26/07/2026
El uso del uniforme no otorga privilegios ni inmunidad; exige, ante todo, un comportamiento intachable.
El verdadero servidor público no debe ser atraído por la ostentación, la ambición o el poder, sino por una profunda vocación de servicio, respeto a las leyes y amor por la justicia. Quien aspira a llevar una credencial y velar por la seguridad de la ciudadanía debe comprender que la autoridad no se impone por la fuerza ni por el uniforme, se construye con el ejemplo diario.
Hacemos un llamado respetuoso pero firme a las autoridades e instituciones académicas del sector seguridad: es urgente reforzar e invertir en la educación ética y moral de nuestros futuros funcionarios.
No basta con formar profesionales en materia operativa o táctica; la verdadera transformación institucional exige formar ciudadanos íntegros, conscientes del impacto de sus actos y comprometidos con el respeto a la ley, tanto dentro como fuera del servicio.
La confianza de la ciudadanía en las instituciones no se exige, se gana. Y la única vía para recuperar esa confianza es garantizando que quienes salgan a las calles a regular el tránsito y proteger al pueblo sean verdaderos modelos de civismo, ética y justicia.