28/09/2026
Nydia Bauzá
Presidenta de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (Asppro)
Colegio Rector de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP)
De la tinta al algoritmo
El fin de la era del papel en dos de los diarios de mayor circulación en Puerto Rico -uno
de ellos considerado el periódico de récord, con 56 años de fundación- ha generado
muchas interrogantes sobre el rumbo que toma el periodismo en esta isla antillana y
caribeña, colonia hace 128 años de los Estados Unidos. La tecnología, los sistemas de
inteligencia artificial y el algoritmo les pasan un rolo avasallador a nuestras más
aguerridas plumas, a los periodistas más experimentados del país y a cientos de
trabajadores diestros en el mejor oficio del mundo, como lo catalogó el maestro de las
letras, Gabriel García Márquez. Pero, la digitalización de la información no puede ser
a costa de la exclusión ni del despido de periodistas.
En esta ecuación las poblaciones más vulnerables son las más impactadas: los adultos
mayores con poco o ningún conocimiento en el manejo de los productos de la internet,
la ciudadanía con impedimentos físicos y la gente pobre, que por razones de
desigualdad económica no puede acceder a plataformas cibernéticas. A muchos de
estos se los pueden tragar las redes sociales y los influencers con informaciones
incompletas, manipuladas y hasta falsas (bulos)…
¿Dónde queda el desarrollo del pensamiento crítico en un periodismo con reducidas
plantillas y menguados recursos para cuestionar, investigar y fiscalizar en un país en
quiebra cuyas decisiones las toma una Junta de Control Fiscal nombrada desde
Washington?
¿Cómo el fin del papel afecta el desarrollo de una carrera periodística cuando el alto
costo de vida obliga a colegas a tener más de un empleo para sobrevivir? Otro asunto a
considerar es el impacto que tiene esta transición en nuestros periodistas en formación,
en las escuelas de comunicación.
El emporio GFR Media, que publicaba hasta este fin de semana del 26 al 28 de
septiembre de 2026, ambos periódicos en papel -El Nuevo Día y Primera Hora-, anunció
el cambio total a la era digital con bombos y platillos, pero la decisión empresarial ha
generado críticas e incertidumbre por el impacto que tiene en el país, en la lectoría y
por el desplazamiento de más de 150 trabajadores, entre ellos, una docena de colegas
periodistas, así como, editores, prensistas, mecánicos y técnicos de fotomecánica. Esto,
sin contar el impacto colateral en porteadores, distribuidores, entre otros empleos
indirectos. En los últimos cinco a diez años ya la empresa venía acortando las salas de
redacción, dejando fuera a los periodistas y fotoperiodistas de mayor veteranía.
El efecto en cadena también afecta de forma directa a más de una decena de periódicos
regionales, -que son las voces de las comunidades desventajadas en Puerto Rico- a
quiénes el conglomerado GFR Media deja en la estocada al detener su imprenta. Esto
se da mientras en la isla parece haber una crisis de imprentas por los altos costos del
papel y la maquinaria. Varios de estos regionales han considerado cerrar y otros hasta
han explorado la posibilidad de imprimir fuera del país.
Con la eliminación de las versiones impresas de estos dos diarios de mayor circulación
en Puerto Rico queda un solo periódico de circulación general en papel: El Vocero. La
pasada semana, un legislador presentó un proyecto para evitar un monopolio en la
publicación impresa de edictos judiciales y avisos gubernamentales.
Pero, a quien más afecta la desaparición del papel es a la población de adultos mayores
en una isla con una creciente población envejecida. Cerca de un 30 a un 32% de la
población en Puerto Rico está constituida por adultos mayores de 60 o 65 años. Los
datos posicionan a Puerto Rico entre los países y territorios con mayor porcentaje de
envejecimiento poblacional a nivel mundial y en la región del Caribe.
Además, el tener un teléfono celular tampoco necesariamente significa que la población
en general pueda contar con acceso completo a servicios de internet o que
sabe manejar un ePaper (versión electrónica del periódico), pagar una suscripción o leer
cómodamente una investigación desde una mini pantalla. De hecho, la brecha digital
en Puerto Rico ronda alrededor de un 30%. Datos de la Encuesta sobre Comunidad del
Censo Federal establecen que alrededor de un 30% de la población no cuenta con
internet fijo en sus hogares, que una de cada cuatro personas no tiene una computadora
y que el acceso a tecnología móvil está en un 95.8%.
Más allá de una movida corporativa y administrativa, es importante estudiar el impacto
sobre la lectoría de estos cambios, que se han dado y siguen dando en otras partes del
mundo, adoptando sistemas de transición.
Aunque es cierto que el video y el contenido de corta duración está siendo preferido por
las nuevas generaciones y por quienes consumen sus noticias en las redes sociales, la
Asppro invita a reflexionar y dialogar sobre cómo fortalecer la industria para que no se
excluya a nadie en Puerto Rico de la información relevante y noticiosa para garantizar
calidad de vida a las familias y comunidades.
Asimismo, hacemos un llamado a los dueños de medios a no dejar de invertir en la
profundidad periodística para el disfrute de los derechos democráticos. Desde la Asppro
y la Felap nos mantendremos vigilantes a los efectos que traerán estos cambios en el
periodismo, en el consumo de noticias y sobre la reducción de las redacciones
periodísticas. Debemos reflexionar sobre el tipo de periodismo que necesitará Puerto
Rico en las próximas décadas. Apostamos a un periodismo independiente, sostenible
económicamente y capaz de preservar nuestra memoria como pueblo.
Un periódico es mucho más que contenido impreso o audiovisual, es vida, es historia,
es educación, es cultura, es memoria colectiva, es humanidad.