06/08/2026
La centinela olvidada.
Historia completa de la Isla de Ratas, el islote que defendió y a Monteveo.
I. Un islote de cien metros por cincuenta
En el centro de la bahía de Montevideo, a unos ochocientos metros de la costa, emerge un pequeño islote de piedra. Mide apenas cien metros de largo por cincuenta de ancho. Su superficie es de aproximadamente cuatro hectáreas, el tamaño de cuatro campos de fútbol. La zona que lo rodea es tan poco profunda que los barcos grandes apenas pueden navegar allí.
Es la Isla de Ratas. O la Isla Libertad, como se llama desde 1843. O la Isla de la Guerrilla, de las Gaviotas, de los Franceses, de los Conejos, de las Palomas — los nombres que ha tenido a lo largo de los siglos. Orestes Araujo (1853-1915), el historiador que registró esas denominaciones, sabía que cada nombre era una historia.
Un islote insignificante, dirían algunos. Un Monumento Histórico Nacional desde 1997, dice la resolución 401/997 firmada por el presidente Julio María Sanguinetti. Un lugar olvidado, abandonado a su suerte, en estado ruinoso, dice quien lo visita hoy. Pero también un escenario de una de las historias más fascinantes y menos contadas de Montevideo: la de un centinela que defendió la ciudad, que fue tomado por asalto en una noche de tormenta, y que terminó siendo símbolo de libertad.
II. Los nombres de una isla
La Isla de Ratas ha tenido más nombres que cualquier otro lugar de Montevideo. Según el historiador Orestes Araujo, la secuencia fue: Isla de los Patos, de las Gaviotas, de los Conejos, de las Guerrillas, de los Franceses, de las Palomas, de las Ratas y, finalmente, de la Libertad .
Cada nombre cuenta una historia. "Isla de los Patos" y "de las Gaviotas" y "de las Palomas" hablan de su fauna. "Isla de los Conejos" habla de su uso como lugar de cría. "Isla de las Guerrillas" habla de los combates que allí se libraron. "Isla de los Franceses" habla de la presencia de marinos franceses en la bahía. "Isla de las Ratas" es el nombre que la historia ha conservado, quizás el más despectivo de todos. "Isla de la Libertad" es el nombre oficial desde 1843, el que le dieron Garibaldi y sus hombres.
Los nombres son memoria. Y en una isla que ha sido tantas cosas, los nombres son la única manera de recordar lo que fue.
III. El primer encuentro: los nidos ocultos de Feuillée
La historia documentada de la isla comienza antes de la fundación de Montevideo. Luis Feuillée, un fraile francés, matemático, astrónomo, botánico y viajero, pasó por estas costas en 1708. En su diario anotó que, habiendo tocado por la mañana una islita, encontró "una gran cantidad de nidos ocultos entre la yerba" . Fue el primer registro escrito del islote que hoy conocemos como Isla de Ratas.
En 1723, cuando Bruno Mauricio de Zabala llegó a Montevideo para expulsar a los portugueses que se habían instalado en la península, la isla ya estaba allí, testigo mudo de los primeros conflictos. El capitán Pedro Gronardo, práctico del Río de la Plata, informó a Zabala que había encontrado en la ensenada un navío de guerra portugués de 50 cañones y, en tierra, unos 300 hombres que se fortificaban. La isla, aún sin nombre definitivo, ya era parte del tablero de la disputa colonial.
IV. La defensa colonial de la bahía
Durante la época colonial, la bahía de Montevideo era el corazón de la ciudad. Por ella entraban los barcos, las mercancías, los soldados, los esclavizados. También por ella podían llegar los enemigos. Por eso, los españoles convirtieron la bahía en una fortaleza.
El sistema de defensa tenía tres piezas clave. Al oeste, la Fortaleza del Cerro, desde cuya cima se dominaba toda la bahía. Al este, la ciudad amurallada y sus baterías. Y en el centro, justo en medio del agua, la Isla de Ratas .
Los realistas construyeron en la isla una batería a barbeta para cañones, con explanada de piedra, cuartos de guardia, un depósito de pólvora y un centro de detención . La nueva batería fue diseñada el 15 de marzo de 1811 por el brigadier José del Pozo y Marquy, Ingeniero Comandante de Montevideo. Tenía diez cañones: seis de a 24, dos de 18 y dos de 12 . La primera fortificación sólida era un simple parapeto de 80 centímetros de ancho, con seis caras dispuestas de forma estratégica para defender la entrada de la bahía. De los seis muros, solo tres estaban construidos en piedra; los extremos eran de adobe.
Desde 1812, el simple parapeto de 84 centímetros de altura pasó a formar parte de una construcción de figura irregular, totalmente cerrada, de 2 metros de altura. El edificio que albergaba a la tropa —el "cuerpo de guardia"—, el cuarto del jefe y el polvorín, era de forma rectangular, de aproximadamente 7 metros por 23 metros, con tres habitaciones, dos con techo liviano y una abovedada por corresponder al polvorín .
Pero había un problema. Los cañones eran de tan corto alcance que desde el Cerro solo se podía defender el polvorín de la isla . La isla era un puesto avanzado, no una fortaleza autónoma. Dependía del Cerro, y el Cerro dependía de ella. Era una defensa frágil, un eslabón débil en la cadena que protegía la ciudad.
V. El asalto de 1811: la operación comando que cambió la guerra
En 1811, Montevideo estaba sitiada por las fuerzas patriotas al mando del general José Rondeau. La ciudad, con sus muros de nueve metros de altura y seis de ancho, sus cuatro bastiones rodeados por un foso, era inexpugnable para un ejército con escasa artillería. Pero la ciudad tenía un punto débil: su dependencia del agua y los alimentos que llegaban por la bahía.
Los patriotas habían cortado los accesos terrestres. Pero la bahía seguía abierta, controlada por la flota realista. Y en el centro de la bahía, la Isla de Ratas custodiaba el acceso con sus diez cañones.
Al mermar la reserva de pólvora del ejército sitiador, se propuso realizar una incursión a la batería de la Isla de Ratas . El proyecto fue concertado entre Rondeau y su segundo, Soler. Era casi suicida. La isla estaba defendida por una guarnición armada y por diez cañones. Para asaltarla, se necesitaba una operación de infiltración, sigilo y sorpresa.
Se ofrecieron voluntarios y se seleccionó el personal de distintas unidades, entre ellas el Regimiento de Patricios, los Granaderos de Fernando VII, el Regimiento 3º "Arribeños", el Regimiento de Pardos y Morenos Patricios, el Regimiento de Dragones de la Patria y Artilleros . En total, se formó una fuerza de setenta hombres, incluyendo los remeros, procedentes de los diversos cuerpos que participaban del bloqueo . Entre ellos, soldados del Regimiento de Pardos y Morenos Patricios — una unidad de afrodescendientes que luchaba por la independencia .
El Comandante de la tropa era el Capitán Juan José Quesada, del Regimiento Dragones de la Patria, y el encargado de las embarcaciones y de la navegación era el Teniente de Marina Pablo Zufriategui. Quesada tenía como segundo al teniente José Caparrós, y Zufriategui tenía como segundo al piloto y ayudante interino de artillería Vicente Barbas . El ayudante mayor de Milicias Patrióticas, Ángel Mosqueira, ofició como práctico de la isla — alguien que la conocía bien .
Las tropas se concentraron en el Caserío de las Filipinas, en las cercanías de la desembocadura del arroyo Miguelete, y allí se trasladaron los botes en carretas y con el mayor sigilo .
La expedición estaba prevista que partiera el 13 de julio a bordo de unos botes de los pescadores del Arroyo Miguelete. Esa noche se produjo una gran tempestad y el General Rondeau canceló la misión . Pero esa misma tormenta desprendió dos botes de la fragata española Ifigenia, anclada en la bahía. Uno de ellos era de veintidós remos. Los botes llegaron a las costas a la altura del Arroyo Seco y fueron capturados por los patriotas . Era un golpe de suerte: ahora tenían botes más grandes y rápidos.
Desde allí fueron trasladados en carretas hasta la Casa de las Filipinas, en las cercanías de la desembocadura del Arroyo Miguelete . Se fijó la misión para la madrugada del 15 de julio.
Con las dos embarcaciones capturadas y el mayor de los botes de los pescadores, partieron desde la Cala del Sastre (aproximadamente a la altura de la actual Plaza Capurro), al norte de la ciudad sitiada, organizados en seis piquetes . Navegaron en la noche, en silencio, hacia la isla.
Antes de tocar las costas de la isla, un centinela los detectó y les requirió el santo y seña. Quesada respondió que eran refuerzos enviados desde la plaza. Fue suficiente para dar tiempo a los botes de atracar .
Los incursores asaltaron la costa, dieron muerte de un tiro al centinela . El comandante de la plaza, capitán Francisco Ruiz, salió de su alojamiento con una mecha encendida para dar fuego al cañón cargado a metralla que apuntaba al desembarcadero, y una pi***la en la otra mano . Fue eliminado a puñaladas. El resto de la guarnición se rindió sin ofrecer resistencia .
Ante la poca capacidad de los botes, solo se tomaron siete prisioneros . Los patriotas cargaron veinte quintales de pólvora — cerca de una tonelada —, armamentos y correajes. Luego, inutilizaron los diez cañones que allí estaban emplazados — introduciendo un clavo en el oído del cañón para inutilizarlos — y partieron de regreso . A las cinco de la madrugada, la expedición retornó a la costa, encabezados por Quesada y Zufriategui, siendo recibidos por el propio General Rondeau con dianas e himnos a la Patria .
VI. Las consecuencias
Las consecuencias de esta acción fueron de tremenda importancia. Se desarticuló el sistema defensivo de la bahía de Montevideo, integrado por la Fortaleza del Cerro, la Batería de la Isla de Ratas y el Fuerte San José del Real de San Felipe y Santiago (actualmente ubicado en la Playa de Contenedores del Puerto) . Se causaron bajas enemigas, se capturaron prisioneros, armamento, municiones y pólvora, y se destruyeron las piezas de artillería . Todo esto afectó la moral de los defensores y permitió, con su acción enérgica, continuar el asedio a la Plaza .
Para los patriotas, fue un importante aliciente; para los españoles, una conmoción superior a los efectos militares . El comandante general del Apostadero de Marina del Río de la Plata, José María Salazar, cansado de ser despreciado, reiteró su pedido de ser relevado del cargo. En carta del 21 de julio al secretario de Estado del Consejo de Regencia, tras informar de la "sorpresa" que hicieron sus enemigos en la Isla de Ratas, se quejó de la conducta del virrey Francisco Javier Elío, lo que terminaría con la separación de Salazar .
VII. El origen de los Comandos Orientales
El asalto a la Isla de Ratas no fue solo una batalla más de la guerra de independencia. Fue una operación que, por sus características — sigilo, infiltración, asalto sorpresa, uso de fuerzas reducidas — se asimilaba a las tácticas utilizadas por los comandos modernos .
Por eso, el decreto N° 281/06 del Poder Ejecutivo del Uruguay estableció el 15 de julio como el "Día de los Comandos Orientales" . El Ejército Nacional lo confirma: "Su origen se remonta a la conquista de la Isla de Ratas frente a la Bahía de Montevideo, bajo el mando del Teniente Pablo Zufriategui, derrotando al destacamento español, tomando su artillería y polvorín" .
Es un detalle que pocos montevideanos conocen. La isla que hoy está en ruinas, olvidada en el centro de la bahía, es el lugar donde nació una tradición militar que todavía perdura. No hay un monumento en la isla que lo recuerde. No hay una placa. Hay solo el viento y las ruinas.
VIII. Garibaldi y el cambio de nombre
La historia de la Isla de Ratas no terminó en 1811. Durante la Guerra Grande (1839-1851), la isla volvió a ser escenario de combates.
El 7 de abril de 1843, las fuerzas de Guillermo Brown, aliadas a Manuel Oribe, se apoderaron de la pólvora almacenada en la Isla de Ratas, aunque el comodoro británico John Brett Purvis obligó a su devolución atendiendo la queja de los comerciantes damnificados . El 30 de abril, algunas embarcaciones de la flota de Brown asaltaron nuevamente la isla, donde se había ubicado una guarnición. Giuseppe Garibaldi acudió en apoyo con algunos lanchones y soldados de la Legión Italiana. La guarnición de la isla rechazó a los atacantes .
El 18 de agosto de 1843, en una ceremonia, se cambió el nombre de la isla. Dejó de ser la Isla de Ratas y pasó a llamarse Isla Libertad . El nombre fue un homenaje al episodio de defensa del punto que hicieron las tropas garibaldinas, para impedir que la isla fuera tomada por la fuerza de Brown .
El cambio de nombre fue simbólico. Pero también fue una apropiación. La isla, que había sido un lugar de defensa colonial y de detención, se convertía en símbolo de libertad. No era la primera vez que un lugar de Montevideo cambiaba de nombre por razones políticas. Pero pocos cambios han tenido un significado tan claro.
X. La isla como centro de detención y aislamiento
La Isla de Ratas no solo era una batería militar. Era también un lugar de detención. Durante la época colonial, funcionó como un centro de reclusión para prisioneros . En 1923, cuando el cronista Alberto Moroy visitó la isla, todavía encontró las celdas de la vieja cárcel. Le contaron que, durante la revolución de Aparicio Saravia, varios presos se habían escapado a nado .
Más tarde, en el siglo XIX, la isla fue arrendada a la estación naval británica surta en el Río de la Plata . También fue utilizada como lugar de cuarentena para inmigrantes y tripulaciones de barcos, para asegurarse de que no llevaran enfermedades contagiosas antes de entrar a la ciudad . Pero el propósito duró poco: era muy fácil esquivar los controles y dirigirse a la ciudad . La distancia a la costa era de apenas 800 metros — un buen nadador podía cubrirla sin demasiada dificultad.
La isla, como tantos otros lugares de Montevideo, fue un lugar de control. De control militar, de control sanitario, de control social. Un lugar donde la ciudad se protegía de lo que venía de afuera.
X. El siglo XX: hidroaviones y abandono
En 1931, se construyó en la isla un hangar y una rampa de hidroaviones, y pasó a depender de la Armada Uruguaya como base aeronaval, inaugurándose como tal el 21 de febrero de 1933. En 1938 se tendieron entre tierra firme y la isla los cables de electricidad y teléfono .
La Armada utilizó la base hasta 1950, cuando dejó las instalaciones para mudarse a la nueva base aeronaval de Laguna del Sauce. Luego del retiro de la Armada, la base de la isla fue convertida en un depósito portuario para almacenar materiales inflamables y explosivos .
Hoy, todas las construcciones están en ruinas . La isla es un Monumento Histórico Nacional desde 1997 , pero abandonada a su suerte. La rampa de hidroaviones, el hangar, los restos de la batería colonial, el depósito de pólvora, el centro de detención, la monumental cisterna construida por los españoles — todo está en estado ruinoso.
XI. Conclusión: la isla que nos mira desde la bahía
La Isla de Ratas está ahí, en el centro de la bahía. La vemos desde la rambla, desde el Cerro, desde la Ciudad Vieja. Pero no la vemos. Es un punto en el horizonte, un lugar al que no vamos. Es un Monumento Histórico Nacional, pero está abandonado. Es el lugar de una de las operaciones militares más audaces de la historia uruguaya, pero pocos lo saben.
Es, en cierto modo, una metáfora de Montevideo. Una ciudad que tiene su historia bajo los pies y en el agua, pero que ha decidido no mirarla. Una ciudad que construye monumentos para olvidar, y olvida monumentos para construir.
Pero la isla sigue ahí. Con sus ruinas, sus nombres, sus historias. Con la memoria de los que la asaltaron en 1811 y los que la defendieron en 1843. Con la memoria de los que estuvieron detenidos allí, de los que hicieron cuarentena, de los que la usaron como base aeronaval. Con la memoria de todos los que pasaron por ese islote de cien metros por cincuenta en el centro de la bahía.
Montevideo, agosto de 2026.
"La historia no se lee, se camina."
La otra ciudad
— Ricardo Petrissans
BIBLIOGRAFÍA
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"Isla de Ratas". Hispanopedia.
Calgaro Bertolino, Norma. "Isla 'Libertad' – Bahía de Montevideo – Estudio Gráfico y Analítico de la Cartografía". 3er Seminario Regional de Ciudades Fortificadas, 2007.
Resolución N° 401/997. IMPO – Centro de Información Oficial.
Decreto N° 281/06 del Poder Ejecutivo del Uruguay.
Díaz Buschiazzo, Cap. Marcelo. Acciones Militares del Cuerpo de Patricios de Buenos Aires en la Banda Oriental (1807-1811). Tradinco, Montevideo, 2007.