La otra ciudad

La otra ciudad Conocer nuestro pasado es la mejor manera de construir nuestro futuro.

La Otra Ciudad es un proyecto cultural creado por el Dr. Ricardo Petrissans para rescatar, investigar y compartir la historia oculta de Montevideo y del Uruguay.

07/08/2026
06/08/2026

John Ponsonby, el dandy que fundó países para escapar del rey.
Adelantando parcialmente algunos contenidos de nuestra reunión de investigación del sábado de tarde.

I. El escándalo que cambió la historia
En 1825, las calles de Londres vivieron un fenómeno editorial sin precedentes. Largas filas de lectores esperaban para conseguir Memorias de Harriette Wilson, el texto más escandaloso de la alta sociedad inglesa. Wilson, una cortesana célebre que había sido dama de compañía de Lady Conyngham, la amante favorita del rey Jorge IV, publicó un libro que nombraba sin pudor a los personajes más poderosos de la época.

Entre ellos aparecía un nombre que pocos en Inglaterra conocían pero que cambiaría la historia de América del Sur: John Ponsonby. Wilson lo describía como "un apuesto hombre de quien Jorge IV sentía celos por culpa de Lady Conyngham". El rey, resentido por la
atención que su amante prestaba al aristócrata irlandés, decidió enviarlo al lugar más lejano del imperio.

Ese lugar era Buenos Aires. Y esa decisión, tomada por celos, terminó creando dos países.

II. Un irlandés en la corte inglesa
John Brabazon Ponsonby nació alrededor de 1770 en el condado de Kilkenny, Irlanda, en el seno de una de las familias más influyentes de la nobleza angloirlandesa. Fue el hijo mayor de
William Ponsonby, primer barón Ponsonby, y de Louisa Molesworth.

Según las Memorias de Harriette Wilson, Ponsonby y ella se conocieron alrededor de 1806, cuando él aún era el heredero de su padre. Wilson lo describe como un hombre de una belleza deslumbrante. En un pasaje del libro, ella conversa con dos amigas hasta que aparece "un hombre de belleza deslumbrante": es Ponsonby. Julia lo identifica como antiguo prometido de una amiga suya, nada menos que Elizabeth Denison, la futura Lady
Conyngham. La relación habría terminado por decisión del padre de Ponsonby.

Ponsonby sucedió a su padre como barón el 5 de noviembre de 1806. Era un hombre de gran atractivo y refinamiento, habitué del exclusivo Watier's Club de Londres, conocido por su elegancia, su afición a la esgrima y su vida disipada. "Un bohemio, esgrimista,
mujeriego", lo describen los investigadores actuales.

Pero detrás de esa fachada de dandi, había un hombre de una timidez extrema. Según Harriette Wilson, un amigo de Ponsonby le confió: "Lord Ponsonby, debido a su extrema reserva y su excesiva timidez, es muy poco conocido. Nunca desea ser conocido o apreciado sino por sus propios amigos particulares: sin embargo, conozco a pocos tan capaces de distinguirse en cualquier lugar, particularmente en el senado, como su señoría: su voz notablemente hermosa, y su lenguaje, siempre tan persuasivo y elocuente; además es un excelente político".

III. El triángulo: Ponsonby, Lady Conyngham y Jorge IV
Lady Conyngham, nacida Elizabeth Denison, era heredera de una inmensa fortuna. Se casó con Lord Conyngham en 1794. Según el duque de Wellington, conoció a Jorge (entonces príncipe de Gales) alrededor de 1806. Sin embargo, su romance con Ponsonby habría
comenzado alrededor de 1819, poco antes de que Jorge accediera al trono.

El Dictionary of National Biography sugiere que los celos del monarca influyeron en la decisión de enviar a Ponsonby a misiones diplomáticas lejos del centro del poder. No hay documentos
oficiales que lo confirmen directamente, pero las evidencias son abrumadoras.

En 1825, George Canning, el ministro de Asuntos Exteriores británico necesitaba un diplomático hábil para resolver el conflicto en el Río de la Plata. Pero el rey Jorge IV impuso a Ponsonby, un hombre sin experiencia en América. En febrero de 1826, Ponsonby fue nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario. Fue un movimiento que sirvió a dos propósitos: Canning obtenía un negociador hábil, y el rey se alejaba de un rival incómodo.

IV. "El lugar más despreciable que jamás vi"
Cuando Ponsonby desembarcó en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1826, su primera impresión fue de asco absoluto. Woodbine Parish, el cónsul británico, se quejó de que "un alto aristócrata está poco calificado para tratar a los bajísimos
demócratas con quienes debemos alternar aquí". Y Ponsonby parecía confirmar el diagnóstico.

En su correspondencia de esos días escribió: "Nunca vieron mis ojos país más odioso que Buenos Aires. [...] Realmente tiemblo cuando pienso que debo pasar algún tiempo aquí... esta tierra de polvo y pútridas osamentas, sin caballos, sin caminos, sin casas confortables... sin libros, sin teatro, que pueda llamarse así... Nada bueno, fuera de la carne. [...] Y la jactancia republicana en todo su
vigor. Intolerable sitio. [...] Me colgaría de un árbol si esta tierra miserable tuviese árboles apropiados."

Bernardino Rivadavia, el presidente de las Provincias Unidas, quiso ofrecerle una cena de gala. Ponsonby le comunicó que no pensaba comer en público ni en privado con alguien que "hablaba tanto". Fue un comienzo difícil.

V. La visión de un hacedor de países
Pero Ponsonby, a pesar de su altivez, demostró ser extraordinariamente apto para la labor. Su objetivo era claro: lograr la paz, mantener las alianzas y favorecer el comercio sin involucrar militarmente a Inglaterra.

El 20 de diciembre de 1826, en una misiva separada de su correspondencia oficial, Ponsonby expuso sus puntos de vista sobre la conveniencia de que la Banda Oriental se constituyera en un Estado independiente. Textualmente expresó: "If the War shall terminate, it seems to me of necessity that it will terminate in the establishment of an absolutely independent government in the Banda Oriental". El mediador había llegado a la conclusión de que la única alternativa para terminar el conflicto era la independencia del territorio en disputa.

El 18 de enero de 1827, Ponsonby volvió a referirse a este tema, titulando su misiva: "advantages which may be anticipated from the Independence of the Banda Oriental and following up that Policy". Allí desarrolló un minucioso análisis geopolítico:
• La Banda Oriental contenía "la llave del Plata y de Sudamérica superior".
• Su población tenía un fuerte sentimiento nacional y les desagradaban "los brasileros y los de Buenos Aires por igual", inclinándose más por los ingleses.
• Era un pueblo capaz de defenderse de sus vecinos, a pesar de su escasa población.

Pero la motivación británica no era puramente altruista. Ponsonby argumentaba que la posesión de la Banda Oriental por Brasil era peligrosa para los intereses comerciales británicos. Temía que Brasil, libre de sus obligaciones con Inglaterra tras la abdicación de Pedro I de la corona portuguesa, pudiera aliarse con Francia y entregarle puertos estratégicos. La independencia oriental, en cambio, crearía un Estado neutral que favorecería el libre comercio.

A diferencia de otros diplomáticos, Ponsonby veía a los orientales como capaces de gobernarse a sí mismos. Escribió a su gobierno: "La Banda Oriental es casi tan grande como Inglaterra, tiene el mejor puerto del Plata, el suelo es particularmente fértil, el clima es el mejor. Muchos de sus habitantes son tan cultos como cualquier persona de Buenos Aires y muy capaces de constituir un gobierno independiente, probablemente bien administrado."

Gran parte de la información que alimentó esta propuesta provenía de un personaje clave: Pedro Trápani, un saladerista oriental asociado con el tío de Ponsonby, Robert Ponsonby Staples. Trápani se convirtió en el "monje gris" de la independencia uruguaya, actuando como intermediario entre Lavalleja y el diplomático británico. Escribió a Lavalleja: "Ya lo tengo orientalizado y nos ha de servir de mucho."

VI. La Convención Preliminar de Paz
Las negociaciones fueron complejas y tortuosas. En abril de 1827, Manuel José García fue enviado a Río de Janeiro con instrucciones de negociar la paz sobre la base de "la erección y reconocimiento de dicho territorio en un Estado separado, libre e independiente". Pero la misión fracasó. García encontró al emperador Pedro I en una posición intransigente, y la Cancillería brasileña insistió en mantener la integridad territorial del Imperio.

La situación política en las Provincias Unidas era delicada. La Constitución de Rivadavia había sido rechazada por la mayoría de las provincias, y una guerra civil se desarrollaba dentro del territorio. La derrota brasileña en Ituzaingó había sido festejada en
Buenos Aires, pero no había llevado a la paz.

Ponsonby, mientras tanto, continuó presionando a ambas partes. En octubre de 1827, presentó a Buenos Aires un proyecto de armisticio que incluía una cláusula de amnistía política general y la prohibición a las tropas imperiales de ocupar otras partes del territorio oriental. El proyecto fue rechazado por el Imperio, pero Ponsonby no cejó.

El método de Ponsonby fue implacable. Presionó con energía a Manuel Dorrego, el gobernador de Buenos Aires, quien finalmente cedió. La aceptación de la independencia oriental le costó el cargo y la vida a Dorrego.

El 27 de agosto de 1828, con la firma de la Convención Preliminar de Paz, nació el Estado Oriental del Uruguay. No fue el resultado de una batalla, sino de una negociación. Fue el fruto de la astucia de un diplomático que entendió que la única salida era un país nuevo.
Ponsonby escribió: "Es a Lavalleja a quien debemos la paz, en gran parte al menos." Pero los orientales no le perdonaron su arrogancia. Los había descrito como un "pueblo impetuoso y salvaje". La paradoja de Lord Ponsonby es que fundó un país al que despreciaba.

VII. La misma fórmula en Europa
Ponsonby regresó a Londres en 1830. Su carrera diplomática apenas comenzaba. Pronto sería enviado a Bélgica, donde repitió la misma fórmula: un "Estado tapón" entre potencias mayores. Fue el artífice de la independencia belga, con el mismo método de presión y negociación. En su primera visita a Bruselas, durante un paseo, fue testigo de una pelea entre niños de diferentes comunidades que lo impresionó tanto como las disputas entre orientales, argentinos y brasileños. Al día siguiente, se entrevistó con los líderes belgas y declaró: "Si es así, cuente conmigo". El reino de Bélgica nació en ese momento.

Dos países, los dos llamados "estados tapón", anclados entre otros más grandes y poderosos. Los dos con puertos estratégicos. Los dos sin nacionalismos fuertes, pero con particularidades y deseos de autonomía.

En la década de 1830, Lord Grey, su cuñado, lo elogió en la Cámara de los Lores por su habilidad diplomática. Sus misiones posteriores lo llevaron a Nápoles, Constantinopla y Viena. Murió en Brighton el 21 de febrero de 1855, a los 85 años, sin hijos, con el título de vizconde que había recibido en 1839.

Lord Ponsonby nunca pisó Montevideo. Nunca vio el país que ayudó a crear. Pero su legado sigue ahí: en las calles, en las instituciones, en el debate permanente sobre si Uruguay fue un "experimento" o una nación gestada por la voluntad de sus propios habitantes.

VIII. Conclusión: el hacedor de países que trabajó en las sombras
La historia de Lord Ponsonby es incómoda para el relato oficial. No es un héroe de la independencia ni un villano. Es un hombre complejo: un aristócrata altanero, mujeriego, enviado al fin del mundo para alejarlo de la amante del rey, que terminó siendo el artífice de un país.

Como señala el realizador Ramiro Cabrera en el documental Ponsonbyland, Uruguay y Bélgica comparten una hermandad no oficial: son países pequeños, "tapones estratégicos" entre potencias mayores, que nacieron de una negociación en un escritorio. "No somos países muy nacionalistas. Somos hermanos putativos.

Nuestra independencia se firmó en un escritorio, somos el resultado de una negociación", dice Cabrera.
Los haters van a decir que Uruguay nació de un arreglo de escritorio. Que fue un "experimento" de un diplomático inglés. Que no hubo voluntad popular.

La respuesta es simple y compleja a la vez: Uruguay nació del coraje de sus guerreros, de la astucia de algunos diplomáticos, de las proclamas de sus líderes y de los celos de un rey que alejó a un dandi de su amante. Todo eso, a la vez.

Y en el centro de esa historia, hay un hombre que supo ver, antes que nadie, que la Banda Oriental podía ser un país.

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Montevideo, agosto de 2026.
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"La historia no se lee, se camina."
— Ricardo Petrissans Aguilar


La otra ciudad
Ricardo Petrissans Aguilar
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BIBLIOGRAFÍA
• Ibáñez, Pablo. "¿Castigado por amor? Lord Ponsonby y su vínculo con la realeza inglesa". Nautamedia Historia.
• "Ponsonbyland: Película sobre el diplomático clave en el nacimiento de Uruguay y Bélgica busca completar su financiamiento". En Perspectiva, 14 de abril de 2025.
• Cabrera, Ramiro; Moeraert, Eva. Ponsonbyland. Documental, 2025.
• The Memoirs of Harriette Wilson. 1825.
• Hernández Sierra, Enrique. Las relaciones internacionales y el proceso de creación del estado oriental. Tesis doctoral, UNED, 2016.
• Bottinelli, Oscar A. "Puertos de Lord Ponsonby". Factum, 2001.
• "John Ponsonby, 1st Viscount Ponsonby". Wikipedia, la enciclopedia libre.
• "La coterie debouché". British Museum.
• "Ponsonbyland: O la hermandad no oficial entre Uruguay y Bélgica". APU, 8 de septiembre de 2023.
• "Lord Ponsonby and the Eastern Question (1833-1839)". The Cambridge Historical Journal, Vol. 7, No. 1 (1941).
• "Ponsonbyland": el documental que revela las zonas grises de la historia fundacional de Uruguay y Bélgica". EL PAÍS Uruguay, 26 de julio de 2025.

La centinela olvidada.Historia completa de la Isla de Ratas, el islote que defendió y a Monteveo.I. Un islote de cien me...
06/08/2026

La centinela olvidada.
Historia completa de la Isla de Ratas, el islote que defendió y a Monteveo.

I. Un islote de cien metros por cincuenta
En el centro de la bahía de Montevideo, a unos ochocientos metros de la costa, emerge un pequeño islote de piedra. Mide apenas cien metros de largo por cincuenta de ancho. Su superficie es de aproximadamente cuatro hectáreas, el tamaño de cuatro campos de fútbol. La zona que lo rodea es tan poco profunda que los barcos grandes apenas pueden navegar allí.

Es la Isla de Ratas. O la Isla Libertad, como se llama desde 1843. O la Isla de la Guerrilla, de las Gaviotas, de los Franceses, de los Conejos, de las Palomas — los nombres que ha tenido a lo largo de los siglos. Orestes Araujo (1853-1915), el historiador que registró esas denominaciones, sabía que cada nombre era una historia.

Un islote insignificante, dirían algunos. Un Monumento Histórico Nacional desde 1997, dice la resolución 401/997 firmada por el presidente Julio María Sanguinetti. Un lugar olvidado, abandonado a su suerte, en estado ruinoso, dice quien lo visita hoy. Pero también un escenario de una de las historias más fascinantes y menos contadas de Montevideo: la de un centinela que defendió la ciudad, que fue tomado por asalto en una noche de tormenta, y que terminó siendo símbolo de libertad.

II. Los nombres de una isla
La Isla de Ratas ha tenido más nombres que cualquier otro lugar de Montevideo. Según el historiador Orestes Araujo, la secuencia fue: Isla de los Patos, de las Gaviotas, de los Conejos, de las Guerrillas, de los Franceses, de las Palomas, de las Ratas y, finalmente, de la Libertad .

Cada nombre cuenta una historia. "Isla de los Patos" y "de las Gaviotas" y "de las Palomas" hablan de su fauna. "Isla de los Conejos" habla de su uso como lugar de cría. "Isla de las Guerrillas" habla de los combates que allí se libraron. "Isla de los Franceses" habla de la presencia de marinos franceses en la bahía. "Isla de las Ratas" es el nombre que la historia ha conservado, quizás el más despectivo de todos. "Isla de la Libertad" es el nombre oficial desde 1843, el que le dieron Garibaldi y sus hombres.

Los nombres son memoria. Y en una isla que ha sido tantas cosas, los nombres son la única manera de recordar lo que fue.

III. El primer encuentro: los nidos ocultos de Feuillée
La historia documentada de la isla comienza antes de la fundación de Montevideo. Luis Feuillée, un fraile francés, matemático, astrónomo, botánico y viajero, pasó por estas costas en 1708. En su diario anotó que, habiendo tocado por la mañana una islita, encontró "una gran cantidad de nidos ocultos entre la yerba" . Fue el primer registro escrito del islote que hoy conocemos como Isla de Ratas.

En 1723, cuando Bruno Mauricio de Zabala llegó a Montevideo para expulsar a los portugueses que se habían instalado en la península, la isla ya estaba allí, testigo mudo de los primeros conflictos. El capitán Pedro Gronardo, práctico del Río de la Plata, informó a Zabala que había encontrado en la ensenada un navío de guerra portugués de 50 cañones y, en tierra, unos 300 hombres que se fortificaban. La isla, aún sin nombre definitivo, ya era parte del tablero de la disputa colonial.

IV. La defensa colonial de la bahía
Durante la época colonial, la bahía de Montevideo era el corazón de la ciudad. Por ella entraban los barcos, las mercancías, los soldados, los esclavizados. También por ella podían llegar los enemigos. Por eso, los españoles convirtieron la bahía en una fortaleza.

El sistema de defensa tenía tres piezas clave. Al oeste, la Fortaleza del Cerro, desde cuya cima se dominaba toda la bahía. Al este, la ciudad amurallada y sus baterías. Y en el centro, justo en medio del agua, la Isla de Ratas .

Los realistas construyeron en la isla una batería a barbeta para cañones, con explanada de piedra, cuartos de guardia, un depósito de pólvora y un centro de detención . La nueva batería fue diseñada el 15 de marzo de 1811 por el brigadier José del Pozo y Marquy, Ingeniero Comandante de Montevideo. Tenía diez cañones: seis de a 24, dos de 18 y dos de 12 . La primera fortificación sólida era un simple parapeto de 80 centímetros de ancho, con seis caras dispuestas de forma estratégica para defender la entrada de la bahía. De los seis muros, solo tres estaban construidos en piedra; los extremos eran de adobe.

Desde 1812, el simple parapeto de 84 centímetros de altura pasó a formar parte de una construcción de figura irregular, totalmente cerrada, de 2 metros de altura. El edificio que albergaba a la tropa —el "cuerpo de guardia"—, el cuarto del jefe y el polvorín, era de forma rectangular, de aproximadamente 7 metros por 23 metros, con tres habitaciones, dos con techo liviano y una abovedada por corresponder al polvorín .

Pero había un problema. Los cañones eran de tan corto alcance que desde el Cerro solo se podía defender el polvorín de la isla . La isla era un puesto avanzado, no una fortaleza autónoma. Dependía del Cerro, y el Cerro dependía de ella. Era una defensa frágil, un eslabón débil en la cadena que protegía la ciudad.

V. El asalto de 1811: la operación comando que cambió la guerra
En 1811, Montevideo estaba sitiada por las fuerzas patriotas al mando del general José Rondeau. La ciudad, con sus muros de nueve metros de altura y seis de ancho, sus cuatro bastiones rodeados por un foso, era inexpugnable para un ejército con escasa artillería. Pero la ciudad tenía un punto débil: su dependencia del agua y los alimentos que llegaban por la bahía.

Los patriotas habían cortado los accesos terrestres. Pero la bahía seguía abierta, controlada por la flota realista. Y en el centro de la bahía, la Isla de Ratas custodiaba el acceso con sus diez cañones.

Al mermar la reserva de pólvora del ejército sitiador, se propuso realizar una incursión a la batería de la Isla de Ratas . El proyecto fue concertado entre Rondeau y su segundo, Soler. Era casi suicida. La isla estaba defendida por una guarnición armada y por diez cañones. Para asaltarla, se necesitaba una operación de infiltración, sigilo y sorpresa.

Se ofrecieron voluntarios y se seleccionó el personal de distintas unidades, entre ellas el Regimiento de Patricios, los Granaderos de Fernando VII, el Regimiento 3º "Arribeños", el Regimiento de Pardos y Morenos Patricios, el Regimiento de Dragones de la Patria y Artilleros . En total, se formó una fuerza de setenta hombres, incluyendo los remeros, procedentes de los diversos cuerpos que participaban del bloqueo . Entre ellos, soldados del Regimiento de Pardos y Morenos Patricios — una unidad de afrodescendientes que luchaba por la independencia .

El Comandante de la tropa era el Capitán Juan José Quesada, del Regimiento Dragones de la Patria, y el encargado de las embarcaciones y de la navegación era el Teniente de Marina Pablo Zufriategui. Quesada tenía como segundo al teniente José Caparrós, y Zufriategui tenía como segundo al piloto y ayudante interino de artillería Vicente Barbas . El ayudante mayor de Milicias Patrióticas, Ángel Mosqueira, ofició como práctico de la isla — alguien que la conocía bien .

Las tropas se concentraron en el Caserío de las Filipinas, en las cercanías de la desembocadura del arroyo Miguelete, y allí se trasladaron los botes en carretas y con el mayor sigilo .

La expedición estaba prevista que partiera el 13 de julio a bordo de unos botes de los pescadores del Arroyo Miguelete. Esa noche se produjo una gran tempestad y el General Rondeau canceló la misión . Pero esa misma tormenta desprendió dos botes de la fragata española Ifigenia, anclada en la bahía. Uno de ellos era de veintidós remos. Los botes llegaron a las costas a la altura del Arroyo Seco y fueron capturados por los patriotas . Era un golpe de suerte: ahora tenían botes más grandes y rápidos.

Desde allí fueron trasladados en carretas hasta la Casa de las Filipinas, en las cercanías de la desembocadura del Arroyo Miguelete . Se fijó la misión para la madrugada del 15 de julio.

Con las dos embarcaciones capturadas y el mayor de los botes de los pescadores, partieron desde la Cala del Sastre (aproximadamente a la altura de la actual Plaza Capurro), al norte de la ciudad sitiada, organizados en seis piquetes . Navegaron en la noche, en silencio, hacia la isla.

Antes de tocar las costas de la isla, un centinela los detectó y les requirió el santo y seña. Quesada respondió que eran refuerzos enviados desde la plaza. Fue suficiente para dar tiempo a los botes de atracar .

Los incursores asaltaron la costa, dieron muerte de un tiro al centinela . El comandante de la plaza, capitán Francisco Ruiz, salió de su alojamiento con una mecha encendida para dar fuego al cañón cargado a metralla que apuntaba al desembarcadero, y una pi***la en la otra mano . Fue eliminado a puñaladas. El resto de la guarnición se rindió sin ofrecer resistencia .

Ante la poca capacidad de los botes, solo se tomaron siete prisioneros . Los patriotas cargaron veinte quintales de pólvora — cerca de una tonelada —, armamentos y correajes. Luego, inutilizaron los diez cañones que allí estaban emplazados — introduciendo un clavo en el oído del cañón para inutilizarlos — y partieron de regreso . A las cinco de la madrugada, la expedición retornó a la costa, encabezados por Quesada y Zufriategui, siendo recibidos por el propio General Rondeau con dianas e himnos a la Patria .

VI. Las consecuencias
Las consecuencias de esta acción fueron de tremenda importancia. Se desarticuló el sistema defensivo de la bahía de Montevideo, integrado por la Fortaleza del Cerro, la Batería de la Isla de Ratas y el Fuerte San José del Real de San Felipe y Santiago (actualmente ubicado en la Playa de Contenedores del Puerto) . Se causaron bajas enemigas, se capturaron prisioneros, armamento, municiones y pólvora, y se destruyeron las piezas de artillería . Todo esto afectó la moral de los defensores y permitió, con su acción enérgica, continuar el asedio a la Plaza .

Para los patriotas, fue un importante aliciente; para los españoles, una conmoción superior a los efectos militares . El comandante general del Apostadero de Marina del Río de la Plata, José María Salazar, cansado de ser despreciado, reiteró su pedido de ser relevado del cargo. En carta del 21 de julio al secretario de Estado del Consejo de Regencia, tras informar de la "sorpresa" que hicieron sus enemigos en la Isla de Ratas, se quejó de la conducta del virrey Francisco Javier Elío, lo que terminaría con la separación de Salazar .

VII. El origen de los Comandos Orientales
El asalto a la Isla de Ratas no fue solo una batalla más de la guerra de independencia. Fue una operación que, por sus características — sigilo, infiltración, asalto sorpresa, uso de fuerzas reducidas — se asimilaba a las tácticas utilizadas por los comandos modernos .

Por eso, el decreto N° 281/06 del Poder Ejecutivo del Uruguay estableció el 15 de julio como el "Día de los Comandos Orientales" . El Ejército Nacional lo confirma: "Su origen se remonta a la conquista de la Isla de Ratas frente a la Bahía de Montevideo, bajo el mando del Teniente Pablo Zufriategui, derrotando al destacamento español, tomando su artillería y polvorín" .

Es un detalle que pocos montevideanos conocen. La isla que hoy está en ruinas, olvidada en el centro de la bahía, es el lugar donde nació una tradición militar que todavía perdura. No hay un monumento en la isla que lo recuerde. No hay una placa. Hay solo el viento y las ruinas.

VIII. Garibaldi y el cambio de nombre
La historia de la Isla de Ratas no terminó en 1811. Durante la Guerra Grande (1839-1851), la isla volvió a ser escenario de combates.

El 7 de abril de 1843, las fuerzas de Guillermo Brown, aliadas a Manuel Oribe, se apoderaron de la pólvora almacenada en la Isla de Ratas, aunque el comodoro británico John Brett Purvis obligó a su devolución atendiendo la queja de los comerciantes damnificados . El 30 de abril, algunas embarcaciones de la flota de Brown asaltaron nuevamente la isla, donde se había ubicado una guarnición. Giuseppe Garibaldi acudió en apoyo con algunos lanchones y soldados de la Legión Italiana. La guarnición de la isla rechazó a los atacantes .

El 18 de agosto de 1843, en una ceremonia, se cambió el nombre de la isla. Dejó de ser la Isla de Ratas y pasó a llamarse Isla Libertad . El nombre fue un homenaje al episodio de defensa del punto que hicieron las tropas garibaldinas, para impedir que la isla fuera tomada por la fuerza de Brown .

El cambio de nombre fue simbólico. Pero también fue una apropiación. La isla, que había sido un lugar de defensa colonial y de detención, se convertía en símbolo de libertad. No era la primera vez que un lugar de Montevideo cambiaba de nombre por razones políticas. Pero pocos cambios han tenido un significado tan claro.

X. La isla como centro de detención y aislamiento
La Isla de Ratas no solo era una batería militar. Era también un lugar de detención. Durante la época colonial, funcionó como un centro de reclusión para prisioneros . En 1923, cuando el cronista Alberto Moroy visitó la isla, todavía encontró las celdas de la vieja cárcel. Le contaron que, durante la revolución de Aparicio Saravia, varios presos se habían escapado a nado .

Más tarde, en el siglo XIX, la isla fue arrendada a la estación naval británica surta en el Río de la Plata . También fue utilizada como lugar de cuarentena para inmigrantes y tripulaciones de barcos, para asegurarse de que no llevaran enfermedades contagiosas antes de entrar a la ciudad . Pero el propósito duró poco: era muy fácil esquivar los controles y dirigirse a la ciudad . La distancia a la costa era de apenas 800 metros — un buen nadador podía cubrirla sin demasiada dificultad.

La isla, como tantos otros lugares de Montevideo, fue un lugar de control. De control militar, de control sanitario, de control social. Un lugar donde la ciudad se protegía de lo que venía de afuera.

X. El siglo XX: hidroaviones y abandono
En 1931, se construyó en la isla un hangar y una rampa de hidroaviones, y pasó a depender de la Armada Uruguaya como base aeronaval, inaugurándose como tal el 21 de febrero de 1933. En 1938 se tendieron entre tierra firme y la isla los cables de electricidad y teléfono .

La Armada utilizó la base hasta 1950, cuando dejó las instalaciones para mudarse a la nueva base aeronaval de Laguna del Sauce. Luego del retiro de la Armada, la base de la isla fue convertida en un depósito portuario para almacenar materiales inflamables y explosivos .

Hoy, todas las construcciones están en ruinas . La isla es un Monumento Histórico Nacional desde 1997 , pero abandonada a su suerte. La rampa de hidroaviones, el hangar, los restos de la batería colonial, el depósito de pólvora, el centro de detención, la monumental cisterna construida por los españoles — todo está en estado ruinoso.

XI. Conclusión: la isla que nos mira desde la bahía
La Isla de Ratas está ahí, en el centro de la bahía. La vemos desde la rambla, desde el Cerro, desde la Ciudad Vieja. Pero no la vemos. Es un punto en el horizonte, un lugar al que no vamos. Es un Monumento Histórico Nacional, pero está abandonado. Es el lugar de una de las operaciones militares más audaces de la historia uruguaya, pero pocos lo saben.

Es, en cierto modo, una metáfora de Montevideo. Una ciudad que tiene su historia bajo los pies y en el agua, pero que ha decidido no mirarla. Una ciudad que construye monumentos para olvidar, y olvida monumentos para construir.

Pero la isla sigue ahí. Con sus ruinas, sus nombres, sus historias. Con la memoria de los que la asaltaron en 1811 y los que la defendieron en 1843. Con la memoria de los que estuvieron detenidos allí, de los que hicieron cuarentena, de los que la usaron como base aeronaval. Con la memoria de todos los que pasaron por ese islote de cien metros por cincuenta en el centro de la bahía.

Montevideo, agosto de 2026.

"La historia no se lee, se camina."


La otra ciudad

— Ricardo Petrissans

BIBLIOGRAFÍA

"Isla de Ratas desde el aire". Radiomundo En Perspectiva, 5 de marzo de 2016.

"Isla de Ratas". Wikipedia, la enciclopedia libre.

"Asalto de la Isla de las Ratas". Wikipedia, la enciclopedia libre.

"La conquista de la Isla de Ratas". Ejército del Uruguay.

"Isla de Ratas". DBpedia.

"Isla Libertad". Intendencia de Montevideo.

"Vicente Barbas". Wikipedia, la enciclopedia libre.

"Isla de Ratas". Hispanopedia.

Calgaro Bertolino, Norma. "Isla 'Libertad' – Bahía de Montevideo – Estudio Gráfico y Analítico de la Cartografía". 3er Seminario Regional de Ciudades Fortificadas, 2007.

Resolución N° 401/997. IMPO – Centro de Información Oficial.

Decreto N° 281/06 del Poder Ejecutivo del Uruguay.

Díaz Buschiazzo, Cap. Marcelo. Acciones Militares del Cuerpo de Patricios de Buenos Aires en la Banda Oriental (1807-1811). Tradinco, Montevideo, 2007.

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11100

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