03/07/2026
Cada familia vive una batalla distinta. Hoy, la mamá de Marley Xquenda nos comparte la historia y el camino que han recorrido desde su nacimiento. Una historia de amor, fortaleza y esperanza.
Ella es Marley Xquenda.
Marley nace días antes de cumplir las 38 semanas. Llevábamos un control prenatal "normal"; eso nos decían los médicos, eso mostraban los ultrasonidos (allí entendí que a veces tienen margen de error).
Con mucho amor y alegría ahorramos cada peso, cada ropita, para prepararnos para el día de su llegada. Pero el 31 de enero de 2023 yo rompí fuente durante la madrugada.
Por la mañana me dirigí a la unidad de salud de mi comunidad para que ellos me hicieran un chequeo y tuvieran el conocimiento (es obligatorio tener el control y dar aviso, ya que si no, no nos consideran en vacunas).
Como aparentemente era un embarazo normal y sano, en mi unidad de salud me dijeron que no me podían referir a mi clínica porque apenas estaba comenzando a dilatar.Volví a ir alrededor del mediodía y todavía no me referían (aclarando que somos una familia que trabaja y vive al día).
Me comuniqué con el papá de Marley porque él se encontraba en su jornada de trabajo (trabaja de lo que exista). Le dije que yo presentía que algo no estaba bien y todavía seguía con 3 de dilatación.
Él me dijo:
—Adelántate a una clínica particular para que te revise un ginecólogo.
Mi suegra en ese momento me acompañó e íbamos preparadas por cualquier cosa.
Llegó el médico, me pasó a consulta, me volvió a hacer un ultrasonido y me cuestionó, a lo que yo le dije:
—En la madrugada, alrededor de las 3 de la mañana, yo rompí fuente.
Eran las 2 de la tarde y él me comentó que me iba a preparar para una cesárea de emergencia, ya que llevaba 13 horas de labor y aún no dilataba más, así que era para prevenir una infección.
Xquenda nace alrededor de las 5 de la tarde, pero allí comienza su lucha en está vida.Yo escuché llorar y miré a mi niña cuando la pediatra la recibió. Al bajar a piso encontré a su papá llorando; mi suegra solo se notaba triste.
Él se acerca a la camilla y me dice:
—Tenemos que ser fuertes.
Yo no sabía ni cómo reaccionar. Me paralicé.
Más tarde llega la pediatra a explicarnos el diagnóstico:
"Mielomeningocele".
Y después nos dijo:
"Su bebé nunca va a ser normal".
Jamás habíamos escuchado esa palabra.
Teníamos el tiempo contado para poder hacer el cierre. Gracias a Dios, el ginecólogo, la pediatra y todo el hospital se movieron para poder lograr una referencia, y Dios, que jamás nos suelta.
Eran las 2 de la mañana y nos dijeron con felicidad:
"Ya tenemos la aceptación. Se van al Hospital Macedonio, en la capital oaxaqueña".
Solo que había un detalle: no tenían ambulancia ni personal que trasladara a nuestra niña; eso corría por nuestra cuenta.
Pero el abuelo paterno logró conseguir una ambulancia y un enfermero. La clínica nos prestó la canastilla para poder trasladarla más fácilmente.
Marley llegó y fue recibida el primero de febrero por la noche en el hospital. El día 2 de febrero, el neurocirujano Genaro le realizó el cierre del defecto del tubo neural (espina bífida).
Estuvimos durmiendo en el piso y en las bancas durante 21 días.
Después de su cirugía, Marley no presentó ninguna complicación; solo empezó a drenar un poco de sangre y tuvieron que ponerle otras dos puntadas.
Se le estuvo monitoreando el crecimiento cefálico y, por la gracia de Dios, actualmente ella no cuenta con válvula ventricular.
Nos dieron de alta el día 22 de febrero para poder regresar a las clínicas y ser aceptados en los diferentes hospitales con las especialidades que llevan el control médico de las diferentes secuelas que ella presenta actualmente.
(Nosotros, de ingenuos, pensamos que solo era operar y ya).
Cuando Marley cumplió un año de edad ya lograba pararse con apoyo.
Regresamos a citas de valoración de neurocirugía y, a los dos años, de igual forma a traumatología. Los médicos decían:
"¿Es la niña que aquí se operó?"
Ya caminaba con apoyo, lograba hablar unas cuantas palabras y todos estaban sorprendidos.
Iniciamos el cateterismo hace menos de un año porque siempre se nos ponía mal por las infecciones.
Al principio nos hablaron de eso, pero por cuestiones del hospital no se podía atender, hasta que por fin, en septiembre, el médico me dijo:
"¡Iniciaremos ya!"
Compré sus insumos y él me enseñó.
Gracias a Dios, todo va marchando súper bien en esa cuestión.
Marley ya camina sola (con ortesis y actualmente le realicé su rotador).
Actualmente llevamos tres años al pie del cañón.
Muchas veces papá se ha quedado desempleado; hemos tenido bajas que nos han metido en muchas deudas, pero procuramos nunca perder una cita de control, tener sus estudios actualizados y, sobre todo, sus insumos para su bienestar.
Podemos estar juntando los centavos para pasar el día, pero a ella no le debe faltar tiempo, amor y mucha imaginación para adaptar la casa o su entorno, porque papá siempre anda recogiendo materiales sobrantes para hacerle sus herramientas de fisioterapia.
¡Resistan, papás, y luchen!
Porque mientras los papás estemos firmes, nunca muere la esperanza.
Todo tiene frutos. ✨