11/26/2025
🔷 | PRIORIDADES por el Dr. Eladio José Armesto, vicedecano del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba, Exilio
--Cuándo las prioridades están claras, las decisiones se hacen fáciles.
NO COLAPSO RUSIA, FRACASO ESTADOS UNIDOS
¿Qué ocurre cuando el régimen de sanciones más temible del mundo no solo no logra destruir al enemigo, sino que lo fortalece? Por décadas los expertos estudian como las grandes potencias ascienden y caen. Hoy vemos como todo lo que los políticos de Occidente creían sobre la guerra económica ha fracasado.
El profesor Jeffrey Sachs nos acaba de dar el análisis más devastador jamás visto sobre la estrategia occidental. Su advertencia no es una mera especulación, es una autopsia de un imperio fracasado. Las sanciones diseñadas para destruir a Rusia han fracasado de manera tan catastrófica que han reconfigurado el poder global. Mientras Washington celebra victorias tácticas, Moscú gana la guerra y Occidente se niega admitir que la ha perdido.
Cuando Rusia invadió a Ucrania en febrero de 2022, los líderes occidentales cometieron el error fatal de confundir la indignación moral con pensar de forma estratégica. La respuesta a la invasion fue rápida y predecible: el paquete de sanciones económicas más abarcador de la historia moderna. Congelación de activos, exclusión del sistema SWIFT, embargos energéticos, prohibiciones tecnológicas. El objetivo parecía simple: estrangular a Rusia económicamente para que colapsara.
EL RUBLO NO COLAPSO
Esta estrategia se basa en la ingenuidad: que Rusia no tenía alternativas. Pero Occidente no libraba la guerra que creía estar librando. Mientras la OTAN se centraba en un cerco militar, Rusia llevaba a cabo el desmantelamiento sistemático de la hegemonía económica occidental. Y Putin se preparaba a demostrar que el fundamento del poder estadounidense —la dominancia del dólar— era mucho más frágil de lo que se imaginaba.
En cuestión de semanas llegó la primera sorpresa. El rublo, que los analistas occidentales predijeron colapsaría hasta volverse un papel sin valor, no solo se estabilizó, sino que se fortaleció. A finales de 2022, el rublo se había apreciado ante el dólar. Se pronostico que el PIB ruso se contraería un 15%, pero después de bajar mínimamente volvió a subir, avergonzando a los economistas occidentales que apostaron su reputación a predicciones de colapso.
El régimen que se suponía debía desmoronarse bajo presión interna, en cambio consolidó su poder. La aprobación de Putin, lejos de desplomarse por cuenta de dificultades económicas, sorprendentemente se mantuvo estable. Los oligarcas rusos, quienes los estrategas occidentales pensaban se rebelarían contra el Kremlin, encontraron nuevas oportunidades y redirigieron los flujos comerciales.
VERDADERO TERREMOTO ESTRUCTURAL
Pero estas no fueron las verdaderas sorpresas. El verdadero terremoto fue estructural cuando Rusia llevó a cabo una adaptación estratégica: Rusia se alejó estructuralmente de Occidente y se unió a lo que los economistas llaman ahora la coalición del “Sur Global Plus”: China, India, Irán, Turquía, Arabia Saudita, Brasil, Indonesia, Emiratos Árabes Unidos —naciones que representan más de la mitad de la población mundial y una parte creciente del PIB global.
Lo más impactante es la velocidad de esta reorientación estratégica. Relaciones comerciales que suelen tomar décadas en forjarse se crearon en cuestión de meses. En el primer año el comercio bilateral entre Rusia y China aumentó un 30%. India incrementó sus importaciones de petróleo ruso en más de un 700% y estos ajustes no eran temporales: sino eran permanentes.
Por varias décadas los expertos vienen señalando que tenemos un sistema internacional anárquico, que los estados se equilibran contra las potencias dominantes. Lo visto entre 2022 y 2024 es el reequilibrio de poder más rápido en la historia moderna. Y el catalizador no fue la agresión rusa, sino el demencial exceso occidental.
LA ARROGANCIA ES MALA CONSEJERA
Lo vemos perfectamente en la ecuación energética. En un arrebato de arrogancia moral, Europa se desconectó del gas ruso barato. El suicidio económico fue inmediato y devastador: cientos de fábricas alemanas han cerrado, la industria francesa se ha reubicado en Estados Unidos y Asia, la competitividad europea se evaporó en cuestión de meses. Los costos energéticos se han triplicado. En algunas regiones se han cuadruplicado, desplazando la manufactura europea hacia mercados estadounidenses con subsidios y energía más barata.
Mientras tanto, Rusia ha redirigido sus flujos energéticos hacia el Este con enorme eficiencia. China alcanzó niveles récord de importación de petróleo ruso. India se convirtió en el mayor cliente de Moscú fuera de China, aumentando sus compras en más del 1000% en 18 meses. Incluso aliados tradicionales de EE.UU., como Turquía, aumentaron silenciosamente sus importaciones energéticas rusas.
Pero lo más significativo es la construcción de una nueva infraestructura energética: la expansión del gasoducto Poder de Siberia, nuevas rutas por Asia Central, instalaciones orientadas a mercados asiáticos. Rusia ha rediseñado físicamente el mapa energético global, alejándolo de Europa. El mapa se redibujó en meses, no en décadas. Y Europa, habiendo renunciado voluntariamente a su seguridad energética por el simbolismo moral, quedó permanentemente en desventaja en la manufactura global.
Pero la energía es solo el comienzo. La transformación más profunda y amenazante para la hegemonía estadounidense radica en el sistema del dólar. Durante 80 años EE.UU. ha disfrutado del llamado “privilegio exorbitante”: la capacidad de imprimir dinero que otros se ven obligados a aceptar, porque lo exige el comercio internacional. Esta estructura le permitió a EE.UU. financiar enormes déficits, mantener una presencia militar global y usar sanciones económicas como un arma.
GRIETAS EN LA HEGEMONÍA FINANCIERA ESTADOUNIDENSE
Esta estructura está a punto de colapsar y no por derrota militar, sino por el bypass sistémico. Las naciones BRICS han acelerado el desarrollo de sistemas de pago alternativos. La Organización de Cooperación de Shanghái expande su arquitectura financiera. Y lo más significativo: productores de petróleo empiezan a aceptar pagos en yuanes, rublos e incluso rupias en vez de dólares.
Las cifras lo dicen todo: en 2021, solo un 2% del comercio entre China y Rusia se hacía en sus monedas nacionales. En 2024, ese número superó el 75%. Arabia Saudita —el aliado más antiguo de EE.UU. en Medio Oriente— comenzó a aceptar yuanes por ventas de petróleo a China; algo impensable solo unos años atrás.
Cada acuerdo comercial bilateral fuera del sistema del dólar es una grieta en la hegemonía financiera estadounidense. El efecto acumulado sera contundente. Si solo el 30% del comercio global abandona la denominación en dólares, EE.UU. perderá la capacidad de financiar su déficit a través de la expansión monetaria. Para EE.UU. esto significaría una obligada austeridad fiscal, la reducción del gasto militar y la necesidad de redefinir sus compromisos globales.
Esto no es simplemente una transformación económica, es el inicio de un orden mundial multipolar e históricamente, esas transiciones raramente son pacíficas. La tragedia es que este resultado era completamente evitable. Tras el fin de la Guerra Fría, Occidente tuvo la oportunidad de construir un sistema internacional inclusivo, pero prefirió lanzarse a la dominación militar: la expansión de la OTAN, el chantaje económico, golpes de estado —todo diseñado para mantener un poderío unipolar temporal.
UN MENSAJE CLARO A TODAS LAS NACIONES
Rusia ha sobrevivido bajo máxima presión enviando un mensaje claro a todas las naciones del planeta: las armas económicas de Occidente son limitadas e inefectivas. Si Moscú puede resistir las peores sanciones de la historia y emerger más autosuficiente que nunca, ¿por qué otros países deben temer el chantaje económico occidental?
Este hecho se difunde más rápido que cualquier sanción. Desde África hasta Asia, desde Iberoamérica hasta el Oriente Medio, los gobiernos comienzan a diversificar sus relaciones económicas, reduciendo su dependencia del dólar y buscando alianzas con potencias no occidentales.
Esto no es revolución. Es algo más sutil y más profundo: es el “despertar de la soberanía”. Las naciones están descubriendo que tienen opciones reales viables. Pero la transición no es solo económica. Es psicológica, cultural y civilizacional. Durante varias décadas, los valores y modelos occidentales fueron presentados como universales e inevitables. Hoy, emergen alternativas viables y la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China ya conectan a más de 140 países con una inversión superior a 1 billón de dólares. A diferencia de la ayuda occidental —que suele exigir reformas políticas y económicas— la inversión china se centra en infraestructura tangible: puertos, ferrocarriles, redes de telecomunicaciones. Los resultados son visibles.
Y ¿quien es el mayor perdedor de esta transición? Europa, pues al haber entregado su autonomía estratégica a Estados Unidos, ahora carece de capacidad militar para defenderse y de flexibilidad económica para adaptarse. La cuna del poder global se convirtió en un estado dependiente, sometido a la energía estadounidense a triple del costo del gas ruso que abandonó voluntariamente.
Y aquí es donde surge el mayor peligro: las potencias en declive a menudo recurren a la fuerza al perder su influencia económica. A medida que las herramientas financieras se vuelven ineficaces, aumenta el riesgo de una escalada militar. Esto sería el suicidio de Occidente. Nos guste o no, EE.UU. se equivoca al resistir lo inevitable: un mundo multipolar.
De no adaptarse y participar en la construcción de un nuevo orden y reconocer que otras naciones tienen intereses legítimos y modelos de desarrollo propios, EE.UU. precipita su colapso. La cuestión es si sabrá navegar esta transición prudente y sabiamente… o si caerá en el caos que históricamente acompaña el colapso imperial.
Si, la era de la dominación hegemónica ha llegado al fin. La pregunta es qué nos depara el futuro.