13/05/2026
En la modernidad -dice Peter Slotedijk en su libro “Estrés y Libertad”- hemos construido la idea de que la libertad es un esfuerzo por conquistar “la despreocupación”, en donde, como rezara Rousseau, buscamos descubrir la inutilidad de nuestra existencia, exenta de compromisos y presiones. Contraria a esta concepción, Sloterdijk reivindica el lugar que tiene el estrés en la cultura contemporánea y lo posiciona como una fuente de energía que facilita el ajuste creativo frente a la realidad. Las sociedades, en ese sentido, son organizaciones de procesamiento del estrés. El estrés no coarta las posibilidades de ser, sino las permite y puja hacia su emergencia.
La libertad, entonces, no es vista como un derecho jurídico o una elección entre opciones dadas, sino como una capacidad ontológica. En su pensamiento, lo "probable" representa la inercia, la repetición de lo mismo y las trayectorias predecibles de la sociedad técnica y biológica. La libertad surge, por lo tanto, como una interrupción del automatismo. Ser libre es estar "disponibles" —en un estado de apertura y riesgo— para aquello que no tiene una causa necesaria en el pasado.