Fundación Manuel J. Cobos Siglo XXI

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Somos una fundación que nace con el objetivo de promover difusión, protección, investigación, promoción de la cultura y patrimonio de la Ex Hacienda el Progreso y de la historia humana de las Islas Galápagos.

DEL PERIÓDICO ABILINE DE KANSAS ESTADOS UNIDOS DE 1888Experiencias del Prof. Lee en la isla ChathamCuando el mundo comen...
17/05/2026

DEL PERIÓDICO ABILINE DE KANSAS ESTADOS UNIDOS DE 1888

Experiencias del Prof. Lee en la isla Chatham
Cuando el mundo comenzó a conocer de la existencia de las Islas Galápagos y de su extraordinaria fauna desconocida para la ciencia de la época, numerosos naturalistas y exploradores emprendieron largas travesías hacia el Pacífico, con el objetivo de estudiar aquellas especies desconocidas para el viejo continente. En esta ocasión relataremos las experiencias contadas por el Profesor Lee, del Bowdoin College de Estados Unidos, quien acompañó a la expedición Albatros como naturalista en el año 1888 (hace 138 años).

El Prof. Lee señala que en su viaje por las Galápagos (1888), la isla (Charles, Floreana) en la que el gobierno ecuatoriano estableció una colonia de convictos se encontraba deshabitada desde hace varios años, sin embargo, también desembarcaron en la isla Chatham (San Cristóbal) de la que dice “Tras la pared rocosa encontramos una tierra fértil con un alto grado de cultivo.”
En esta misma publicación el Prof. Lee menciona que en la isla Chatham vivían ciento cincuenta personas y era administrada por el Sr. Cobos, varias de las personas (no todas) con las que trabajaba era gente convicta que el gobierno de Ecuador enviaba desde el continente, era un grupo peculiar y bastante poco atractivo. Las reglas de Cobos no eran muy atractivas para estas personas, por lo que siempre andaba con un pequeño ejercito de manera permanente, porque había constantes conspiraciones en su contra.
Las embarcaciones llegaban a Chatham en intervalos largos, a excepción de las goletas de Cobos, que trasladaban a Guayaquil los productos en cantidades considerables como: azúcar, licor producido de la caña de azúcar, frutas, cuero, esteras y otros productos, así como también traía otros desde el continente.

De las conversaciones mantenidas con Cobos--dice el Prof. Lee--se puede notar que ha viajado, habla inglés bastante bien y se mantiene al día con una precisión de unos seis meses, tiene un conocimiento bastante claro de los asuntos de Europa y América. Estaba especialmente interesado en la política del Viejo Mundo y comprende las relaciones entre las grandes potencias.

La moneda que maneja en la isla está hecha de láminas de plomo, con el valor, el nombre del propietario-Cobos- y el nombre de la isla-Chatham-, estampados en cada moneda.

En nuestra siguiente publicación conoce el caso del Crusoe de Floreana que encontró la expedición en la que viajaba el Prof. Lee

“EL HOMBRE QUE MATÓ AL PATRÓN”Yo no conocí a Manuel Julián Cobos. Él murió mucho antes de que yo naciera, en 1904 dicen....
19/11/2025

“EL HOMBRE QUE MATÓ AL PATRÓN”

Yo no conocí a Manuel Julián Cobos. Él murió mucho antes de que yo naciera, en 1904 dicen. Pero su nombre quedó aquí grabado, en las piedras de San Cristóbal, en los susurros de las abuelas, y aunque ya no funcionaba el ingenio azucarero, todavía se contaba lo que él hacía.
Dicen —y yo lo escuché de niña— que Cobos era el dueño de todo: de la caña, del agua, de los caminos… y de las mujeres. Sí. Él mandaba llamar con el propio marido a las muchachas. Las tomaba contra su voluntad. Y después, como si nada, seguía su camino por la hacienda con la frente en alto, como si Dios lo hubiera puesto ahí para mandar. Nadie decía nada. ¿Quién iba a hablar? no había ley más fuerte que la suya. Él era la autoridad.

Pero hubo un hombre que decidió tomar la justicia en sus manos.

Una mañana, cuando Cobos mandó a llamar a una de las mujeres, el hombre fue con ella: con la cabeza baja entrego a su esposa, pero esa vez llevaba escondido un cuchillo en el cinturón. Dicen que cuando Cobos iba a cerrar la puerta del cuarto, el peón sacó el cuchillo y lo hirió de muerte... Luego entro al cuarto y le dió varias puñaladas más... Herido y desesperado, el patrón se lanzó por la ventana del segundo piso. El hombre bajó las escaleras y lo alcanzó abajo, donde lo apuñaló otra vez, hasta dejarlo tendido, sin poder mandar más.

La conmoción fue tal que la gente se reunió. Y ahí mismo, entre todos, lo remataron, haciéndolo pedazos. Nadie dijo una palabra. Como si el crimen nunca hubiera ocurrido. Porque, en el fondo, todos sabían que se había hecho justicia.
Incluso cuentan que ni siquiera lo enterraron en el cementerio. Que lo envolvieron en sacos, lo arrastraron hasta una loma que había cerca del cementerio y lo lanzaron loma abajo. Lejos. Dicen que esa tumba que lleva su nombre no guarda sus huesos. Que lo botaron como si la tierra misma se negara a recibirlo.

— Celia María Jiménez González, San Cristóbal, 2025

NOTA: 1. Leyenda 🪶: Una leyenda es un relato tradicional que se transmite de generación en generación, generalmente mezcla hechos reales con elementos fantásticos o exagerados, y no se puede comprobar del todo su veracidad.

TESTIMONIOS QUE NOS INSPIRANCelia María Jiménez González, San Cristóbal, 2025Yo nací en 1930, en San Cristóbal. No en un...
19/11/2025

TESTIMONIOS QUE NOS INSPIRAN

Celia María Jiménez González, San Cristóbal, 2025
Yo nací en 1930, en San Cristóbal. No en un hospital —eso ni existía—, sino en una casita de cincha y paja, con el olor a leña quemada impregnado en las paredes. Mi madre me trajo al mundo con la ayuda de Dios y de una partera que sabía más de hierbas que de medicinas: menta para el dolor, ruda para el susto, y fe para lo que faltaba.

No había luz eléctrica, ni carreteras, ni tiendas donde comprar pan. Todo lo que comíamos lo sembrábamos, lo pescábamos o lo criábamos. Teníamos gallinas, cerdos, caballo y hasta ganado. La leche la ordeñábamos al amanecer; el agua se recogía del agua lluvia y cuando escaseaba la traíamos de la cañada El Manantial. Y si te enfermabas… te curabas con paciencia, con oraciones y con lo que la tierra daba.

A los seis años ya caminaba 12 kilómetros ida y vuelta para ir a la escuela Carlos Darwin. Salíamos a las 6:30 de la mañana, volvíamos a casa para el almuerzo y regresábamos a clases nuevamente en la tarde y la salida era a las 6:00 PM, se estudiaba en 2 jornadas. Para escribir llevaba trozos de carbón que usábamos sobre una pizarra blanca.

El día del examen, caminábamos en silencio. Nadie reía. Solo ese día nos poníamos zapatos, Sentíamos el peso de la responsabilidad en los hombros, porque en aquella época, el examen era un evento comunitario que se rendía frente a las autoridades y a los padres de familia. Aprobar no era solo una nota: se jugaba la reputación de la familia y demostrar que valías, que merecías seguir estudiando, que tu sacrificio diario tenía sentido.
Vivíamos por el lado de Ochoa, cerca de la soledad, donde las casas eran pocas. Aquí nos conocíamos todos, si a alguien le faltaba algo, otro lo compartía. Una vecina te prestaba harina, tú le dabas plátanos; si alguien mataba una gallina, invitaba a los vecinos y los cumpleaños podían durar 2 o 3 días. Lo que más comíamos era langosta, zayapa y el buen bacalao producto del esfuerzo de mi padre cuando salía a pescar con su balsa hecha de maderos de maguey bien amarrados. Así era la vida: lenta, dura, pero honesta.

Mi papá trabajaba como mayordomo de la hacienda. No era de las grandes, pero sí de las que aún guardaban el eco de Manuel J. Cobos, ese hombre cuyo nombre se susurraba con miedo y rabia. Mi madre era una mujer fuerte, cocinaba con leña y lavaba la ropa en la encañada con jabón o pepas de jaboncillo.

Extraño esa tranquilidad, el respeto de antes. Antes uno no podía moverse de la casa si no era con bendición de los padres. Hoy todo es apuro, ruido, pantallas. Los jóvenes no saben lo que es caminar descalzo majando lodo, llegar mojados a casa todos los días por tanta lluvia, vestir la ropa ahumada con olor a leña quemada, endulzar las bebidas con agua de caña, ni sentir el látigo del cuero de vaca si te portabas mal.

Soy la última de dieciséis hijos. Mis hermanos murieron jóvenes. Yo me casé, tuve cinco hijos —tres mujeres y dos varones—, y hoy a mis 95 años tengo nietos y bisnietos que me abrazan y me preguntan: “Abuela, ¿cómo era antes?”. Y yo les digo: “Era difícil… pero uno podía vivir con tranquilidad”.

DATO CURIOSO Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los japoneses hundieron los barcos cisterna que abastecían a la f...
07/11/2025

DATO CURIOSO

Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los japoneses hundieron los barcos cisterna que abastecían a la flota americana desde Panamá, los estadounidenses decidieron levantar una represa sobre las bases de la que, décadas antes, había construido Manuel J. Cobos. Ese lugar es conocido hoy como la Toma de los Americanos. Desde allí instalaron tubería de hierro de 4 pulgadas y siguieron el mismo acueducto que, en su tiempo, había diseñado Cobos.

¿Te gustaría saber más sobre cómo era la vida en Galápagos? ¡Déjame tu pregunta en los comentarios!


07/11/2025

La tecnología se une a la historia.

Revivimos el rostro de Manuel J. Cobos en homenaje a su legado y al patrimonio que conecta con el primer asentamiento humano en San Cristóbal.

Este proyecto de restauración digital fue realizado con ayudada de inteligencia artificial y un meticuloso proceso de reconstrucción y colorización a partir de archivos antiguos que muestran este personaje histórico a sus 48 años de edad, quien ha vuelto la vida en un retrato animado que el tiempo había desgastado. Cada detalle —la mirada, el gesto, el atuendo— nos acerca un poco más al histórico personaje que habitó el archipiélago en 1888.

Una forma de preservar la memoria y honrar a quienes forjaron nuestro pasado.

📚La educación conecta la Historia con las nuevas generacionesLa educación es el pilar que nos permite recorrer y compren...
07/11/2025

📚La educación conecta la Historia con las nuevas generaciones

La educación es el pilar que nos permite recorrer y comprender la historia de nuestra isla. Hoy queremos felicitar a la estudiante Ariana Martínez, de Octavo A de la U.E. San Cristóbal, por su dedicación y esfuerzo en un trabajo de investigación en la materia de Estudios Sociales, que resalta el legado histórico agrícola en San Cristóbal, tomando como referencia el valioso aporte de la Fundación Manuel J. Cobos Siglo XXI.

Este tipo de iniciativas nos llena de orgullo y nos impulsa a seguir cumpliendo nuestra misión: “Promover difusión, protección, investigación, promoción de la cultura y patrimonio de la Ex Hacienda el Progreso y de la historia humana de las Islas Galápagos”.

✨ ¡Felicitaciones, Ariana! Tu compromiso con la historia de nuestras islas inspira a las nuevas generaciones a valorar y proteger su identidad.

DATO CURIOSODurante la Segunda Guerra Mundial, los americanos utilizaban el muelle de Manuel J. Cobos para abastecer sus...
07/11/2025

DATO CURIOSO

Durante la Segunda Guerra Mundial, los americanos utilizaban el muelle de Manuel J. Cobos para abastecer sus barcos con agua dulce. Años después, en 1968, el capitán Camacho del ejército decidió desarmar aquel muelle de madera, para levantar uno nuevo. Sin embargo, la obra apenas duró seis meses: sus bases no eran sólidas. El muelle original, en cambio, había resistido firme durante generaciones.

¿Te gustaría saber más sobre cómo era la vida en Galápagos? ¡Déjame tu pregunta en los comentarios!


TESTIMONIOS QUE NOS INSPIRAN - Oscar Cobos Yo llegué a San Cristóbal en 1967, en el barco Cristóbal Carrier que venía ca...
29/09/2025

TESTIMONIOS QUE NOS INSPIRAN - Oscar Cobos

Yo llegué a San Cristóbal en 1967, en el barco Cristóbal Carrier que venía cada 3 meses. Fueron cuatro días de viaje desde Guayaquil hasta que, al amanecer, vi la isla por primera vez y en unas cuatro horas fondeó el barco en el puerto... desembarcamos en un bote y yo salté directo a la arena, donde apenas pude caminar por la arena suelta. Esa fue mi primera impresión de Galápagos: pura naturaleza, un pueblo pequeño con casitas de madera y vi algunos burros en la calle; con los días entendí que los usaban para traer leña desde la parte alta.

La vida aquí era diferente a la del continente. Era como una familia grande dispuesta a colaborar en todo lo que sea necesario. Si alguien de la población enfermaba y tenía que viajar al continente, en cuestión de horas se reunían 20 o 30 mil sucres para ayudar. Hoy lo recuerdo y pienso: esa solidaridad es lo que admiraba y hoy creo que hace falta.

Claro que también había misterios… yo escuché historias de entierros secretos donde hoy es el parque Martha Bucaram, cofres de oro que extranjeros se llevaron mientras distraían a la gente con películas donde hoy es el municipio. Algunos hablaban de un capitán Lewis que iba y regresaba en una pequeña embarcación cada cierto tiempo con monedas de oro… Contaban de tesoros en la playa Ochoa y cerca de puerto Grande. ¿Quién sabe si eran mito o realidad?, pero esas leyendas eran parte de nuestra vida.

En 1969 la tierra misma nos recordó dónde estábamos: sentí cómo la tierra temblaba bajo mis pies mientras pasaba frente al antiguo hospital. Era la erupción del Cerro Azul en la isla Isabela. El cielo se tornó de color rojo y parecía un sueño, pero era pura fuerza de la naturaleza. ¿Te imaginas presenciar algo así hoy en día?

Para mí, Manuel J. Cobos fue un visionario, muy inteligente y con un legado que aún nos marca. Él prácticamente fundó esta población. Imagina traer maquinaria desde Nueva York, en 1868 para construir un ingenio azucarero aquí, en el archipiélago, en medio del océano, levantar una hacienda con línea ferrea para trasladar la caña, cuando ni siquiera en el continente existía… Para eso necesitabas tener un ¡Valor increíble e inteligencia admirable!

Hoy veo cómo ha cambiado todo, cuando comparo, pienso que antes nunca faltaba agua ni comida. Ahora, si no llega el barco, todo escasea. Tal vez lo que debemos rescatar no es solo la historia, sino ese espíritu de unión y visión que tuvo la gente de esos tiempos.

Sigo creyendo que Galápagos merece ser conocido también por su historia humana. Si vienes a visitarnos, busca más allá de los tours turísticos. Pregunta por las historias reales de quienes vivimos aquí.

¡Comparte si crees que debemos rescatar nuestra memoria antes de que sea demasiado tarde!... Si eres descendiente de los primeros habitantes de San Cristóbal y deseas compartir tu historia contáctanos.

TESTIMONIOS QUE NOS INSPIRAN Yo soy Rosa Benavides Serrano, tengo 75 años de vida, soy descendiente de la familia Serran...
05/09/2025

TESTIMONIOS QUE NOS INSPIRAN

Yo soy Rosa Benavides Serrano, tengo 75 años de vida, soy descendiente de la familia Serrano Briones que llegó a Galápagos hace más de 100 años, y me siento orgullosa de ser galapagueña.
Hoy les comparto mi vida en esta maravillosa isla. Fuimos criadas sin zapatos, con short y el cabello con mechoncitos sueltos… porque así era el diario vivir aquí, entre la playa y las piedras a la orilla del mar. Éramos felices recogiendo ramitas y palitos para llevar a la casa y preparar la comida porque solo había cocina a leña y así mismo se salía a la playa y se atrapaba caracoles, zayapas y pulpos.

Aprendí a nadar a empujones, en el antiguo muelle de madera, que hoy ya no existe; ahí en ese lugar, todos los niños nos lanzábamos al agua con ese instinto de supervivencia que nos hacía salir nadando sin pensarlo dos veces.

Viví en una época en la que no había ladrones, ni cerramientos. Cada casa tenía su huerto que compartíamos con los vecinos, las casas llenas de flores y todas las puertas permanecían abiertas y las únicas tiendas eran: la casa del pescado de don Carlos Freire y la tienda de abarrotes de Raúl Jeria.

Recuerdo, que aún pequeños y desde nuestra ignorancia, convivíamos con un Galápago enorme, podría decir que era como nuestra mascota, que lo hacíamos como burrito. Hoy que recuerdo eso, digo pobre animalito y cuando se creó la Charles Darwin lo entregamos como parte de nuestro compromiso con la conservación y las nuevas normas. Recuerdo también, cuando usábamos la tusa del maíz para lavar los zapatos y jeans porque no existía el cepillo de ropa. Vivimos con escasez, pero en comunidad.

En esta isla, en mi niñez y adolescencia conocí a personajes legendarios: Don Modesto Gando y Doña Sarita con su finquita, la señora Mechita Balarezo que nos cosía ropa con fundas de harina, doña Moquinche, la partera que recibió a generaciones con sus manos y la bendición de Dios y al famosísimo navegante, conservacionista y oceanógrafo Jacques Cousteau.

Mi tío, Segundo Serrano, fue el primer niño inscrito en el Registro Civil de Santa Cruz.

No teníamos grandes fiestas, pero si festejábamos a los Santos, también en la escuela hacíamos nuestras recitaciones escolares, y cuando llegaban autoridades realizábamos nuestro recibimiento con una calle de honor, y ahí, yo era una de las estudiantes que daba mi declamación de bienvenida, me pasaba días repasando y memorizando para no equivocarme. También estaban las reuniones en el malecón en un madero grande al pie de su casa de Don Revelo en donde nos reuníamos en las noches a ver las luces de los barcos que pasaban por el horizonte o simplemente en noches de luna llena admirarla y conversar… todas esas memorias forjó nuestra identidad.

Tuvimos momentos difíciles y duros para las familias. Muchos niños murieron a causa de una epidemia que dio a los niños y no teníamos medicina, pero Tomás Calero, un médico de la armada, logró salvar vidas; a mi sobrino Marlon le hizo un corte en el pie para meterle suero e hidratarlo.

Esta no es solo mi historia. Es la historia de Galápagos, la historia de cómo construimos este lugar con esfuerzo, nuestras casas con madera traída desde Baltra en barcazas y la voluntad de familias que lo levantaron todo desde la nada.

¡Comparte si crees que debemos rescatar nuestra memoria antes de que sea demasiado tarde! Si deseas compartir tu historia, contáctanos.

✨🖼️ Desempolvando Recuerdos VivosHoy, desempolvando la historia de San Cristóbal, encontramos esta fotografías antiguas ...
03/09/2025

✨🖼️ Desempolvando Recuerdos Vivos

Hoy, desempolvando la historia de San Cristóbal, encontramos esta fotografías antiguas que guardan rostros y momentos de nuestra gente.
Pero… ¡no sabemos quiénes son!

Te invitamos a ayudarnos a reconocer a las personas que aparecen en la imagen. Quizás sea un familiar, un vecino, un amigo de tus padres o abuelos…

Cada nombre que logremos recuperar es un pedacito de nuestra memoria colectiva que vuelve a brillar.

Cuéntanos en los comentarios si reconoces a alguien o si tienes una anécdota relacionada. ¡Entre todos podemos reconstruir la historia de nuestra isla!

PROYECTO: MEMORIAS DE GALÁPAGOS 📣 ¡Buscamos descendientes de las primeras familias de colonos y personajes históricos en...
28/08/2025

PROYECTO: MEMORIAS DE GALÁPAGOS

📣 ¡Buscamos descendientes de las primeras familias de colonos y personajes históricos en la isla San Cristóbal!

Si eres familiar o conoces a descendientes de Antonio Alejandro, Victoriano Pizarro, José Ramírez, Patricio Cardoza, Tomás Beltrán, Lorenzo Lucín, Juan Chile, Lorenzo Gonzambay Pizarro, Pedro Regalado Banchón, Aurelia Baquerizo, José Monroy, Manuel Olaya, Felipe Lastra, Thomas Levick, Eusebio Quimi, José Prieto, Gregorio Higuera, Carlos Valencia, Rafael Hernández, Jerónimo Beltrán, Manuel Bernal, Joaquín García, María Adela Monroy y Cedillo, Miguel Ángel Cobos Villavicencio, Elena Ubilla, Sergio Cobos, María Ontaneda Corral, Esther Cobos Ondaneda, Josefina Cobos Baquerizo, José Francisco Cobos Monroy, Adelaida María Cobos Monroy, Camilo Casanova, Elías Puertas, Leonardo Reina, Juan José F. Pino, Horacio Garaicoa, Víctor M. Suárez, José Reinaldo Carvajal, Daniel Campbell, Arturo M. Reed, Federico Salazar, Remigio Salas, Juan B. Treviño, Coronel Pedro Jaramillo y Coronel Irigoyen, queremos escucharte y compartir sus historias.

☎️ Contáctanos por mensaje privado al 0985635583 o en los comentarios.

🤝Juntos podemos rescatar y mantener viva la memoria de quienes forjaron la historia de la isla.

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Martha Bucaram Y Machinaza, San Cristóbal Galápagos

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+593959957763

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