25/09/2026
A veces las madres guardamos silencio, no por falta de pruebas, sino por respeto a nuestros hijos e hijas, porque antes de hablar pensamos en su corazón, en su tranquilidad y en las consecuencias que nuestras palabras pueden tener en sus vidas y por elegir callar para protegerlos, muchas veces terminamos siendo señaladas como mentirosas, exageradas o “conflictivas”, mientras algunos hombres se encargan de contar a los cuatro vientos que son excelentes padres, grandes hombres y víctimas de las circunstancias, pero guardar silencio para proteger a nuestros hijos no significa que no tengamos pruebas.
Hace unos días dije NO MÁS, porque no estoy obligada a seguir protegiendo la reputación de alguien que con pruebas que respaldan lo que estoy diciendo, no solamente me ha violentado a mí, sino que también ha involucrado a mi hija menor en situaciones que jamás debieron utilizarse como forma de presión, chantaje o negociación.
ANEXO CAPTURA DE UNA DE LAS TANTAS CONVERSACIONES QUE TUVIMOS, en distintas ocasiones no solo me pidió dinero a cambio de “darme mi libertad”, también me planteó darme el divorcio y la guarda y custodia total de mi hija a cambio de que yo no exigiera aquello que le corresponde por derecho UNA PENSIÓN ALIMENTICIA ( por que en su mente de tiburón esto es válido) pero los hijos e hijas no son moneda de cambio, la guarda y custodia no debería utilizarse como herramienta de presión, y la obligación de proporcionar alimentos no debería convertirse en una negociación para controlar o condicionar a una madre.
Detrás de muchas puertas cerradas existen madres que llevan años callando para proteger a sus hijos, mientras son señaladas y juzgadas por personas que desconocen lo que realmente ocurre en privado.
Decidi hablar, porque también tengo derecho a contar mi historia, a mostrar las pruebas que tengo y a defender la dignidad de mi cria y la mía.
No se trata de destruir a nadie, se trata de dejar de normalizar que una madre tenga que guardar silencio para proteger la imagen de otra persona, porque los derechos de nuestros hijos no se negocian, no se condicionan y mucho menos se utilizan para ejercer presión sobre sus madres.