05/13/2026
Un día como hoy, en el 40.º día de la cuenta del Omer, Yeshúa ascendió al cielo después de haberse aparecido durante cuarenta días a sus discípulos.
Pero antes de ascender, dejó instrucciones que con el tiempo terminarían siendo alteradas por la tradición religiosa.
En muchas Biblias modernas, Mateo 28:19 aparece con la frase:
“bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
Sin embargo, los escritos citados por Eusebio en el siglo IV y las lecturas hebreas antiguas de Mateo preservan una forma distinta del pasaje:
“Id y haced discípulos a todas las naciones, enseñándoles a guardar todas las cosas que os he mandado.”
Ese detalle cambia completamente el enfoque.
La instrucción no giraba alrededor de repetir una fórmula litúrgica, sino de enseñar obediencia a las palabras del Mesías.
De hecho, el mismo registro histórico muestra que los discípulos nunca bautizaron utilizando la frase trinitaria añadida posteriormente por la tradición religiosa.
La misión era clara:
predicar el evangelio, hacer discípulos y enseñar a guardar todo lo que Yeshúa había mandado.
Luego, Yeshúa los llevó hacia Beit Anía. Allí levantó sus manos y los bendijo. Y mientras los bendecía, fue llevado arriba al cielo y se sentó a la diestra de Yehováh.
La ascensión no fue solamente un evento sobrenatural.
También fue el momento en que quedó establecida la misión que sus discípulos debían continuar… antes de que siglos después las tradiciones comenzaran a reemplazar las instrucciones originales.