06/09/2026
Hay heridas que no se ven.
Heridas causadas por palabras, traiciones, rechazos, decepciones o pérdidas que dejaron marcas profundas en el corazón.
Y muchas veces, después de ser heridos, sentimos la tentación de apagar nuestra luz. Dejamos de confiar, dejamos de servir, dejamos de creer, dejamos de amar como antes.
Pero observa la imagen.
La mano está herida... pero la lámpara sigue encendida.
Eso es lo que Dios desea hacer en nosotros.
No siempre evitará que seamos heridos, pero sí puede impedir que la herida apague aquello que Él puso dentro de nosotros.
David fue herido por quienes debía amar. Pablo fue herido por personas a quienes había servido. Sin embargo, ninguno permitió que el dolor apagara el propósito de Dios en su vida.
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
Mateo 5:16
Quizá hoy tu corazón tenga cicatrices.
Quizá todavía duela recordar ciertas experiencias.
Pero recuerda esto: las heridas pueden marcar tus manos, pero no tienen por qué apagar tu luz.
Cristo sigue siendo capaz de sanar lo que duele, restaurar lo que fue quebrado y volver a encender la esperanza donde parecía haberse extinguido.
No permitas que la oscuridad de otros te robe la luz que Dios encendió en ti.
Aunque estés herido... sigue sosteniendo la luz.