01/05/2026
Bajo el mismo cielo de libertad, la mujer y el hombre levantan juntos la obra que dignifica a la humanidad. En sus manos, distintas pero iguales en propósito, la herramienta se convierte en símbolo de creación, esfuerzo y justicia compartida.
A un lado, el trabajo: expresión del compromiso diario sin distinción. Al otro, la Constitución: garantía suprema de derechos, deberes e igualdad. Entre ambos, la escuadra y el compás armonizan la acción y el pensamiento, recordando que no hay perfección posible sin equilibrio ni progreso verdadero sin equidad.
Cada golpe de mazo, dado por manos hermanadas en dignidad, forja no solo la piedra, sino una sociedad donde la soberanía se construye con la participación de todos y donde la libertad de la conciencia es un derecho inviolable, sin distinción de género.
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