09/01/2026
VIOLENCIA DOMÉSTICA SALUD MENTAL EN PUERTO RICO UNA TRAGEDIA QUE EXIGE ACCIÓN URGENTE.
POR : Morayma Díaz Soto
MA. Psy Industrial Organizacional
CEO,Dejando Huellas Hacia Cannan
Puerto Rico atraviesa una crisis social marcada por la violencia doméstica, una problemática persistente que continúa cobrando vidas y dejando profundas secuelas emocionales en nuestras comunidades. El reciente as*****to de un niño de cinco años a manos de su propio padre ha estremecido al país y nos obliga a enfrentar una realidad dolorosa: estamos fallando en proteger a nuestra niñez y en atender adecuadamente la salud mental.
Este suceso no puede analizarse como un hecho aislado. En Puerto Rico, la violencia intrafamiliar suele estar acompañada de factores como el estrés económico, el uso de sustancias, la normalización de la agresión, la falta de manejo emocional y condiciones de salud mental no diagnosticadas o no tratadas. Aunque la salud mental nunca justifica un acto violento, sí es un elemento crucial para comprender el riesgo y prevenir desenlaces fatales.
Con frecuencia, existen señales de alerta previas: episodios de violencia, amenazas, conductas controladoras, arrebatos de ira, historial de maltrato o negligencia, y un entorno familiar inestable. Cuando estas señales no se atienden —ya sea por miedo, desconocimiento, estigmas o falta de acceso a servicios— el peligro aumenta, especialmente para los niños, quienes dependen totalmente de los adultos para su protección.
La niñez en Puerto Rico vive las consecuencias más severas de esta violencia. Crecer en hogares donde impera el miedo afecta su salud emocional, su desempeño escolar y su capacidad de relacionarse sanamente. En el peor de los casos, como el que hoy enluta al país, la violencia doméstica culmina en la pérdida irreversible de una vida inocente.
Esta tragedia pone en evidencia la necesidad urgente de fortalecer los servicios de salud mental en la Isla, mejorar los procesos de intervención temprana, garantizar seguimiento a casos de alto riesgo y reforzar los mecanismos de protección infantil. También subraya la importancia de educar a la población sobre el manejo emocional, la paternidad responsable y la identificación temprana de conductas violentas.
Como pueblo, no podemos continuar reaccionando solo después de que ocurre lo irreparable. Es necesario romper el silencio, denunciar la violencia, exigir recursos adecuados y promover una cultura de apoyo donde buscar ayuda profesional sea visto como un acto de responsabilidad, no de debilidad.
La muerte de un niño de cinco años debe convertirse en un punto de inflexión para Puerto Rico. Proteger a la niñez, atender la salud mental y erradicar la violencia doméstica es una responsabilidad colectiva que requiere compromiso gubernamental, comunitario y familiar. El futuro del país depende de ello.