06/09/2026
UNA CARTA DE GRATITUD, HONRA Y DE UN DESEADO HASTA LUEGO, PORQUE ESTO NO ES UN ADIÓS, EN LA FAMILIA DE CRISTO ESO NO EXISTE Y GLORIA A DIOS POR ELLO…
Agradecidos con Dios primeramente, por darnos el privilegio de despedirnos el día de hoy de la Iglesia Rey de Reyes, una despedida con un tono de un deseado hasta luego.
Pero también agradecidos con el Pastor Hugo Dguez. por darnos la oportunidad de estar al frente de la congregación y despedirnos, por darnos esa palabra puntual sobre nuestras vidas, ese texto bíblico que usaste nos perseguirá a dónde quiera que vayamos, muchas gracias por atender a la voz de Dios en beneficio de nosotros…
Gracias por orar por nosotros dos, por enviarnos con la bendición pastoral que Dios usará en cada paso que vayamos a dar, muchas gracias 🫂 y gracias de antemano por querer seguir pastoreando nuestras vidas y sobre todo a su debido tiempo por seguir pastoreando no solamente nuestras vidas sino también una visión que estamos creyendo que Dios a puesto en nuestras vidas, nos une el amor y yo sé que ese amor estará en aumento en nuestras vidas, somos una familia en Cristo en tiempo presente y por la eternidad….
Les comparto el escrito que acabamos de publicar presencialmente en la Iglesia Rey de Reyes, porque estoy seguro que más de uno le será de bendición 😁🙏🏼
Una de las razones más importantes por las que debemos orar por nuestros pastores es la siguiente:
¿Saben cuál es la oveja más complicada que a un pastor le toca pastorear?
Es una oveja que está con él las veinticuatro horas del día, y los 7 días de la semana…
No importa dónde vaya.
No importa qué esté haciendo.
Siempre está ahí.
Así es:
Es su propio corazón.
Porque, antes de poder pastorear correctamente a otras personas, un pastor tiene que aprender continuamente a pastorearse a sí mismo.
Y probablemente esa sea una de las tareas más difíciles.
Un pastor puede enseñar a otros.
Puede aconsejar a otros.
Puede corregir a otros.
Puede animar a otros.
Puede preocuparse por la vida espiritual de toda una congregación…
Pero todos los días también tiene que mirar hacia dentro y preguntarse:
¿Cómo está mi propio corazón?
Porque un pastor que deja de cuidar su propia vida puede perderse fácilmente mientras intenta guiar a otros.
Por eso necesita continuamente alimentar su vida espiritual.
Necesita orar.
Necesita buscar a Dios.
Necesita corregirse a sí mismo.
Necesita cuidar su corazón.
Necesita mantenerse espiritualmente saludable para poder presentarse delante de ustedes y pastorearlos de la mejor manera posible.
Y por eso, Iglesia, nuestros pastores necesitan nuestras oraciones.
Necesitan nuestro amor.
Necesitan nuestra gratitud.
Porque ellos también son humanos.
También tienen luchas.
También tienen días difíciles.
También tienen errores.
También necesitan ser pastoreados por el Gran Pastor.
Y tal vez nosotros no siempre podemos comprender todo lo que lleva un pastor sobre sus hombros...
Pero sí podemos hacer algo:
Podemos orar por él.
Podemos amarlo.
Podemos agradecer por las veces que Dios ha usado su vida para bendecir la nuestra.
Y precisamente por eso, hoy queremos hacer algo muy sencillo, pero muy importante, honrar tu vida a través de nuestra gratitud…
Hoy queremos darte las gracias, Pastor Hugo.
Porque durante estos doce años, Dios utilizó tu vida para dejar una huella en la nuestra.
Recuerdo aquella temporada cuando recién llegábamos a esta ciudad.
Éramos recién casados, comenzando una nueva etapa de nuestra vida.
Y unos meses después, me diste empleo.
Juntamente con el hermano Víctor, me enseñaron a vender.
Tal vez para algunos fue simplemente un trabajo, pero para mí fue una temporada de aprendizaje. Aprendí muchas cosas que hasta el día de hoy siguen formando parte de mi vida.
Muchas gracias.
También recuerdo las clases de homilética...
¡Y recuerdo que casi me repruebas!
Pero aquí viene algo que para mí tiene mucho significado.
A pesar de eso, durante todos estos años me invitaste a predicar aproximadamente cinco veces.
Tal vez cinco veces suenan pocas...
Pero de todos los pastores a quienes he servido, tú has sido quien más veces me ha invitado a predicar.
Y eso también lo recuerdo con gratitud.
Muchas gracias.
Recuerdo especialmente mi primera prédica en este lugar.
Prediqué utilizando uno de mis textos favoritos:
Marcos 12:30.
Y después de aquella prédica recibí de ti un consejo.
Un consejo muy puntual.
Y tengo que ser sincero: en ese momento no fue necesariamente algo bonito de escuchar.
Fue confrontativo.
Pero hay consejos que funcionan como semillas.
Pero cuando el corazón decide ser buena tierra, esa palabra se atesora.
Se escribe en el corazón.
Y después pasan los años... y uno se da cuenta de que sigue aplicando aquel consejo cada vez que tiene la oportunidad.
Pastor Hugo, aquel consejo quedó escrito en mi corazón, y algunos otros también.
Muchas gracias.
Recuerdo también cuando llegué contigo con un proyecto para los Alfas.
Y me escogiste para ser líder.
Y ahí aprendí algo que necesitaba aprender:
Aprendí a servir personas que naturalmente no siempre amaba.
Porque hay personas que son fáciles de dirigir...
¡Y hay otras que son los Alfas! —y los que estuvieron ahí saben exactamente de qué estoy hablando—.
Pero aquella temporada me enseñó mucho.
Me enseñó acerca del servicio.
Me enseñó acerca de las personas.
Me enseñó acerca de mí mismo.
Muchas gracias.
Recuerdo también una de las temporadas más difíciles de mi vida.
Cuando falleció mi papá.
Y aunque la distancia estaba de por medio, tu apoyo fue crucial y muy significativo para mí.
Hay momentos en los que uno nunca olvida quién estuvo presente y jamás olvidaré ese gran detalle.
Muchas gracias.
Recuerdo también cuando fracasé en mi primer round como emprendedor.
Las cosas no salieron como yo esperaba.
Pero nuevamente en medio de mi escasez, me diste empleo.
Muchas gracias.
Y cómo olvidar la temporada en la que fuimos líderes de jóvenes.
Durante años nos permitiste estar al frente de aquel gran equipo llamado Sion.
Fue una temporada hermosa.
Una temporada de mucho trabajo.
De aprendizaje.
De errores.
De risas.
De cansancio.
De crecimiento.
Y sinceramente aprendimos muchísimo.
Gracias por confiar en nosotros.
Muchas gracias.
Ahora...
También tenemos que decir algo.
No todo fue perfecto.
Si les contara lo que pasó acá en el altar...
O aquella reunión de líderes...
O lo que pasó en el lobby...
O en la cabina...
O en el estacionamiento...
Bueno...
¡Algunas historias se quedarán con la duda! 😁
Algunas fueron culpa mía.
Otras fueron culpa de él.
Y probablemente en algunas los dos tuvimos un poquito de culpa. 🫢
Pero hay algo que quiero resaltar:
Cada una de esas situaciones se resolvió.
Algunas veces por iniciativa de él.
Otras veces por iniciativa mía.
Y eso es algo que quiero dejar sembrado también en esta Iglesia.
No dejen las cosas inconclusas.
No permitan que una herida se convierta en una distancia permanente.
No vivan esperando que simplemente el tiempo sane aquello que ustedes tienen la responsabilidad de enfrentar.
Porque muchas veces el tiempo no sana nada.
Muchas veces solamente permite que una herida se esconda más profundamente.
Busquen la paz.
Hablen.
Perdonen.
Pidan perdón.
Hagan todo lo que esté de su parte.
Como dice la Escritura:
“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”
No significa que siempre será fácil.
No significa que siempre tendremos la razón.
Y tampoco significa que todas las relaciones terminarán exactamente como comenzaron.
Pero sí significa que debemos hacer todo lo posible por no vivir cargando asuntos inconclusos en nuestro corazón.
Pastor Hugo...
Tenemos muchos más recuerdos, si agregamos los de mi esposa, ¡no acabamos.!
Y por todos ellos queremos decirte:
Muchas gracias.
Gracias por los buenos recuerdos.
Pero también gracias por aquellos recuerdos que, en su momento, parecían malos.
Porque de todos aprendimos algo.
De todos crecimos
De todos Dios utilizó algo para formar nuestro carácter.
Gracias por sembrar en nosotros.
Gracias por tu tiempo.
Gracias por tus consejos.
Gracias por tu trabajo.
Esperamos también haber sido de bendición para tu vida.
Y sinceramente deseamos seguir siendo de bendición para tu vida, para tu ministerio y para esa visión que Dios ha puesto en tu corazón.
Hoy mi esposa y yo entramos en una nueva temporada.
Tenemos que ser fieles al llamado que creemos que Dios ha puesto en nuestro corazón.
Tenemos que enfocarnos todavía más en esa visión en la que ya hemos invertido durante años.
Fe + Verdad requiere de nosotros una atención y una entrega todavía mayor.
Y creemos que esta es la temporada para hacerlo.
No nos vamos porque dejamos de amar este lugar y mucho menos a ustedes Ig. Rey de Reyes.
Nos vamos porque entendemos que debemos ser fieles a una responsabilidad que creemos que Dios ha puesto delante de nosotros.
Y aunque habrá una pausa...
No sabemos cuánto tiempo tendremos que enfocarnos completamente en aquello que Dios nos ha entregado.
Pero sabemos algo:
Habrá un “I'm back”.
Y ser nuevamente de bendición para este lugar.
Para ustedes.
Para nuestros hermanos.
Porque esta Iglesia forma parte de nuestra historia.
Aquí hay doce años de nuestra vida.
Doce años no se borran simplemente porque uno cambia de temporada.
Aquí hay lágrimas.
Hay risas.
Hay trabajo.
Hay inversión.
Hay oraciones.
Hay amistades.
Hay recuerdos.
Hay una parte de nuestra historia.
ASÍ QUE, IGLESIA...
Si alguna vez fuimos de bendición para tu vida...
Si alguna oración que hicimos por ti te ayudó...
Si alguna ministración...
Alguna palabra...
Algún consejo...
Alguna enseñanza...
Algún abrazo...
O cualquier cosa que Dios hizo a través de nosotros y especialmente por parte de mi esposa y dejó algo bueno en tu vida...
Queremos que sepas algo:
Fue la gracia de Dios depositada en nosotros.
Todo lo que pudimos dar, lo dimos porque primero Dios nos dio algo que compartir.
La inversión que dejamos en este lugar —nuestro tiempo, nuestro trabajo, nuestros recursos, nuestro esfuerzo— fue principalmente por amor a Cristo.
Pero también fue por amor a ustedes.
Y queremos que sepan que ese amor no se termina aquí.
Esto no es un adiós.
Es un hasta luego.
No tengan duda de que nuestro deseo seguirá siendo que Dios haga cosas extraordinarias en sus vidas.
Los vamos a extrañar.
Muchísimo.
Pero también queremos aprovechar este momento para decir algo más.
Si alguna vez los lastimamos...
Si en algún momento los hicimos sentir mal...
Si alguna palabra nuestra causó dolor...
Si alguna decisión los hirió...
Si en algún momento no supimos amar como debíamos amar...
Hoy queremos decirles, sinceramente:
Perdónanos.
No queremos salir de aquí dejando heridas abiertas.
No queremos que alguien se quede con algo guardado en su corazón por causa nuestra.
Y nuestra oración es que Dios también nos perdone por cada error que cometimos.
Que Él sane cualquier daño que pudimos haber causado.
Que sane tu corazón.
Que te haga libre de cualquier rencor.
Y que permitas que el amor de Dios fluya dentro de ti.
No queremos que nuestro nombre termine en una lista de personas de las que se habla con resentimiento.
No queremos que Dios tenga que juzgar asuntos que nosotros pudimos haber resuelto con humildad, perdón y amor.
Al contrario...
Nuestro deseo es que tengas un corazón sano.
Que Dios multiplique su favor sobre tu vida.
Que sane aquello que necesite sanar.
Y que continúes caminando libre.
Y finalmente Iglesia, muchas gracias por todo, de verdad muchas gracias.! Queremos despedirnos de ustedes compartiendo los alimentos, en señal de comunión, y es por eso que haremos una donación de unos cuantos kilos de carne asada, para acompañarlos en su día de campo del 16 de septiembre y apoyarles también con transporte…
De parte de nosotros J&J...
Muchas gracias.
Esto no es un adiós.
Es solamente un deseado...
Hasta luego. ❤️