20/03/2026
Hay algo en los niños que juegan en el barro que no se puede ensuciar.
Después de la lluvia, cuando quedan los charcos y el frío, aparece también la libertad. Un nene corre, salta, se ríe… lleva una remera de Lionel Messi como si llevara también un pedacito de sueño en el pecho.
Porque ahí, en ese barro que muchos esquivan, hay imaginación, hay resistencia, hay infancia.
Hay una forma de habitar el mundo que no pide permiso para ser feliz.
Pero también hay preguntas.
¿Qué oportunidades tienen esos sueños?
¿Quiénes sostienen esos juegos cuando la realidad pesa?
La comunidad aparece ahí, en lo cotidiano: en la merienda compartida, en la mano que acompaña, en el espacio que cuida.
Porque ningún pibe debería tener que elegir entre soñar o sobrevivir.
Y sin embargo, siguen soñando.
Siguen jugando.
Siguen siendo infancia, incluso cuando todo alrededor parece olvidar lo que eso significa.
Ahí está la fuerza.
Y también, la responsabilidad de todos.