09/03/2026
"La vergüenza debe cambiar de bando".
Giséle Pelicot
Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, voy a hablar desde mi realidad.
Llevo más de dos años en procesos legales.
Dos años de audiencias, escritos, pruebas, abogados y expedientes.
Dos años que comenzaron por algo que jamás debió necesitar un juicio: el cumplimiento de lo más básico para un hijo.
Porque la pensión alimenticia no es un favor.
No es un gesto de buena voluntad.
Es una obligación legal del padre y un derecho del hijo.
Decidir creerle a uno u otro nunca ha sido el punto.
La verdad no depende de opiniones ni de versiones repetidas en voz baja.
La verdad está en documentos oficiales, en expedientes que hoy existen en juzgados civiles y penales.
Y aun así, muchas veces lo que se espera de nosotras es silencio.
Silencio para no incomodar.
Silencio para no “hacer más grande el problema”.
Silencio para no afectar la reputación de quien decidió no cumplir con sus responsabilidades.
Pero no.
La vergüenza no debería recaer en la mujer que exige derechos, que denuncia o que decide defender a su hijo.
La vergüenza debería cambiar de lado.
Debería recaer en quien fue capaz de llevar hasta los tribunales algo tan básico como la responsabilidad hacia su propio hijo.
En quien insiste, presiona o desgasta para evitar cumplir con lo que por ley corresponde.
En quien intenta convertir la justicia en un campo de batalla para no asumir lo mínimo.
Y también debería recaer en quienes, desde fuera, prefieren justificar, minimizar o mirar hacia otro lado antes que reconocer la violencia que existe cuando un padre decide no responsabilizarse.
Porque sí, la violencia contra las mujeres también se expresa así: en el desgaste legal, en el intento constante de intimidar, en obligar a una madre a pelear durante años por algo que debería ser automático.
Mientras tanto, muchas madres seguimos haciendo lo que siempre hemos hecho: multiplicarnos, sostener, cuidar, trabajar y proteger a nuestros hijos.
Este 8 de marzo no hablo desde el silencio ni desde la vergüenza.
Hablo desde la convicción de que exigir lo que le corresponde a mi hijo no es un capricho, no es un escándalo y no es un ataque.
Es justicia.
Y si algo tiene que cambiar de lado en esta historia, definitivamente es la vergüenza.
- ¿Por qué tuve que sentir vergüenza cuando ya no pude amamantar a mi hijo porque estaba siendo obligada a hacerlo porque mi ex no quería gastar en fórmula para nuestro hijo?
- ¿Por qué tuve que sentir vergüenza cuando mi hijo se adelantó al parto y vivir con constantes reclamos de lo que mi ex pagó por el parto?
- ¿Por qué tuve que sentir vergüenza de pedir cosas que necesitaba cuando no "trabajaba" pero me dedicaba al hogar porque él solo compraba cosas para él?
- ¿Por qué tuve que sentir vergüenza de haber tenido depresión postparto porque sufría burlas constantes de parte de mi ex, maltratos físicos y psicológicos?
- ¿Por qué tuve que sentir vergüenza de lo que piensa la gente que lo apoya a él sin saber la verdad de las cosas?
- ¿Por qué tengo que vivir con miedo de abrir mi negocio, con él cual sostengo todas las necesidades de mi hijo porque mi ex decidió ser un acosador y pasar diario por mi casa hasta 5 veces e initmidarme e incluso gritarme desde su auto a pesar de tener una restricción?
- ¿Por qué tengo que vivir con miedo de sus denuncias falsas y de la gente que lo apoya y miente por él si yo nunca hice nada y del constante acoso de sus abogados para acceder a sus peticiones?
No soy yo la que tiene que sentir vergüenza.
Él debería de sentir vergüenza de ser un desobligado, de ser un mentiroso, de vestirse de naranja cada 25 en su trabajo, un día para actuar, generar conciencia y prevenir la violencia y con ese mismo descaro es un violentador, acosador, de tener dos denuncias penales por violencia física, psicológica, vicaria, vergüenza debería sentir por ser un mal padre y mal ser humano.
NUNCA MÁS seré yo la que sienta vergüenza de nuevo, NUNCA MÁS volveré a callar y permitir las injusticias ni para mi, ni para mi hijo ni para nadie que aprecie o me lo pida.
VERGÜENZA DAS TÚ Y TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES QUE APOYAN A LOS VIOLENTADORES, LA VIOLENCIA HACIA LA MUJER Y LOS NIÑOS NO ES UN PROBLEMA DE PAREJA, ES UN PROBLEMA QUE TODOS COMO SOCIEDAD DEBEMOS INVOLUCRARNOS PARA QUE TODOS Y TODAS TENGAMOS ACCESO A LA JUSTICIA Y UNA VIDA TRANQUILA.
Frente Nacional contra Violencia Vicaria