02/09/2026
La Explotación Financiera y el Adulto Mayor.
La explotación financiera de una persona adulta mayor no puede verse como un simple delito contra la propiedad. Es una forma de maltrato que se aprovecha, precisamente, de la confianza, la dependencia y muchas veces de la vulnerabilidad de quien necesita apoyo para realizar gestiones cotidianas.
El caso divulgado hoy, en el que se radicaron más de 300 cargos relacionados con la alegada apropiación de más de $61,000 pertenecientes a una adulta mayor de 94 años, debe llevarnos a una reflexión mucho más profunda.
Lo más preocupante es que la persona imputada, según la información publicada, tenía acceso a la adulta mayor porque la ayudaba con algunas gestiones. Ahí está uno de los grandes riesgos de la explotación financiera: con frecuencia no comienza con un extraño, sino dentro de una relación de confianza.
Como Gerontóloga Clínica, insisto en que proteger al adulto mayor no significa quitarle su autonomía ni asumir que toda persona de edad avanzada es incapaz de manejar sus asuntos. Significa crear mecanismos de protección que permitan identificar cambios, transacciones inusuales, presiones, manipulación o utilización indebida de sus recursos.
También tenemos que hablar con las familias. No basta con preguntar si el adulto mayor comió, tomó sus medicamentos o acudió a sus citas. Cuando existe dependencia de terceros para manejar dinero, hacer compras, retirar efectivo o realizar pagos, la supervisión financiera también forma parte del cuidado.
Revisar estados de cuenta, activar alertas bancarias, limitar accesos innecesarios, documentar autorizaciones y mantener comunicación frecuente pueden convertirse en herramientas importantes de prevención.
Pero hay otro asunto que merece atención: la explotación económica de nuestros adultos mayores probablemente está ocurriendo con mucha mayor frecuencia de la que llega a conocimiento de las autoridades. El miedo, la vergüenza, la dependencia emocional, el deterioro cognitivo o el hecho de que el presunto explotador sea alguien cercano pueden impedir que muchos casos sean denunciados.
Como sociedad necesitamos desarrollar una cultura de protección que no infantilice al adulto mayor, pero que tampoco ignore las señales de riesgo.
La dignidad también se protege defendiendo su patrimonio, su autonomía y el derecho a que nadie utilice su edad o su confianza para despojarlo de lo que le pertenece.
Dra. Minerva Gómez Ramos
Presidenta, ADCCLD