Venezuela Esequiba

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Venezuela Esequiba Information for all about essequiban territory. Información para todos acerca del Territorio Esequibo Existen páginas hermanas que hacen este trabajo muy bien.

Venezuela Esequiba surge de la necesidad de informar acerca de diferentes tópicos que confluyen en la justa reclamación territorial y social (puesto que los esequibanos son venezolanos también) y que pueden pasar desapercibidos ante los ojos de los lectores. Venezuela Esequiba no es una página de denuncia, es solo informativa. En Venezuela Esequiba sabemos que los esequibanos hablan inglés, por eso hacemos nuestras publicaciones en ambos idiomas y sumamos conocimiento al mundo entero.
¡Súmate al intercambio de conocimiento y ayúdanos a dar luz en el largo camino de la recuperación de este territorio usurpado y su gente! Venezuela Esequiba arises from the need to inform about different topics that shaped the fair territorial and social claim (since the esequibanos are Venezuelans too) and that may go unnoticed in the eyes of the readers. Venezuela Esequiba is not a complaint page is only informative. There are friend pages who do this work very well. In Venezuela Esequiba we know that esequibans speak english, so we build our publications in both languages and add knowledge to the world. Join the exchange of knowledge and help us shed light on the long road to recovery of this territory usurped and its people!

OpinionesEscribe el Dr. Abraham GomezGuayana Esequiba: ¿de cuál herencia territorial se ufana la excolonia británica?Dr....
29/08/2026

Opiniones
Escribe el Dr. Abraham Gomez

Guayana Esequiba: ¿de cuál herencia territorial se ufana la excolonia británica?
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la Comisión proponente de la UNAFRONT.


De todos es conocido que la excolonia británica introdujo, en 2018, una demanda contra nuestro país, y ha ratificado un absurdo petitorio a lo largo de todos los trayectos procesales en el juicio que cursa por ante la Corte Internacional de Justicia; el cual, por cierto, se encuentre a punto de sentencia.

Nos luce una extravagancia la causa de pedir de la contraparte.

Están empecinados en que la Sala Juzgadora obligue a Venezuela – en el esperado fallo-a reconocer el írrito y nulo Laudo Arbitral de París de 1899, como “cosa juzgada”, sin aportar ningún elemento de convicción, mínimamente creíble. Sin haber consignado nada que pueda ser acreditable histórica, jurídica o cartográficamente.

Peor aún. Sin haber esperado la resolución definitiva del Ente Juzgador, Guyana continúa otorgando concesiones y permisos a bastantes empresas transnacionales, ya no únicamente en la proyección atlántica que genera la parte continental de la Guayana Esequiba, en contención; sino que, imprudentemente, ha dado instrucciones, y hasta órdenes escritas, a las compañías para que operen en cualquier coordenada marítima hacia su costado oeste, irrespetando la soberanía venezolana en esa área.

Todos los gobiernos guyaneses han burlado, como les han dado las ganas, el Acuerdo de Ginebra de 1966; el cual es taxativo, al contemplar:

“Con el fin de facilitar la mayor medida posible de cooperación y mutuo entendimiento, nada de lo contenido en este Acuerdo será interpretado como una renuncia o disminución por parte de Venezuela, el Reino Unido o la Guayana Británica de cualesquiera bases de reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o Guayana Británica o de cualesquiera derechos que se hubiesen hecho valer previamente, o de reclamaciones de tal soberanía territorial o como prejuzgando su posición con respecto a su reconocimiento o no reconocimiento de un derecho a reclamo o base de reclamo por cualquiera de ellos sobre tal soberanía territorial. Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía en dichos territorios…” (Omissis).



Hemos tenido que lidiar con la postura de algunos compatriotas que sostienen argumentos, suficientemente críticos, de lo que debió hacer y no debió hacer el Estado Venezolano; si quería “quitarse de encima” de una vez y por todas tal controversia.

Explayan, sus posiciones en estos términos.

En Venezuela, aunque actualmente el Acuerdo de Ginebra constituye el documento más valioso, con pleno vigor jurídico para el proceso de negociación, nos conseguimos que un reducido número de compatriotas opinan que el precitado convenimiento adolece de elementos concretos que permitan materializar la recuperación total del territorio, por las contradicciones que posee tanto de fondo como de forma.

De fondo, porque se acordó llegar a una solución satisfactoria para un “acuerdo práctico” que, en la práctica, resulta inviable,

Venezuela permitió que Reino Unido le transfiriera la disputa territorial a su colonia.

El Reino Unido se lavó las manos en este pleito, siendo el causante del mismo con sus añagazas jurídicas.

Venezuela permitió que la colonia resultara independiente, el 26 de mayo de 1966, sin antes solucionar el problema fronterizo,

Se le dio carácter de Estado a una colonia que no lo poseía.

Sin lugar a dudas, comportó una tramposa jugada de descolonización.

Se invirtió la percepción de la correlación de fuerzas; de un nación grande y poderosa (Reino Unido) frente a otra pequeña e indefensa (Venezuela).

Explicamos el anterior aserto. Ya no se percibiría a Venezuela como la nación débil usurpada por la potencia mundial de Reino Unido, sino que ahora la pobre y recién independiente Guyana aparentaría ser la nación débil frente el país rico y petrolero como Venezuela que querría quitarle parte de "su territorio".

Nosotros no le hemos quitado nada a Guyana, ni pretendemos hacerlo.

Solo esperamos – muy pronto-- que la Corte sepa decirle a Guyana, en justo derecho con una congruente sentencia, lo que realmente les pertenece; que no es otra extensión, sino la que le correspondían a las provincias angloholandesas, hasta 1814, denominadas Berbice y Demerara; menos de 50.000 km2 al este del río Esequibo.

Resultaba ingenuo pensar que motu proprio Guyana le regresaría a Venezuela tres cuartas partes de lo que considera “su territorio heredado” al momento de su independencia y del cual ostenta la administración y ocupación; pudiendo explotar sus recursos así tales actividades no sean símbolos de su soberanía, como lo contempla, contundentemente, el Acuerdo de Ginebra.

Efectivamente, tres meses después de la firma y aceptación del Acuerdo de Ginebra,17 de febrero de 1966; entonces, la Guayana Británica se declara independiente; siendo a partir de allí – según ellos- para todos los efectos en el Concierto de las Naciones del Mundo, la República Cooperativa de Guyana, un sujeto internacional, pleno de derechos.

Hubo venezolanos que levantaron su voz, fuertemente, al señalar que nuestro país no debió reconocer la independencia de la naciente República Cooperativa de Guyana sin antes haber solucionado con Reino Unido el problema de límites y fronteras.

Autoría anónima.
23/08/2026

Autoría anónima.




OpinionesEscribe el Dr. Abraham GomezGuayana Esequiba: esperamos restitución no por malcriadez diplomática ni por capric...
09/08/2026

Opiniones
Escribe el Dr. Abraham Gomez

Guayana Esequiba: esperamos restitución no por malcriadez diplomática ni por capricho

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

A propósito del presente pleito centenario que sostenemos por el arrebato que nos perpetraron por el costado este de la geografía nacional; durante las últimas cuatro décadas he tenido la posibilidad de intercambiar opiniones con muchísimos sectores, sobre cómo nos correspondió encarar este caso litigioso, como Asunto de Estado. Por encima de actos de gobierno.
Ahora nos encontramos expectantes; por cuanto, para el próximo mes de noviembre la Corte Internacional de Justicia tendría bastante probabilidad de dictar sentencia definitiva en este juicio.

En distintos eventos desarrollados en varias universidades del país; o a través en los medios de comunicación social, en las plataformas digitales; en video-conferencias y actividades presenciales; asimismo, visitando los propios espacios fronterizos y por las redes sociales conseguimos y escuchamos de todo.

Me permito resumir, señaladamente, que hay un denso bastión de compatriotas que conforman una interesante masa crítica; quienes a cada instante afilan con osadía y agudeza sus juicios al respecto y publican las propuestas que ellos consideran justas para resolver la controversia, en espera de la decisión sentencial.

Para que recibamos, en las próximas semanas, una plena y congruente restitución hemos sostenido reclamos insistentes, desde hace más de un siglo, los cuales jamás han estado anclados en una malcriadez diplomática o en algún capricho nacional y menos en empecinamientos injustificados.
Honor y gloria a los compatriotas que nos antecedieron en estas lides venezolanistas.
Siempre estuvimos dispuestos -previo a las respectivas comparecencias procesales en el citado Alto Tribunal- a repensar y a analizar (una y muchas veces) cómo rediseñar las mejores estrategias a que hubo lugar para que la Corte admitiera los objetivos petitorios de reivindicación venezolanista.

No se trata de una simple ilusión; sino de una determinación histórica con fundamento; de lo cual se encuentra enterada la contraparte que, por supuesto, sabe que somos poseedores de los documentos que nos acreditan el dominio absoluto sobre la extensión territorial que han venido ocupando y usufructuando ilegal e ilegítimamente.

Aunque algunos sujetos internacionales y países (hasta ayer amigos de Venezuela) se pronuncien en respaldo a Guyana --por marcados intereses económicos, sin dudas-- nuestra contención siempre ha tenido suficiente asidero jurídico, cartográfico e histórico y la fortaleza moral de saber que no estamos cometiendo ningún acto de deshonestidad contra nadie.
Con todos los especialistas en esta contención --con quienes hemos intercambiado criterios de los probables acontecimientos subsiguientes-- coincidimos en señalar que hicimos muy bien con reflexionar “en frío” y haber asistido a todas las comparecencias procedimentales por ante la Corte.
Hubo necesidad de convencer a un reducido grupo de connacionales para que dejaran las actitudes retrecheras o soberbias.
Las comparecencias por parte de Venezuela han sido de muchísima categoría e importancia.
Sin nuestra presencia, el juicio iba a continuar (nunca se ha paralizado) conforme al artículo (53) del Estatuto del Ente Juzgador.

Ya en espera de la sentencia definitiva, los delegados del oficialismo, responsabilizados para este delicado caso litigioso, hoy más que nunca, deben obligarse (y abrirse) a consultar a expertos y estudiosos para concordar la más idónea y conveniente posición que asumirá el Estado, una vez que sea convocada la delegación venezolana para escuchar la audiencia del fallo. ¿Qué vamos a hacer a partir de tal evento?.
Veamos también lo siguiente. Cuando analizamos la Constitución de la República Cooperativa de Guyana de 1980, nos conseguimos con la auto asignación y la distribución político-territorial que ellos han establecido, precisamente en la Guayana Esequiba, en flagrante violación del Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966; que determinantemente señala, en su artículo V, numeral (2):

“Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía en dichos territorios, excepto en cuanto tales actos o actividades sean resultado de cualquier convenio logrado por la Comisión Mixta y aceptado por escrito por el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana. Ninguna nueva reclamación o ampliación de una reclamación existente a soberanía territorial en dichos Territorios será hecha valer mientras este Acuerdo esté en vigencia, ni se hará valer reclamación alguna sino en la Comisión Mixta mientras tal Comisión exista”.

Con la descarada entrega de concesiones –inconsultas y unilaterales-- a las empresas transnacionales pretenden, sibilinamente, “hacer valer o crear derechos de soberanía”.

La Guayana Esequiba constituye un territorio con incalculables riquezas mineras, hídricas, forestales, energéticas, edafológicas, agroindustriales, gasíferas, petroleras etc. Territorio muchísimo más grande que algunos países europeos, asiáticos y centroamericanos. Con extraordinario potencial de desarrollo sostenible.

En el concierto de las relaciones internacionales, lamentablemente los países no tienen amigos sino intereses. Lo estamos percibiendo- mucho más- en los últimos años, precisamente; porque esta zona está siendo considerada de un extraordinario potencial por las reservas probadas y calidad de los recursos petrolíferos, la ubicación geoestratégica y su proyección e interconexión con los países de Suramérica.

Hay quienes se atreven a ser explícitos en sus consideraciones – no exentas de polémicas—que las verdaderas fronteras son políticas y económicas y no jurídicas.
Hasta donde la Fuerza de Defensa de Guyana (GDF) nos permitió, recorrimos buena parte de esa inmensidad de territorio, y nos conseguimos importantes ciudades, pueblos y asientos demográficos de varios tipos y clases sociales; en cuyo registro censal, más reciente, arroja una población que sobrepasa las 300.000 personas, incluyendo a las etnias Waiwai, Makushi, Arawakos, Akawayos, Saraos, Patamonas, Caribes, Waraos y Wapashi.

Agradezco, en lo personal, que nuestro trabajo de indagación académica ha sido suficientemente ponderado y reconocido; lo cual constituye honda satisfacción por una lucha sostenida sin actitudes atrabiliarias o estrepitosas; por cuanto, requerimos juntar talentos y densidad en la formación documental y doctrinaria para insistir en reclamar y defender en las instancias a que haya lugar lo que por honor y justicia siempre ha sido nuestro; que nos desgajaron, en un ardid tramposo; en una tratativa perversa mediante añagazas jurídicas.

Por propia experiencia – producto de mis visititas a la zona-- puedo mencionar que aflora una inmensa motivación por parte de los Esequibanos --que viven en esa parte de Venezuela-- para intercambiar ideas, experiencias y conocimientos históricos con nosotros. Esos compatriotas tienen necesidad de saber, en esencia, cómo se conformaron desde el punto de vista político-administrativo. Ellos desean concienciarse qué fue lo que sucedió realmente. Así entonces, con tales fines, no piden que les expliquemos en qué consiste un documento llamado “Laudo de París” y otro denominado Acuerdo de Ginebra.

29/06/2026

La fundación de La Guaira el 29 de junio de 1589 por el gobernador de la provincia de Venezuela, Don Diego de Osorio y Villegas, no fue un evento burocrático aislado, sino una urgencia estratégica para la Corona española. Aunque el nombre formal otorgado fue San Pedro de La Guaira —en honor al santoral católico del día—, la documentación histórica demuestra que la zona ya funcionaba como un precario fondeadero indígena y comercial. De hecho, nueve años antes, en 1580, el contador de la Real Hacienda, Diego Ruiz de Vallejo, ya mencionaba la existencia del "Puerto de La Guaira" en cartas dirigidas al rey Felipe II, lo que revela que la fundación de Osorio vino a legalizar y militarizar un enclave que ya era vital para la supervivencia de Caracas.
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Un elemento documental sumamente curioso y poco divulgado conecta este acto fundacional con la genealogía de la independencia sudamericana. En la comitiva que acompañó a Diego de Osorio a lomo de mula desde Caracas, se encontraba su secretario oficial, Don Simón de Bolívar "El Viejo". Él fue el primer miembro de la familia Bolívar en establecerse en Venezuela (procedente del País Vasco) y el tatarabuelo del futuro Libertador. Las actas capitulares registran que fue precisamente este antepasado directo quien redactó y dio fe jurídica a las primeras ordenanzas del puerto, entrelazando el apellido Bolívar con el destino de La Guaira desde su primer día de existencia hispánica.
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La toponimia del lugar es otra pieza de gran valor histórico que a menudo se simplifica. El nombre "La Guaira" no nació de la inventiva española, sino de una transculturación forzada. Proviene del vocablo aborigen Huaira, utilizado por la etnia de los indios Tarma (pertenecientes a la gran familia Caribe), quienes dominaban la costa desde Puerto Maya hasta los Valles del Tuy. Para los nativos, la palabra hacía referencia a una variante de embarcación o a la velocidad del viento en la costa. Osorio, al imponer el patronímico de San Pedro, intentó cristianizar un territorio fuertemente defendido en el pasado por caciques como Guaicamacuto, quien años antes había destruido el intento de poblamiento de Francisco Fajardo en la misma zona.
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El diseño original de la ciudad estuvo condicionado por una geografía implacable que obligó a una configuración urbana atípica. Como describiría siglos después el naturalista Alexander von Humboldt en sus diarios de viaje, el orden de la ciudad obedeció estrictamente a la "irregularidad y estrechez del paraje". Al estar encajonada entre el mar Caribe y la imponente cordillera de la Costa (el cerro El Ávila), La Guaira no pudo expandirse con el tradicional trazado en cuadrícula o "damero" español. Nació y creció como una "ciudad lineal", compuesta originalmente por solo dos calles largas y paralelas que corrían de este a oeste, conectadas por callejones angostos, torcidos y empinados.
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A nivel de infraestructura y defensa, el acto de 1589 incluuyó la orden inmediata de trazar una ruta formal hacia la capital: el célebre Camino de los Españoles. La documentación de la época revela que, para construirlo, los ingenieros de la Corona no diseñaron una ruta nueva, sino que aprovecharon y ensancharon una pica o sendero indígena preexistente conocido como "La Culebrilla". Este camino de montaña, que no se completaría formalmente hasta 1603 debido a las dificultades del relieve, convirtió a La Guaira en una plaza fuertemente protegida. Su sistema defensivo evolucionó a lo largo de los siglos hasta consolidar una red de más de quince fortificaciones, castillos y baluartes —entre los que destacaron el Fortín de San Carlos, el Castillo de San Jorge y El Vigía—, diseñados estratégicamente para repeler los feroces ataques de piratas franceses, ingleses y holandeses.
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Finalmente, el destino económico de San Pedro de La Guaira quedó sellado por su conversión en el puerto comercial más lucrativo de la provincia, un estatus que más tarde explotaría la Real Compañía Guipuzcoana a partir de 1730. Desde sus muelles fortificados se exportaba el cacao, el tabaco y el añil que enriquecían a la metrópoli, pero también se convirtió en la aduana de las ideas coloniales. Por este puerto ingresaban legalmente las mercancías de España y, de forma clandestina en los barcos de la Guipuzcoana, los libros prohibidos de la Ilustración francesa que terminaron por nutrir intelectualmente a la generación independentista venezolana.

Juntos por una Venezuela mejor, por una Venezuela próspera y completa. Por una Venezuela Esequiba
29/06/2026

Juntos por una Venezuela mejor, por una Venezuela próspera y completa. Por una Venezuela Esequiba

🌍🇻🇪 Gracias a todos los países que han tendido su mano a Venezuela.
En los momentos más difíciles es cuando la solidaridad demuestra su verdadero valor. Gracias a cada nación, rescatista, médico, bombero, voluntario y organización humanitaria que ha brindado apoyo, esperanza y ayuda a nuestro pueblo.
Su compromiso y esfuerzo significan mucho para las familias afectadas. Que Dios bendiga a cada persona que ha participado en esta misión humanitaria y a todos los países que han demostrado que la unión puede hacer la diferencia.
¡Gracias por estar con Venezuela!

28/06/2026

Escribe el Dr Abraham Gomez

Guayana Esequiba: se sienten envalentonados y soberbios

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

Admitamos, de entrada y sin lugar a elucubraciones, que tenemos una seria amenaza en ciernes.
Sin embargo, nos mantenemos anclados, procesalmente, en todo nuestro irrefragable acervo de probanza que hemos consignado en las distintas audiencias por ante la Corte Internacional de Justicia.
Los honorables magistrados saben que acaudalamos los elementos de convicción; así también, la contraparte está consciente que es muy difícil que la excolonia británica pueda salir favorecida, en este juicio que ellos accionaron, de manera unilateral,

Recordemos que el Alto Tribunal de La Haya se autoconfirió jurisdicción y competencia, el día 20 de diciembre de 2020, para conocer forma y fondo sobre el caso confrontado entre Venezuela y Guyana.
Nos lució (aunque se halle contemplado en el artículo 36 de su Estatuto) una determinación escabrosa y rara:
“La competencia de la Corte se extiende a todos los litigios que las partes le sometan y a todos los asuntos especialmente previstos en la Carta de las Naciones Unidas o en los tratados y convenciones vigentes.
Los Estados partes en el presente Estatuto podrán declarar en cualquier momento que reconocen como obligatoria ipso facto y sin convenio especial, respecto a cualquier otro Estado que acepte la misma obligación…. en caso de disputa en cuanto a si la Corte tiene o no jurisdicción, la Corte decidirá”.
Y, como lo hemos leído, la Corte ya decidió.

En la citada ocasión nos propusimos contactar a nuestros amigos Esequibistas, para comparar opiniones y conjeturas.
Esequibistas que hemos defendido (desde hace muchísimos años) esa extensión territorial que nos arrebataron con vileza.
Esequibistas que hemos recorrido casi todas las universidades del país; que publicamos – recurrentemente- y a través de los medios y las plataformas digitales para concienciar en cuanto a la restitución que nos merecemos histórica y jurídicamente.
Establecimos comunicación, además, con estudiosos de los vericuetos y de los otros caminos estrechos y difíciles de transitar en el Derecho Internacional Público.
Lo hicimos adrede para saber si tenemos puntos de coincidencias, en nuestros respectivos análisis, sobre lo que decidió la Corte, con base a la contención centenaria.
Sin lugar a dudas que Guyana aguardó la ocasión, casi como una emboscada jurídica, para demandar a Venezuela en ese Ente Jurisdicente; yéndose, directamente al “arreglo judicial”, como una solución –no precisamente la inmediata—que contempla el artículo (33) de la Carta de las Naciones Unidas.
Había un espectro de opciones de solución, previamente a habilitar la vía jurisdiccional.
Ellos nunca han querido la negociación directa, la conciliación o la mediación; atendiendo el Acuerdo de Ginebra, del 17 de febrero de 1966, único documento válido, con pleno vigor jurídico; al cual estamos obligados a someternos para dirimir esta controversia.

Con todo lo que se puedo evitar; asumimos, con responsabilidad e inteligencia, que si ya el litigio tomó el rumbo y calificación que la propia Corte le confirió; qué nos quedaba entonces, sino apertrecharnos con los recursos irrebatibles que nos asisten; digamos, con los Justos Títulos que poseemos; que no admiten pruebas en contrario (iuris et de iure); para exponerlos y defendernos con justeza, en los distintos trayectos procesales, a cuyas audiencias nos hemos hecho presentes.

Concordante a este asunto, desde siempre, escuchamos y prestamos atención, con detenimiento, todas las intervenciones del presidente guyanés Irfaan Ali, donde rechaza el reclamo justo que hace Venezuela sobre lo que nos despedazaron con añagaza (159.500 km2).

Cada vez que el Dr. Ali se dirige a la prensa guyanesa o a través de los medios internacionales lo hace con los términos más desconsiderados y temerarios hacia nosotros.
Además, continúa entregando concesiones –a diestra y siniestra—en la zona disputada, a empresas transnacionales

En cada discurso, percibo al primer mandatario de la excolonia británica engreído y prepotente; inclusive asoma la posibilidad de esperar una sentencia definitiva, presuntamente favorable para ellos, por parte de la Corte Internacional de Justicia.

El actual gobierno guyanés se siente convencido y especula que la Sala Juzgadora garantizará como válido y vinculante (y con la condición de res judicata) la nula e írrita tratativa tramposa – el “laudo”- que nos despojó de una séptima parte de nuestra geografía venezolana.

Que quede claro que no estamos rehuyendo la confrontación jurídica; por cuanto, poseemos los Justos Títulos traslaticios, que confieren carácter posesorio sobre la disputada área y su proyección atlántica, desde el 8 de septiembre de 1777, con la Cédula Real de Carlos III, al crearse la Capitanía General de Venezuela; donde quedaron integradas las provincias de Caracas, Maracaibo, Nueva Andalucía (Cumaná), Guayana hasta el río Esequibo, Margarita y Trinidad.

Nacimos al mundo como Capitanía General de Venezuela, teniendo al río Esequibo como nuestro costado limítrofe por el este; ratificado con el Tratado de “Paz y Amistad” suscrito entre España y Venezuela, el 30 de marzo de 1845, cuando nos concede la independencia y reconoce el río Esequibo como el límite este de la naciente República venezolana.
Nada de quedarnos callados, inanimados o inertes; porque sabemos que el juicio – ya emprendido—no se ha detenido ni se paralizará, por ausencia de la delegación de Venezuela.

Que quede claro, también, que no hemos despojado nada a ningún país, ni pretendemos hacerlo. Fue a nuestra Nación a la que se le perpetró, con alevosía, un vulgar desgajamiento.

26/06/2026



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