristeza que embargaron mi alma. Yo que estaba a cargo no pude hacer nada, lo que más podía herirme había sucedido y ni siquiera mis plegarias tuvieron eco en un Dios del que empecé a separarme; Él tampoco me dio respuesta. Todo eso que era “mío”, era parte de mí, era yo, era mi obra. Todo eso de golpe, parecía irreal porque ya no era como yo pensaba, lo que estaba a mi cargo, ahora sabía que podía desaparecer en un abrir y cerrar de ojos sin que nada ni nadie pudiera impedirlo. Estaba a mi cargo, pero solo en parte, ya que lo que sucedía no dependía enteramente de mí ¡ni siquiera sabía de quien dependía!

Pasó el tiempo y llegó el “después”, entendí que sólo debía tratar de hacerme cargo de lo que podía, no de lo que no podía. Ahora sabía que había cosas, hechos, que eran enteramente ajenos a mi voluntad ¿Cómo hago para no sufrir un infarto? Es fácil entender que no hay mucho que pueda hacer, cuidarme y llevar una vida sana no alcanza para tener la seguridad de que no habrá de ocurrir ¡puede ocurrir a pesar de llevar una vida sana y en contra de mi voluntad! De eso no puedo hacerme cargo, debo vivir con la incertidumbre, aprender a desechar el miedo que esta pudiera causarme, ese miedo no me protege de nada.
Pero lo antedicho es sólo un aspecto. Hay otros. Antes, daba por sentado que muchas cosas eran como eran porque no podían ser de otra manera, ni siquiera consideraba la posibilidad de que pudieran ser distintas. Un ejemplo: sentía mis hijos volver de la escuela y me daba alegría su regreso, su presencia, pero nunca di las gracias porque habían regresado ¡eso era lo normal! No podía ser de otra forma, o más bien, no se me ocurría pensar siquiera que podían no regresar.
En el después, cada vez que oigo la puerta de calle cuando regresa mi hijo siento alegría como antes, pero también un profundo agradecimiento por su regreso. Ahora sé que podría no ser así, y siento que soy afortunado cuando ocurre ¡y ocurre dos veces por día! ¿Se imaginan lo que es ganar la lotería dos veces por día, todos los días? He dado solo un ejemplo, pero esto se repite con la salud, con el café de cada día, con el encuentro con gente amiga, con cada paisaje y cada pájaro que observo que vuela y que ese vuelo es una maravilla. Todo es un regalo y más valioso todavía cuando tengo conciencia plena de mi propia finitud. Esto no será para siempre, un día no estaré para ver salir el sol, pero mientras esté, cada vez que salga y yo pueda apreciarlo, es un milagro que se renueva.

He recompuesto mi relación con Dios, pero este es uno nuevo. El que tenía antes debía hacer lo que yo le pedía. Este de hoy hace lo que quiere, no lo entiendo, me excede por completo, pero confío en Él sin conocerlo, sin saber dónde me lleva. Casi no dialogamos, pero agradezco lo que me da cada día y sé que me da mucho. Supongo que me ama como yo amo a mi hija. Algún día, si tengo suerte, podré tomar un café con Él y darle las gracias personalmente.

Todo el dolor de la partida de nuestros hijos, si sirve para parirnos distintos al “después”, para hacernos mejores, no es vano. Esos hijos que se fueron son los que cambiaron nuestras vidas de una forma que nadie podrá hacerlo, y eso los convierte en nuestros guías y maestros. También por eso, doy gracias a la vida y a mi P**i que con su presencia supo bendecir mi vida.
La sensación que tengo es que vivía con mis ojos cubiertos, en la oscuridad, no lo sabía siquiera. En su despedida, mi hija, rozó la venda que los cubría, y dejó pasar un tenue rayito de luz. Al principio, eso hirió mis ojos, acostumbrados a la oscuridad, y me produjo mucho dolor. Hoy atesoro la luz que tengo, como el último regalo gentil de esa persona a quien tanto amo, ella me dio una conciencia nueva. No pasó por mi vida para llenarla de dolor sino para iluminarla.
No sé si logro traducir, aunque sea tenuemente el cambio, el mundo es el mismo, yo sigo siendo el mismo, pero estoy en un lugar distinto para mirar, g***r y sufrir. El cambio es interior ¡No ha cambiado nada, pero ha cambiado todo!
José «Cacho» Divizia papá de P**i, RENACER Tucumán

Elena, mamá de Anabella nos comparte el siguiente texto.NO NOS UNE EL DOLOR SINO EL AMORCuando nos sucede esa crisis exi...
03/09/2026

Elena, mamá de Anabella nos comparte el siguiente texto.

NO NOS UNE EL DOLOR SINO EL AMOR

Cuando nos sucede esa crisis existencial provocada por la muerte de uno o más hijos, nos invade enteramente un dolor lacerante y profundo. Es algo que nos sucede a todos los padres y madres que tenemos hijos fallecidos. Comprendemos esto y lo aceptamos a partir de las herramientas que nos provee RENACER, con los testimonios, vivencias y experiencias de otros padres y madres que han pasado por la misma situación.
Por lo tanto, en RENACER trabajamos con aquello que es universal a nosotros y aquello es el sufrimiento que esa pérdida nos ocasiona y no las emociones o sentimientos que ese sufrimiento produce. Sin embargo, a pesar de que todos llegamos al grupo sumergido en un sufrimiento profundo, aunque es universal, no dejamos de lado que también es universal el amor por nuestros hijos, los que partieron y los que aún quedan.
Por ello, decimos que no nos une el dolor ni el sufrimiento provocado por la muerte de nuestros hijos, sino que nos une el sentimiento de amor ya que, a partir de poner en acción las herramientas que nos provee el grupo, ese dolor lo podemos transformar en un sentimiento de amor.
Hay un tiempo de llorar, sufrir y está bien porque extrañamos a nuestros hijos, pero, aun así, ahora cuando ellos ya no están físicamente, podemos definirlos en una sola palabra: AMOR. En honor y en homenaje a ellos, nos damos cuenta que mucho más fuerte que el dolor es el amor; mucho más fuerte que el dolor por su muerte es el amor que por ellos sentimos. Por lo tanto, no nos une y no nos reunimos por el dolor, nos reunimos porque ellos son amor.

27/08/2026

Julia, mamá de Javier nos comparte el siguiente texto escrito por ella. ♥️

UN NUEVO PROPÓSITO

Seguramente cuando nos convertimos en mamás y papás, tenemos como propósito, armar una familia, comprometernos de lleno con ese título que hasta ese momento no lo teníamos, armarnos de paciencia, tener muchas responsabilidades y no dejar de dar, de dar qué? De dar amor, a cambio de nada.
Pero un día todo ese amor terrenal se ve interrumpido y perdemos el sentido de como seguir, cuanto dolor nos aborda, cuanta soledad, cuantos sentimientos oscuros y negativos. Y nos preguntamos, " y ahora qué?"
Para algunos papás y mamás, Renacer puede ser un nuevo propósito, rodearse de pares, creer que se puede tener una nueva mirada de la vida, con el dolor a cuestas los primeros tiempos pero con la idea de no resistirse a lo nuevo, a un nuevo mensaje que no olvida el porque estamos acá, pero sí nos invita a transformarnos, a calmar todo ese dolor inmenso por todo el AMOR, que esta tapado y es mucho más grande.
Comenzamos un camino de aprendizaje que requiere de nuestra conciencia y presencia, la paciencia se hace nuestra gran amiga, la esperanza como objetivo de estar un poquito mejor cada día, sentir que el camino espiritual es posible y el vínculo sigue latente.
Rápidamente un nuevo propósito aparece, el de volver a DAR, dar lo mejor de mí en nombre de ese hijo o hija, adquiriendo nuevas responsabilidades, nuevos compromisos que son puramente desde el amor, un amor que no pide nada a cambio ( o tal vez sí, sólo respeto).

26/08/2026
20/08/2026

Manuel, papá de Sergio nos comparte el siguiente texto escrito por El hace un tiempo.

Nos pasó…y ahora que?

Si, a nosotros que hicimos todo conforme a lo que considerábamos que estaba bien, y no nos podía pasar nada, nos pasó. Y ahora que? Porque?

Lo merecemos? Somos quienes debemos juzgar esto que nos pasó? No, somos quienes creíamos que teníamos el control y… lo perdimos? No, si nunca teníamos ese control. Y ahora que?

Dar lo mejor, si, ese amor que ha quedado vacante… y dónde… al otro

Salgamos del laberinto. Es allá, ahí están en el futuro, no en el pasado ni la última foto.

Nos pasó… demos lo mejor, podemos, tienen dudas? No duden… tomen la mano de sus hijos… los que están del lado no visible de la vida y caminen junto a ellos al encuentro en el futuro, sin mirar atrás, pero rodeados del presente con el entorno mas positivo que puedan construir.

Y ahora que? Vivan…

Miriam mamá de Rodrigo nos comparte el siguiente texto.Vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos    ...
13/08/2026

Miriam mamá de Rodrigo nos comparte el siguiente texto.

Vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos


“Hay una realidad en la que, muchas veces, poco pensamos y es que, por más que un hijo haya partido, así sea el único, esto no nos priva a nosotros de la condición de padres. Seguimos siendo padres pues los hijos son para toda la vida, estén o no estén con nosotros; ellos siguen siendo nuestros hijos y nosotros sus padres, por lo cual tenemos que pensar qué clase de padres queremos ser.

Seguramente que lo habíamos pensado antes, cuando los hijos estaban al lado nuestro, nos habíamos hecho el propósito ser un padre digno para este hijo o hijos, un padre que muestre valores, que enseñe valores o ¿dejábamos que se criaran solos sin ningún ejemplo?

¿Ejemplo de qué les dimos a nuestros hijos cuando estaban vivos?

Si entonces les dimos ejemplo de dignidad, ¿Por qué vamos a dejar de darlo ahora que no están?

Es importante darse cuenta que, en ese sentido, seguimos teniendo la misma obligación que teníamos cuando nuestros hijos estaban presentes físicamente.

Hay que elevarse como dice Víctor Frankl, en “las alas indómitas del espíritu”, que significa hacer el esfuerzo de ponerse de pie, significa elevarse por encima de lo que nos está pasando, por amor a ese ser tan amado y a los que quedan.

Esto no significa que no se pueda estar triste, pues es natural estar triste, es natural llorar un poquito, extrañarlo, pero no esa desesperación, no ese desasosiego interior que uno no puede estar consigo mismo ni dentro de sí mismo, siendo un extranjero o una extranjera dentro del propio cuerpo; eso es lo que no puede ser.

¿Hay algo que podamos hacer por los hijos que no están físicamente con nosotros?

A veces alguien puede pensar que ya no se puede hacer nada por él o ella.

¡Cómo que no se va a poder hacer nada! Se puede sí, porque una cosa es lo que nos pasó y otra muy diferente es lo que hacemos con esto que nos pasó.

¿Qué podemos hacer con esto que nos pasó?

Se puede renunciar al dolor desesperado, se puede renunciar a sentir esa pena prolongada, se puede hacer el esfuerzo de hacerlo pues ellos lo merecen, se merecen nuestro mejor esfuerzo, y cuando hablamos de dar el mejor esfuerzo es que tenemos que renunciar a nuestras lágrimas cuando las hemos puesto en el lugar del hijo para que ese hijo se sienta libre, libre del peso de nuestro dolor y de nuestras lágrimas y siempre va a ser nuestra la responsabilidad de cómo vamos a vivir cada día de nuestra vida de aquí en adelante.

Venimos a Renacer a dar algo de nosotros mismos en recuerdo, en memoria, de ese hijo que partió; tengo que dar algo hermoso, no voy a dar tristeza, llanto, bronca o rabia, y, si voy a dar algo hermoso en memoria de mi querido hijo, lo único que tengo para dar es amor.

Así, cuando nos toque partir, no nos haya quedado nada sin hacer, ni nos haya quedado amor por dar.

Como ustedes ven, todavía podemos sentir y dar amor en nombre de los hijos que no están, pues estamos en Renacer no solamente porque hayamos perdido un hijo, estamos en Renacer porque habiendo perdido un hijo, no queremos seguir viviendo como estábamos viviendo, y para que podamos hablar de ellos sin lágrimas, para recuperar, sin lágrimas, el recuerdo de nuestros hijos.

De esa manera, aprenderemos a vivir de una manera digna, que incluya amorosamente a nuestros hijos.”



Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

06/08/2026

Daniel, papá de Axel nos comparte el siguiente texto.

*Cuando un hijo «cruza el puente»*
"Dicen que cuando un hijo cruza el puente al mundo espiritual antes que sus padres, es porque vinieron con un propósito de mucho amor, que tal vez sus cuerpos aparentemente eran más jóvenes que los de sus padres, pero el espíritu que habitaba en ellos es, «y lo digo en presente», un Espíritu más elevado.
Los hijos que se van con anticipación, llegaron para abrir la consciencia de sus padres, de su entorno y el de muchas personas. Son maestros que se gradúan en la vida terrenal para dejar obras de amor y una mirada a la vida de compasión y de un propósito.
Esos hijos que partieron con anticipación, no tenían que pasar ya por ninguna prueba en este plano denso, ellos ya habían trascendido lo físico y solo se adelantaron a donde todos nos dirigimos. Nos abrieron las puertas de una dimensión mayor, nos pusieron una escalera a la luz, ellos no nos enseñaron sobre la muerte, nos enseñaron sobre la VIDA.
Cuanta fortuna haberlos tenido físicamente, cuanta fortuna tenerlos espiritualmente !!!.
El destino de un padre o una madre que se queda en este plano y ve a un hijo trascender, no es vivir en el sufrimiento eterno, es encontrar el propósito de la llegada de esos seres de amor, y cumplir el propósito de su hermosa compañía el tiempo que estuvieron a nuestro lado, así como lo hicieron, estos grandes padres que viven y vivieron por y para sus hijos.
Un hijo que trasciende no nos deja en un profundo sufrimiento, nos deja en una inmensa gratitud, porque todos nos vamos a morir físicamente. Pero ellos iniciaron una nueva aventura hacia un plano mayor, y siempre los podremos sentir.
Claro que no es un camino fácil, es un camino de mucho trabajo interior, una ardua desprogramación de creencias arraigadas, pero si es posible, te prometo que sí lo es.

Lorena, mamá de Christopher, RENACER Maldonado, Uruguay

Dirección

Piedras 1527
Buenos Aires
C1140ABG

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