18/04/2026
Para comprender la verdad, la mente debe ser muy sencilla; no debe estar llena de conocimientos ajenos ni de su propia inquietud. Miren: si ustedes no tuvieran libros de ninguna clase, ni siquiera los que llaman religiosos o sagrados, ¿qué harían para encontrar la verdad? Si estuvieran realmente interesados en ella, cada uno tendría que explorar su propio corazón, buscar en los sitios sagrados de su mente, ¿no es así? Tendría que mirarse a sí mismo, comprender la manera en que su mente trabaja, porque la mente es el único instrumento que uno tiene, y si no comprende ese instrumento, ¿cómo puede ir más allá de la mente?
Por cierto, señor, los primeros que escribieron los libros sagrados no pudieron haber sido copistas, ¿verdad? No citaban a nadie más. Pero nosotros citamos porque nuestros corazones están vacíos, estamos secos, no tenemos nada dentro. Hacemos muchísimo ruido y llamamos a eso sabiduría; con ese conocimiento queremos transformar el mundo y, debido a eso, hacemos todavía más ruido. Por eso, la mente que de veras quiere originar una revolución fundamental debe estar libre de copias, imitaciones y modelos.
Ahora bien, el interlocutor pregunta: “¿El hecho de citar a otra persona interfiere con la peculiar técnica de hipnotismo que usted emplea?”. ¿Yo los estoy hipnotizando? No me contesten, porque aquel que está hipnotizado no sabe que lo están hipnotizando. El problema no es si los estoy hipnotizando, sino por qué me escuchan ustedes. Si me escuchan tan sólo para encontrar un sustituto, otro líder, otra imagen para venerar y poner flores ante ella, entonces lo que digo será completamente inútil.
Las paredes de ustedes ya están llenas de cuadros; tienen innumerables imágenes, y si escuchan para encontrar una nueva gratificación, serán hipnotizados sin importar lo que se diga. En tanto estén buscando gratificación, encontrarán los medios que los gratifiquen; por lo tanto, serán hipnotizados, como ocurre con la mayoría. Aquellos que creen en el nacionalismo están hipnotizados; los que creen en ciertos dogmas acerca de Dios, de la reencarnación o de lo que fuere, están hipnotizados por palabras, por ideas. Y a ustedes les agrada ser hipnotizados, ya sea por otro o por ustedes mismos, porque en ese estado permanecen sin perturbación alguna; y mientras estén buscando un estado en el que no haya ningún tipo de perturbación —estado al que llaman paz de la mente—, encontrarán siempre el instrumento, el gurú, alguien o algo que les dará lo que desean.
Ese estado es de hipnosis. No es, por cierto, lo que está ocurriendo aquí, ¿verdad? De hecho, yo no les estoy dando nada. Al contrario, digo: despierten de su hipnosis; si están hipnotizados por sus Upanishads, o por el gurú más reciente, libérense de ellos. Miren sus propios problemas; vean la verdad respecto de los problemas más cercanos, no miren los más lejanos, y comprendan la relación que tienen con la sociedad. Eso no es ciertamente hipnotizarlos; por el contrario, es bajarlos al nivel de los hechos. La evitación del hecho, el escape del hecho, es el proceso de hipnosis, y eso es ayudado por los diarios, el cine, los libros sagrados, los gurúes, los templos, la repetición de palabras y cantos.
J. Krishnamurti
Obras Completas, Tomo V
Bangalore, 1948
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