04/11/2024
Enero es el Mes de Prevención de la Trata de Personas, un momento crucial para hablar sobre lo que hace que los niños sean vulnerables a la trata sexual.
Cuando un niño se escapa de casa, es fácil sacar conclusiones precipitadas. Los adultos pueden suponer que el niño se está rebelando, se está portando mal o está creando problemas intencionalmente para su familia. Pero la verdad es mucho más compleja y, a menudo, desgarradora.
Estos niños no huyen para causar problemas. En cambio, a menudo huyen de un entorno inseguro o buscan lo que perciben como una oportunidad para la seguridad física y emocional. Los traficantes explotan la falta de apoyo en las vidas de estos jóvenes al ofrecer aparentemente un vínculo. Muchos jóvenes que se escapan creen que han encontrado amor y apoyo, solo para descubrir que es una ilusión peligrosa.
Los niños que se escapan son niños desaparecidos. Sin embargo, etiquetarlos como “fugitivos” a menudo hace que la culpa recaiga sobre ellos, lo que reduce la urgencia de la respuesta y los recursos dedicados a encontrarlos. Esta percepción fomenta un ciclo en el que el niño a menudo se siente indeseado, lo que aumenta su probabilidad de escaparse nuevamente en busca del amor, la aceptación y la conexión que los traficantes a menudo parecen ofrecer.
Los niños que se escapan son los principales objetivos de los agresores, que se aprovechan de sus vulnerabilidades. Por eso, nuestro lenguaje y nuestra respuesta deben reflejar la urgencia de proteger a los niños, y nuestro lenguaje debe transmitir preocupación por su seguridad y bienestar.