14/08/2026
Hay momentos en los que uno no sabe exactamente qué fue lo que cambió. No hubo una gran consigna. No hubo demasiadas explicaciones.
Solo algunos colores sobre la mesa, pinceles esperando y una pregunta que apareció casi tímidamente:
Seño… ¿qué hago yo?
Y entonces le dije:
Solo Creá!! Disfrutá!!
Quizás fue eso...
Quizás por un rato no necesitó saber qué había que hacer. No necesitó hacerlo “bien”, ni seguir un modelo, ni esperar que alguien le indicara el próximo paso.
Simplemente empezó.
Tomó el pincel y lo llevó de un lado al otro con una sonrisa que parecía acompañar cada movimiento. Mezclaba eufórica colores, cambiaba de lugar, de dirección, pintaba rápido, con una alegría que se le escapaba por las manos.
Yo casi no podía seguirla. Y mientras la miraba, pensé que a veces crear no es solamente pintar. A veces crear es animarse a elegir. Es probar un color sin preguntar si es el correcto. Es cambiarlo por otro. Es ensuciarlo todo un poco. Es descubrir que no hay una única manera de hacer.
Y quizás, sin darnos cuenta, en ese pequeño gesto de decirle “creá”, algo se abrió. Porque hoy no estaba esperando una respuesta, estaba buscando su propia manera de responder o quizás de ser.
Y la encontró en los colores.
La vi feliz.
No de esa felicidad que necesita explicarse, sino de esa otra, más sencilla y verdadera, que aparece cuando algo nos pertenece. Por un momento, el pincel parecía saber antes que ella hacia dónde ir. Y yo solo pude hacer lo que tantas veces hacemos quienes acompañamos estos procesos: correr un poquito el borde,
dejar espacio,
y mirar.
Mirar cómo alguien descubre que también puede crear algo que antes no estaba.
Quizás eso sea, en el fondo, una de las formas más hermosas de acompañar: no decirle a alguien qué debe hacer con el lienzo, sino acercarle los colores y confiar. Confiar en que, cuando se sienta libre, va a encontrar su propio trazo. Sos inmensa Nadia ❤️