08/04/2026
Cuando la sierra decidió hacerse escuchar
En la Sierra Norte de Puebla, donde los caminos no solo unen pueblos sino también historias, cosechas, escuelas, clínicas, trabajo y familia, la gente empezó a sentir que cada viaje se volvía más pesado.
No era solo el tiempo.
No era solo el lodo.
No era solo el miedo de que una llanta se reventara, de que una motocicleta derrapara o de que una ambulancia no alcanzara a pasar.
Era algo más profundo: la sensación de que las comunidades estaban siendo dejadas atrás.
En Tlamaya Grande, en Jopala, en Tlapacoya, en Ahuazotepec, en caminos que cruzan cafetales, barrancas, milpas y pequeños comercios, la gente comenzó a repetir la misma frase:
—Cada año prometen. Cada lluvia empeora. Y cada vez nos cuesta más mover la vida.
Las madres lo decían cuando llevaban a sus hijas e hijos a la escuela.
Los productores del campo lo repetían cuando perdían tiempo y dinero para sacar café, maíz, fruta o bambú.
Las personas enfermas lo sufrían cuando tenían que viajar a una clínica o a un hospital.
Las y los choferes lo advertían cuando sus unidades se dañaban.
Las maestras y los maestros lo vivían cuando un trayecto corto se convertía en horas de incertidumbre.
Y las personas adultas mayores lo resumían con palabras sencillas:
—Una carretera mala también enferma al pueblo.
El momento en que la queja se volvió conciencia
Durante mucho tiempo, cada comunidad expresó su molestia por separado. Un comentario aquí, una fotografía allá, una llamada sin respuesta, una promesa de campaña, una visita de supervisión que no cambiaba nada.
Pero un día, después de que una camioneta con mercancía quedara varada en un tramo destruido por baches y deslaves pasados, varias personas coincidieron en la tienda de la comunidad. Mientras ayudaban a bajar costales y cajas, empezaron a hablar.
No hablaban solo del camino.
Hablaban de los productos que llegaban más caros.
De la fruta que se maltrataba en el trayecto.
De las personas embarazadas que debían viajar con miedo.
De las niñas y los niños que salían de madrugada.
De las y los trabajadores que gastaban más en composturas que en mejorar sus hogares.
De la temporada de lluvias que ya se acercaba como una advertencia.
Ahí comprendieron una verdad importante:
el problema de las carreteras no era de transporte únicamente; era un problema de salud, educación, economía, seguridad, igualdad territorial y dignidad comunitaria.
Entonces dijo una joven que estudiaba en Huauchinango y regresaba los fines de semana:
—Si los caminos están rotos, también se rompe el derecho del pueblo a moverse con dignidad. Y si esperamos a que las lluvias lleguen, después nos dirán que ya fue más caro, más difícil o que ya no se pudo.
Un silencio breve recorrió el grupo.
Luego alguien respondió:
—Entonces no hay que esperar. Hay que organizarnos antes.
Nace la campaña de la sierra
A la semana siguiente convocaron a una reunión abierta en la cancha techada. Llegaron transportistas, comerciantes, campesinas y campesinos, madres de familia, jóvenes con teléfonos celulares, personas adultas mayores, representantes auxiliares y gente de comunidades cercanas.
No se reunieron para desahogarse solamente.
Se reunieron para construir una estrategia.
Así nació una iniciativa con nombre sencillo y poderoso:
“Caminos dignos para la Sierra Norte”
No era un lema vacío.
Era una tarea colectiva.
El diagnóstico colectivo
Antes de exigir, decidieron ordenar la realidad.
Se repartieron por zonas y empezaron a registrar:
tramos con baches profundos;
zonas con derrumbes o riesgo de deslave;
puentes dañados;
cunetas tapadas;
partes donde el agua de lluvia se encharcaba y destruía la carpeta;
curvas peligrosas sin señalización;
puntos donde ambulancias, transporte escolar o camiones de carga tenían dificultades para pasar.
También comenzaron a documentar qué consecuencias producía el mal estado de las carreteras:
retraso para llegar a clínicas y hospitales;
afectación al comercio local;
daño a vehículos;
aumento del costo del transporte;
riesgo para motociclistas y peatones;
pérdida de cosechas o encarecimiento de su traslado;
aislamiento parcial de comunidades en tiempo de lluvia.
Entonces la gente dejó de hablar solo desde el enojo y empezó a hablar desde los hechos.
La fuerza de las redes sociales al servicio del pueblo
Un grupo de jóvenes propuso algo que al principio pareció pequeño, pero terminó siendo decisivo:
—Vamos a mostrar la verdad de nuestros caminos para que nadie diga que exageramos.
Crearon una estrategia sencilla de redes sociales:
fotografías con fecha y ubicación;
videos cortos mostrando baches, deslaves y trayectos dañados;
testimonios de madres, productores, choferes, estudiantes y personas enfermas;
publicaciones explicando por qué la carretera importa para la salud, el trabajo y la educación;
mensajes etiquetando a autoridades municipales, estatales y federales;
difusión en grupos de WhatsApp, Facebook y otras redes comunitarias.
No lo hicieron para insultar.
Lo hicieron para visibilizar.
Cada publicación tenía un mensaje claro:
“No pedimos privilegios. Exigimos caminos seguros y dignos antes de que las lluvias dejen más incomunicadas a nuestras comunidades.”
Con el tiempo, las imágenes de la sierra comenzaron a circular más allá de los pueblos. Ya no eran quejas aisladas: eran pruebas vivas del abandono territorial.
La exigencia por conductos oficiales
Pero la comunidad entendió algo fundamental:
las redes sociales ayudan a visibilizar, pero los gobiernos muchas veces responden mejor cuando además existe petición formal, folio, oficio y seguimiento.
Por eso organizaron tres comisiones.
Propuesta organizativa dentro de la historia
1. Comisión de documentación
Su tarea fue:
ubicar y numerar los tramos dañados;
tomar fotos y videos;
anotar comunidad, fecha y tipo de afectación;
registrar consecuencias concretas;
elaborar un mapa comunitario del problema.
2. Comisión de comunicación y redes
Su labor fue:
administrar la campaña digital;
redactar mensajes claros y respetuosos;
publicar testimonios;
hacer visible que la temporada de lluvias agravaría el daño;
mantener el tema en la conversación pública.
3. Comisión de gestión institucional
Esta comisión preparó y envió escritos dirigidos a:
el ayuntamiento o ayuntamientos competentes;
la Secretaría de Infraestructura del Estado de Puebla;
las autoridades federales relacionadas con carreteras, cuando correspondiera al tramo;
presidencias municipales;
diputaciones locales y federales de la región;
protección civil, en los casos de riesgo por lluvias y deslaves.
Los escritos tenían estructura sencilla:
descripción del tramo;
riesgos actuales;
afectación social y económica;
evidencia anexa;
advertencia fundada de que las lluvias empeorarían la situación;
solicitud de inspección, mantenimiento preventivo, reparación y respuesta formal.
La advertencia que salió de la sierra
En uno de los documentos colectivos, firmado por habitantes de distintas comunidades, dijeron algo que conmovió a muchas personas:
“Si hoy las carreteras ya están dañadas, en la próxima temporada de lluvias el deterioro será mayor, aumentará el riesgo de accidentes, se dificultará el acceso a servicios de salud, se encarecerá el traslado de productos del campo y se pondrá en peligro la comunicación de las comunidades serranas. Prevenir hoy cuesta menos que abandonar mañana.”
Era una verdad sencilla, pero profundamente política:
la prevención también es justicia territorial.
El cambio en la actitud del pueblo
Lo más importante no fue solo que mandaran oficios o subieran videos.
Lo más importante fue que dejaron de sentirse resignados.
La señora que nunca había grabado un video sostuvo su teléfono y habló del camino que toma para llevar a su nieto al médico.
El productor que normalmente solo hablaba en asamblea aceptó aparecer explicando cómo se dañaban sus mercancías.
La maestra escribió un texto sobre el derecho de las niñas y los niños a llegar seguros a la escuela.
Un mecánico mostró las piezas que cambia cada temporada por culpa de los baches.
Un chofer relató el miedo de manejar de noche bajo la lluvia en una curva destruida.
Poco a poco, la sierra dejó de ser vista como periferia silenciosa.
Comenzó a hablar con voz propia.
La reunión regional
Después vinieron representantes de otras comunidades. Descubrieron que el problema no terminaba en un tramo. Era una red de caminos lastimados que afectaba a toda la región.
Entonces organizaron un encuentro regional y tomaron tres acuerdos:
Acuerdo 1
Mantener una campaña permanente de visibilización durante las semanas previas a la temporada de lluvias.
Acuerdo 2
Enviar solicitudes formales a los tres niveles de gobierno, diferenciando claramente qué tramo corresponde a cada autoridad.
Acuerdo 3
Dar seguimiento público a cada respuesta o silencio institucional, para que la gente supiera qué autoridad actuó y cuál no.
Ese punto fue clave. Porque la transparencia también es una forma de presión democrática.
La dignidad del camino
Un día, al terminar una jornada de registro, una persona mayor caminó despacio junto a un grupo de jóvenes. Miró la carretera rota, luego miró el cerro cubierto de neblina y dijo:
—Una carretera no es puro pavimento. Es el hilo por donde pasa la vida del pueblo.
Las y los jóvenes guardaron esa frase y la convirtieron en una publicación que se compartió por toda la región.
Y así, la lucha por las vialidades dejó de ser una demanda técnica para convertirse en una causa popular:
por la salud,
por la educación,
por la economía local,
por la seguridad,
por la movilidad digna,
por el derecho de la sierra a no ser tratada como territorio olvidado.
Propuesta organizativa y de acción derivada de la historia
Diagnóstico
Las carreteras de la Sierra Norte presentan deterioro visible que ya afecta transporte, comercio, salud, educación y seguridad. La próxima temporada de lluvias agravará el problema si no se actúa preventivamente.
Meta
Lograr que los tres niveles de gobierno atiendan de manera urgente y coordinada los tramos dañados, mediante visibilización pública, evidencia organizada y exigencia formal a distancia.
Actores
habitantes de las comunidades;
transportistas;
comerciantes;
campesinas y campesinos;
estudiantes;
maestras y maestros;
autoridades auxiliares;
comités vecinales;
jóvenes encargados de comunicación digital.
Fases
Fase inmediata
identificar y fotografiar tramos dañados;
reunir testimonios;
mapear riesgos;
abrir canales comunitarios de comunicación.
Fase de corto plazo
lanzar campaña en redes sociales;
publicar evidencias con orden y constancia;
enviar oficios y reportes a autoridades competentes;
solicitar inspecciones y respuesta escrita.
Fase de mediano plazo
hacer reunión regional;
comparar respuestas de autoridades;
insistir antes del inicio fuerte de las lluvias;
construir observatorio comunitario de carreteras.
Roles y comités
documentación;
comunicación;
gestión institucional;
seguimiento y evaluación.
Recursos
teléfonos celulares;
libreta de registro;
mapas comunitarios;
transporte para recorridos de verificación;
formatos de oficio;
redes sociales comunitarias.
Comunicación
mensajes claros, breves y con pruebas;
publicaciones frecuentes;
etiquetas a autoridades;
boletines comunitarios;
reuniones informativas.
Evaluación
Cada semana revisar:
cuántos tramos fueron documentados;
cuántos oficios se enviaron;
qué respuestas llegaron;
qué publicaciones tuvieron mayor alcance;
qué acciones nuevas deben tomarse.
Conclusión
La historia de la Sierra Norte no es la de comunidades que esperan pasivamente a que alguien recuerde sus caminos. Es la de pueblos que entienden que las carreteras también son un derecho material para vivir con dignidad. Cuando las comunidades se organizan, documentan, visibilizan y exigen por vías oficiales y públicas, dejan de ser espectadoras del abandono y se vuelven sujetas activas de transformación.