03/27/2026
Ese insecto con pinzas que encontraste en la lechuga no estaba comiéndola. Estaba cazando lo que sí la comía.
A la tijereta se la aplasta por reflejo. Las pinzas la hacen parecer peligrosa, su aparición nocturna la hace parecer furtiva, y encontrarla entre las hojas la convierte automáticamente en sospechosa. La reputación lleva siglos antes de que nadie comprobara si era merecida.
Las pinzas no son para atacar plantas. Son para sujetar presas. La tijereta es un depredador nocturno de pulgones, ácaros, huevos de mosca blanca y larvas pequeñas de lepidópteros. Sale a cazar cuando el jardín está en silencio, recorre tallo por tallo, y consume entre 50 y 60 pulgones por noche en plena infestación.
El daño que se le atribuye en hojas tiernas es real pero secundario — ocurre cuando la población es muy alta y la presa escasea. En equilibrio, la tijereta come insectos, no plantas.
La Forficula auricularia, la especie más común en España, es reconocible por las pinzas simétricas — curvas en el macho, casi rectas en la hembra — y por su actividad estrictamente nocturna. Durante el día se refugia en grietas, bajo corteza suelta o en el interior de flores tubulares. Encontrarla de día es señal de que algo la ha desplazado.
La tijereta escondida bajo una maceta volcada junto al rosal no es una plaga esperando entrar en casa. Es una cazadora descansando entre turno y turno.
En lugar de aplastar:
Deja refugios de cartón enrollado o bambú hueco cerca de las plantas más afectadas por pulgón — se instalará sola y trabajará de noche.
Si aparece en casa, devuélvela al jardín — no tiene ningún interés en el interior.
Una población estable de tijereta en el jardín es señal de equilibrio, no de infestación.