15/06/2026
Hace 17 años nació una misión que Dios puso en nuestros corazones. Como toda obra, ha tenido altas y bajas, momentos de alegría y temporadas de grandes desafíos, pero la fidelidad de Dios nunca nos ha faltado.
Hoy recuerdo tantos logros alcanzados y también aquellos sueños que aún faltan por cumplir. Durante el paso del huracán María, fuimos testigos de una realidad muy dolorosa. Mi hermana Elizabeth y yo comenzamos a visitar comunidades y hogares, encontrándonos con adultos mayores afectados, muchos de ellos solos y abandonados. Fue imposible no conmovernos ante cada historia y cada necesidad.
En aquellos días difíciles, mi esposo también fue una pieza fundamental de esta misión. Durante la semana nos ayudaba llevando cajas y botellas de agua para distribuirlas entre las familias afectadas. Juntos orientábamos, escuchábamos las necesidades de las personas y procurábamos llevar no solo ayuda material, sino también palabras de ánimo, fe y esperanza a quienes atravesaban momentos de gran incertidumbre.
Aun así, Dios nos permitió continuar la misión. Realizamos múltiples impactos comunitarios, llevando esperanza a quienes más la necesitaban. Luego llegó la pandemia, y lejos de detenernos, seguimos adelante entregando nuestras bolsas con propósito, compras de alimentos, productos de higiene personal y ayudas que representaban mucho más que una provisión material: representaban amor, acompañamiento y esperanza.
Recuerdo que junto a mi esposo y mi hermana recorríamos caminos, montados en la guagua y, en ocasiones, hasta caminando cuando era necesario. Como familia hemos abrazado la asignación que Dios nos entregó, sirviendo con amor y compromiso.Y siempre con nuestros hijos. Dejamos una gran huella en ellos.
Hoy esta temporada es diferente. Hay una madurez espiritual, una estructura y una paz que solo Dios puede dar. Hemos aprendido que no se trata de nuestras fuerzas, sino de Su propósito. Mirando hacia atrás, entendemos que cada experiencia, cada lágrima y cada desafío formaron parte del proceso para prepararnos para esta nueva etapa.
Seguimos caminando en obediencia, agradecidos por todo lo vivido y expectantes por todo lo que Dios aún tiene por delante. Porque cuando una misión nace en el corazón del Padre, el tiempo puede pasar, las circunstancias pueden cambiar, pero el propósito permanece.
🦋 “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” — Efesios 2:10.