12/03/2026
El Mediterráneo tiene un brillo particular a principios de marzo. Este pasado fin de semana, concretamente los días 7 y 8 de marzo de 2026, hemos cambiado los fríos amaneceres por la imponente y vanguardista arquitectura de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Viajar casi siempre da para pensar, pero cuando el destino es el XVIII Congreso Internacional de Conservación de Aves Silvestres, organizado por Aviornis, el trayecto se pasa volando. Y nunca mejor dicho.
Si hay algo que caracteriza a esta "fiesta de la avicultura", como bien la llamábamos en ediciones pasadas, es la inmensa pasión que se respira en el ambiente. Este año, el imponente marco del Oceanogràfic de Valencia ha servido como telón de fondo para reunir a mentes brillantes, conservadores, veterinarios y biólogos que comparten un objetivo común: la preservación de nuestra biodiversidad alada. Y debo admitir que caminar entre esas enormes piscinas y flamencos, con la cámara de fotos colgada al cuello disparando a cada oportunidad, es una experiencia que recarga las pilas a cualquier amante de la naturaleza.
Las ponencias de este año han sido una verdadera cascada de datos, innovación y, sobre todo, esperanza. Comenzamos sumergiéndonos en el mundo de las aves marinas con dos figuras clave del propio Oceanogràfic. Por un lado, David Barroso Laguna nos dio una clase magistral sobre el condicionamiento operante en pingüinos para su investigación. Resulta fascinante ver cómo se puede entrenar a un animal que pesa varios kilos para que colabore voluntariamente en sus revisiones médicas. En la misma línea, la bióloga Marta Sanegre Serna complementó esta visión hablándonos de las herramientas tecnológicas aplicadas al bienestar de estos mismos pingüinos. Ver cómo la tecnología avanza para medir parámetros invisibles al ojo humano me hizo pensar en lo mucho que hemos evolucionado en el cuidado animal.
En el ámbito puramente clínico, Pablo Casar Castro, codirector del Hospital de Animales Exóticos 24h, nos dejó boquiabiertos con su charla sobre la endoscopia aplicada a la conservación de psitácidas. Introducir cámaras de apenas unos milímetros de diámetro en aves que a veces no superan unos pocos cientos de gramos es pura ciencia ficción hecha realidad, una herramienta vital que salva vidas a diario y que asegura la viabilidad de poblaciones cautivas.
Por supuesto, no faltaron los proyectos que suenan a aventuras épicas. Melody Cortés De Arévalo, desde Oasys MiniHollywood, nos transportó a la aridez africana para hablarnos de la conservación de los majestuosos cálaos, mientras que Carlos Barros García nos hizo tiritar de frío —figuradamente, claro, porque en Valencia hacían unos agradables 20 grados— con su relato sobre la XXVI Campaña Antártica del Proyecto PERPATAR. Después de escucharle, casi me entran ganas de pedir un abrigo polar para recorrer los pasillos del congreso.
Uno de los momentos que más me tocó de cerca fue la intervención de Álvaro Camiña Cardenal sobre la recuperación del Quebrantahuesos desde la cría en cautividad. Hablamos de un ave majestuosa con una envergadura que puede rozar los tres metros, un gigante de nuestros cielos cuya salvación ha dependido del esfuerzo titánico de muchos criadores. Y hablando de esfuerzos titánicos, Maribel y Plácido, de La Cañada de los Pájaros, nos recordaron que los milagros existen si se trabajan, presentándonos su oasis para las aves en la mismísima marisma de Doñana. Es reconfortante ver que la iniciativa privada y la pasión pueden restaurar ecosistemas enteros.
La visión internacional y técnica se completó con Lubomir Tomiska y sus consejos prácticos para la cría y conservación de loris. Al ver la meticulosidad con la que preparan los néctares para estas aves, seguro que la idea de formular dietas a medida les parecería fascinante. Además, cruzamos el charco gracias al biólogo Víctor Raúl Díaz Montes, quien nos alertó sobre la situación de los crácidos en Perú, verdaderos guardianes del bosque en grave peligro.
Pero si tuviera que resumir el espíritu de este XVIII Congreso en una sola idea, me quedaría con el título de la ponencia de Jaume Andreu Amorós, del Proyecto Son Comte: "Transformando la afición en conservación". Ese es el verdadero núcleo de todo esto. Los que criamos, cuidamos y observamos aves no somos simples coleccionistas; somos el primer eslabón de una cadena de supervivencia para cientos de especies que, de otro modo, desaparecerían del mapa.
Y ahora, toca despedirse de Valencia. Dejar atrás la brisa marina, el bullicio de los pasillos llenos de colegas debatiendo sobre incubadoras, genéticas y normativas, y el espectacular entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Ha sido un congreso que, bajo el amparo de la Generalitat Valenciana y el esfuerzo incombustible de Aviornis, ha vuelto a poner el listón en la estratosfera. nos llevamos la libreta llena de anotaciones, la tarjeta de memoria de la cámara a punto de explotar de tantas fotos y el corazón henchido de motivación.
La conservación no es un camino que se recorra en solitario. Es un esfuerzo colectivo, un tejido formado por biólogos, veterinarios, cuidadores, aficionados y educadores que se niegan a aceptar un mundo con cielos vacíos. Cada gramo de alimento preparado con cuidado, cada metro cuadrado de hábitat restaurado y cada conversación compartida en foros como este, suman en la balanza de la vida. Vuelvo a Toledo con la firme convicción de que estamos en el lado correcto de la historia. Nos esperan nuestros animales, nos esperan los niños en los talleres, y nos espera el deber de seguir compartiendo todo lo aprendido, porque el conocimiento que no se transmite, se extingue.
Hasta el próximo congreso, sigamos mirando al cielo y trabajando en la tierra. Un abrazo a todos.