La LEY que le fue entregado a Moisés en las faldas del Monte Sinaí; el Amor, en que el mismo Espíritu Divino a través de una humilde envoltura como lo fue en Jesús, dio ejemplo vivo de cómo tenía que cumplirse esa misma Ley por medio del AMOR; y la última, la SABIDURÍA, en que Cristo, el eterno Verbo de Dios cumple Su promesa, para que lo que no fue entendido en los Testamentos pasados sean comprendidos por todos los espíritus en virtud de haber alcanzado cierta madurez espiritual, que les permita asimilar las anteriores como las nuevas lecciones espirituales, y no tan sólo eso, sino también el encumbrarse al Reino verdadero que les pertenece, Reino que conquistarán en sí mismos.
2-29-25 Moisés, Jesús y Elías, representan las tres fases en que me he manifestado a vosotros. El brazo de Moisés que sostuvo la Tabla de la Ley y señaló el camino de la tierra prometida; los labios de Jesús que pronunciaron la Palabra divina y Elías que con sus manifestaciones espirituales, abrió las puertas que os conducen al infinito y al conocimiento de lo que llamáis misterio.
3-81-37 Elías, como Jesús y como Moisés, vino a iluminar los ojos de vuestro espíritu para que contemplaseis al Padre; Moisés os dijo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Elías os mandó tener: “Caridad y más caridad con vuestros hermanos -y luego añadió- y veréis a mi Padre en todo su esplendor”.
1-13-50 Los hombres se han dedicado a escudriñar los antiguos Testamentos, torturando su mente en la investigación e interpretación de las profecías y de las promesas. Los que de entre ellos se han aproximado más a la verdad, son los que han encontrado el sentido espiritual de mis enseñanzas, porque aquellos que siguen aferrados a la interpretación material, y no saben o no quieren encontrar el sentido espiritual de mis manifestaciones, tendrán que sufrir confusiones y decepciones, como las que sufrió el pueblo Judío cuando llegó el Mesías, al cual habían imaginado y esperado de una manera distinta a la que le mostró la realidad.
1-14-50 al 51 Para manifestar lo divino, vuestros idiomas son limitados, por eso en todos los tiempos he tenido que hablaros con parábolas, con metáforas, pero ya veis, aún hablándoos así, poco me habéis comprendido, porque os ha faltado la voluntad necesaria para analizar mis manifestaciones. Vosotros siempre estáis riñendo por el significado de vuestros vocablos, y a medida que creáis más palabras, más confundís a vuestro espíritu. ¡Ah, hombres de muchas palabras, de muchos idiomas y de muchas creencias, pero de muy pocas obras de amor!