09/10/2025
🌌 Entre el Despertar y la Mentira
A veces siento que no pertenezco a este tiempo.
Que abrí los ojos en medio de una maquinaria que traga almas y escupe cuerpos vacíos.
Todo gira alrededor del dinero, del consumo, de aparentar.
Y mientras tanto, el planeta sangra en silencio.
Despertar no es una bendición, es una condena.
Porque una vez que ves el juego, ya no puedes seguir fingiendo.
Ves a la gente correr detrás de una ilusión, defendiendo un sistema que los destruye.
Y tú ahí, consciente, intentando no volverte loco, buscando sentido entre ruinas.
El mundo podría ser un paraíso, pero lo convertimos en un in****no cotidiano.
Quemamos bosques por billetes, sacrificamos tiempo por status, cambiamos vida por productividad.
Y lo peor: los que deberían ver más allá —los políticos, los líderes, los que hablan de progreso— solo defienden sus privilegios mientras el resto se hunde.
Están tan atrapados en su propio juego de poder que ya no ven nada.
No puedo evitar preguntarme por qué nadie se propuso realmente cambiar el sistema.
¿Por miedo? ¿Por comodidad? ¿Por creer que es imposible?
No lo es.
El sistema no es una ley natural: fue creado por humanos, y lo que fue creado, se puede rehacer.
Pero despertar también tiene su precio.
Porque cuando ves lo que el mundo podría ser y no es, vivís entre dos realidades: la del que quiere romper el ciclo… y la del que debe sobrevivir dentro de él.
Estar despierto es caminar con los ojos abiertos en medio de una multitud que duerme.
Quieres gritar, sacudirlos, mostrarles lo que podrían ser.
Pero entiendes que cada uno tiene su propio momento para ver.
Y esa impotencia duele.
A veces me pregunto si vale la pena seguir luchando, si no es más fácil dejarse llevar por la corriente, fingir, encajar.
Pero entonces recuerdo algo: vivir dormido puede ser más cómodo, pero vivir despierto es ser libre, aunque duela.
Y aunque el mundo siga girando sobre su propia estupidez, algunos seguimos resistiendo.
No por esperanza, sino por instinto.
Porque en el fondo sabemos que el cambio real no vendrá de arriba, sino de adentro.
Y que incluso una chispa, en medio de la oscuridad, es suficiente para empezar un incendio de conciencia..