La Segunda Oportunidad 4 y 5 paso

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La segunda oportunidad es una asociación de hombres mujeres y jóvenes que a través del programa de alcohólicos anónimos hemos originado un cambio en nuestra manera de vivir.

LAS ADICCIONES, CADENAS DEL ALMA...La adicción es mucho más que un problema de hábitos. Desde una perspectiva cristiana,...
19/08/2026

LAS ADICCIONES, CADENAS DEL ALMA...

La adicción es mucho más que un problema de hábitos. Desde una perspectiva cristiana, toca una cuestión profundamente espiritual: ¿quién gobierna mi vida?

El hombre fue creado para pertenecer a Dios. Cuando una sustancia, una pantalla, el alcohol, el juego, la pornografía, la comida, el dinero, el reconocimiento o cualquier otra realidad termina convirtiéndose en aquello sin lo cual creemos que no podemos vivir, aparece una forma de esclavitud.

Cristo lo expresa con absoluta claridad:

> «Todo el que comete pecado es esclavo del pecado.»
— Juan 8,34

1. La adicción convierte al hombre en esclavo

El mundo moderno suele decir: «Haz lo que quieras mientras no hagas daño a nadie».

El Evangelio pregunta algo mucho más profundo:

¿Eres verdaderamente libre?

Una persona puede decir: «Yo puedo dejarlo cuando quiera», pero si vuelve una y otra vez contra su propia voluntad, si pierde dinero, destruye relaciones, abandona responsabilidades, oculta su conducta o siente que no puede vivir sin aquello, existe una esclavitud real.

Cristo no vino simplemente a mejorar nuestros hábitos.

Vino a liberarnos.

> «Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.»
— Juan 8,36

La verdadera libertad no consiste en poder satisfacer todos nuestros deseos. Consiste en poder decirle que no al deseo desordenado.

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2. No todo deseo debe ser obedecido

Aquí la enseñanza cristiana choca frontalmente con buena parte de la cultura contemporánea.

Nuestra época enseña:

«Si lo deseas, hazlo.»

El Evangelio enseña:

«Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme.»

> «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.»
— Mateo 16,24

Esto no significa despreciar el cuerpo ni odiar los deseos humanos.

Significa reconocer que el deseo necesita ser gobernado por la razón y ordenado hacia Dios.

El problema comienza cuando el hombre deja de decir:

«Yo tengo un deseo»

y empieza a vivir como si dijera:

«Mi deseo tiene derecho a gobernarme».

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3. Cristo no humilla al esclavo: lo llama a levantarse

Hay que evitar dos errores.

El primero es trivializar la adicción:

> «No pasa nada, todos tienen algún vicio.»

El segundo es tratar al adicto únicamente con desprecio:

> «Eres débil. No tienes voluntad.»

Cristo hace algo diferente.

Mira al hombre caído y le dice:

Levántate.

El Evangelio está lleno de personas heridas, esclavizadas por el pecado y necesitadas de misericordia.

Pero la misericordia de Cristo nunca significa:

«Quédate como estás.»

Significa:

«Te perdono; ahora camina por otro camino.»

Por eso Jesús dice a la mujer sorprendida en pecado:

> «Vete, y desde ahora no peques más.»
— Juan 8,11

Misericordia y conversión.

Perdón y combate.

Gracia y respuesta humana.

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4. «Velad y orad»

Una de las armas fundamentales contra cualquier forma de esclavitud aparece en una frase aparentemente sencilla de Nuestro Señor:

> «Velad y orad para no caer en tentación.»
— Mateo 26,41

Cristo une dos cosas:

Vigilar.

Orar.

El cristiano que conoce sus debilidades no juega con ellas.

Si sabe que determinadas situaciones lo hacen caer, evita esas ocasiones.

Si determinadas amistades lo arrastran al pecado, debe replantearse esas relaciones.

Si determinadas aplicaciones, páginas, lugares o ambientes alimentan su dependencia, debe tener la valentía de apartarse.

La espiritualidad cristiana no consiste en acercarse peligrosamente al precipicio para demostrar que uno es fuerte.

Consiste en no jugar con la tentación.

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5. El vacío que ninguna adicción puede llenar

Muchas adicciones prometen felicidad pero terminan produciendo vacío.

El hombre busca algo que le proporcione:

consuelo;

placer;

escape;

aceptación;

excitación;

olvido;

seguridad.

Pero ninguna criatura puede ocupar el lugar de Dios.

San Agustín lo expresó magistralmente:

> «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.»

El hombre puede intentar llenar ese vacío con alcohol, dr**as, s**o, pornografía, apuestas, comida, compras, videojuegos, redes sociales o cualquier otra cosa.

Pero el corazón continúa teniendo sed.

Y entonces necesita más.

Y después todavía más.

Hasta que aquello que comenzó como placer termina convirtiéndose en necesidad.

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6. La adicción también puede ser invisible

No todas las esclavitudes producen síntomas evidentes.

Hay personas que jamás han consumido dr**as, pero son esclavas del teléfono.

Otros no beben alcohol, pero son esclavos de la pornografía.

Otros no juegan en casinos, pero viven obsesionados con las apuestas deportivas.

Incluso algo bueno puede convertirse en desorden cuando ocupa el lugar que corresponde a Dios.

Por eso la pregunta cristiana no es solamente:

«¿Qué consumes?»

Es:

«¿Qué puede quitarte la paz cuando Dios te pide que lo abandones?»

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7. «No podéis servir a Dios y al dinero»

Nuestro Señor advierte:

> «Nadie puede servir a dos señores.»
— Mateo 6,24

La palabra fundamental es servir.

Aquello a lo que entregamos nuestro tiempo, nuestra atención, nuestros pensamientos, nuestro dinero y nuestras energías puede terminar convirtiéndose prácticamente en nuestro señor.

Por eso conviene hacerse periódicamente un examen de conciencia:

¿Qué ocupa mis pensamientos?

¿Qué determina mis decisiones?

¿Qué busco cuando estoy triste?

¿Qué busco cuando estoy solo?

¿A qué recurro cuando sufro?

Porque aquello a lo que acudimos inmediatamente cuando estamos heridos puede revelar dónde estamos buscando nuestra salvación.

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8. La lucha no se gana solamente con fuerza de voluntad

Aquí hay que ser muy claros: una adicción puede requerir ayuda profesional además de la lucha espiritual.

Buscar un médico, psicólogo, terapeuta, grupo de apoyo o tratamiento especializado no es falta de fe.

La gracia no destruye la naturaleza.

Dios puede servirse también de medios humanos para restaurar al hombre.

Un cristiano puede rezar el Rosario, confesarse, acudir a la Eucaristía y, al mismo tiempo, buscar tratamiento profesional.

No hay contradicción.

La oración no reemplaza irresponsablemente los medios adecuados.

Y la ayuda profesional tampoco reemplaza la necesidad de conversión interior.

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9. La confesión: volver a levantarse

Para el católico, el Sacramento de la Penitencia tiene una importancia enorme en esta batalla.

El hombre cae.

Reconoce su pecado.

Se arrepiente.

Confiesa.

Recibe la absolución.

Y vuelve a levantarse.

No debemos confundir una recaída con una derrota definitiva.

El demonio quiere que después de una caída digamos: «Ya no tiene sentido intentarlo».

Cristo quiere que volvamos a Él.

La vida cristiana no consiste en no haber caído jamás.

Consiste en no hacer las paces con la caída.

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10. «Señor, sálvame»

Pedro caminaba sobre las aguas.

Mientras mantuvo los ojos puestos en Cristo, avanzó.

Pero comenzó a mirar el viento, tuvo miedo y empezó a hundirse.

Entonces gritó:

> «¡Señor, sálvame!»
— Mateo 14,30

Esta puede ser también la oración de quien lucha contra una adicción:

«Señor, sálvame.»

No:

«Señor, haz que nunca vuelva a sentir tentación.»

Sino:

«Señor, dame la gracia para combatir cuando llegue la tentación.»

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El combate comienza con una decisión

El católico combativo no debe mirar las adicciones únicamente como un problema social.

Debe reconocer también el combate espiritual.

Pero tampoco debe caer en la ingenuidad de pensar que todo se resuelve simplemente diciendo:

«Reza más y listo.»

Hay personas que necesitan acompañamiento, tratamiento, disciplina, comunidad, confesión, dirección espiritual y una estructura concreta de recuperación.

La batalla puede ser larga.

Puede haber caídas.

Puede haber días de desesperación.

Pero mientras el hombre siga volviendo a Cristo, la batalla no está perdida.

Porque nuestra esperanza no está en nuestra propia fuerza.

Está en Él.

> «Sin mí no podéis hacer nada.»
— Juan 15,5

Y también:

> «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.»
— Mateo 11,28

EL NACIMIENTO DE A.A. Y SU DESARROLLO EN LOS EE.UU. Y CANADÁ A.A. tuvo su comienzo en 1935, en Akron, Ohio, como resulta...
18/08/2026

EL NACIMIENTO DE A.A. Y SU DESARROLLO EN LOS EE.UU. Y CANADÁ

A.A. tuvo su comienzo en 1935, en Akron, Ohio, como resultado del encuentro de Bill W., un agente de Bolsa de Nueva York, y el Dr. Bob S., un cirujano de Akron. Ambos habían sido alcohólicos desahuciados.

Antes de conocerse, Bill y el Dr. Bob habían tenido contacto con el Grupo Oxford, una sociedad compuesta en su mayor parte de gente no-alcohólica, que recalcaba la aplicación de valores espirituales universales a la vida diaria. En aquella época, los Grupos Oxford de América estaban dirigidos por el renombrado clérigo episcopaliano el Dr. Samuel Shoemaker. Bajo esta influencia espiritual, y con la ayuda de su viejo amigo, Ebby T., Bill había logrado su sobriedad y había mantenido su recuperación trabajando con otros alcohólicos, a pesar del hecho de que ninguno de sus candidatos se había recuperado. Mientras tanto, el ser miembro del Grupo Oxford de Akron no le había dado al Dr. Bob la suficiente ayuda como para lograr su sobriedad.

Cuando por fin el Dr. Bob y Bill se conocieron, el encuentro produjo en el Dr. Bob un efecto inmediato. Esa vez, se encontraba cara a cara con un compañero alcohólico que había logrado dejar de beber. Bill recalcaba que el alcoholismo era una enfermedad de la mente, de las emociones y del cuerpo. Este importantísimo hecho se lo había comunicado el Dr. William D. Silkworth, del Hospital Towns de Nueva York, institución en la que Bill había ingresado varias veces como paciente. Aunque era médico, el Dr. Bob no sabía que el alcoholismo era una enfermedad. Las ideas contundentes de Bill acabaron convenciendo a Bob y pronto logró su sobriedad y nunca volvió a beber.

Ambos se pusieron a trabajar inmediatamente con los alcohólicos confinados en el Hospital Municipal de Akron. Como consecuencia de sus esfuerzos, un paciente pronto logró su sobriedad. Aunque no se había inventado todavía el nombre Alcohólicos Anónimos, estos tres hombres constituyeron el núcleo del primer grupo de A.A. En el otoño de 1935, el segundo grupo fue tomando forma gradualmente en Nueva York. El tercer grupo se inició en Cleveland en 1939. Se había tardado más de cuatro años en producir 100 alcohólicos sobrios en los tres grupos fundadores.

A principios de 1939, la Comunidad publicó su libro de texto básico, Alcohólicos Anónimos. En este libro, escrito por Bill, se exponían la filosofía y los métodos de A.A., la esencia de los cuales se encontraba en los ahora bien conocidos Doce Pasos de recuperación. El libro también llevaba los historiales de 30 miembros recuperados. De este punto en adelante, A.A. se fue desarrollando rápidamente.

También en 1939, el Cleveland Plain Dealer publicó una serie de artículos acerca de A.A., suplementada por algunos editoriales muy favorecedores. El grupo de Cleveland, compuesto solamente de unos 20 miembros, se vio inundado con incontables súplicas de ayuda. A los alcohólicos que llevaban solamente unas cuantas semanas sobrios se les encargó de trabajar con los nuevos casos. Con esto se dio al movimiento una nueva orientación, y los resultados fueron fantásticos. Pasados unos pocos meses, el número de miembros de Cleveland había ascendido a 500. Por primera vez, había evidencia de que la sobriedad podría producirse en masa.

Entretanto, el Dr. Bob y Bill habían establecido en Nueva York en 1939 una junta de custodios para ocuparse de la administración general de la Comunidad recién nacida. Algunos amigos de John D. Rockefeller, Jr. servían como miembros de este consejo, junto con algunos miembros de A.A. Se dio a la junta el nombre de la Fundación Alcohólica. Sin embargo, todos los intentos de recoger grandes cantidades de dinero fracasaron, porque el Sr. Rockefeller había llegado a la conclusión prudente de que grandes sumas de dinero podrían estropear la naciente sociedad. No obstante, la fundación logró abrir una pequeña oficina en Nueva York para responder a las solicitudes de ayuda e información y para distribuir el libro de A.A.—una empresa, dicho sea de paso, que había sido financiada principalmente por los miembros de A.A.

El libro y la nueva oficina pronto resultaron ser de gran utilidad. En el otoño de 1939, la revista Liberty publicó un artículo acerca de A.A. y, como reacción, llegaron a la oficina unas 800 urgentes solicitudes de ayuda. En 1940, el Sr. Rockefeller celebró una cena para dar publicidad a A.A., a la cual invitó a muchos de sus eminentes amigos neoyorquinos. Este acontecimiento suscitó otra oleada de súplicas. A cada solicitud, se le respondía con una carta personal y un pequeño folleto. Además, se hacía mención del libro Alcohólicos Anónimos, y pronto se empezaron a distribuir numerosos ejemplares del libro. Con la ayuda de cartas enviadas de Nueva York y de miembros de A.A. viajeros provenientes de centros ya establecidos, nacieron muchos grupos. A finales del año, había 2,000 miembros de A.A.

Entonces, en marzo de 1941, apareció en el Saturday Evening Post un excelente artículo acerca de A.A., y la reacción fue tremenda. Para finales de ese año, el número de miembros había ascendido a 6,000 y el número de grupos se había multiplicado proporcionalmente. La Comunidad fue extendiéndose a pasos gigantescos por todas partes de los Estados Unidos y Canadá.

En 1950, había en todas partes del mundo unos 100,000 alcohólicos recuperados. Por muy impresionante que fuera ese desarrollo, la década de 1940 al 1950 fue una época de gran incertidumbre. La cuestión crucial era si todos aquellos alcohólicos volubles podrían vivir y trabajar juntos en sus grupos. ¿Podrían mantenerse unidos y funcionar con eficacia? Esa pregunta quedaba todavía sin respuesta. El mantener correspondencia con miles de grupos referente a sus problemas particulares llegó a ser uno de los principales trabajos de la sede de Nueva York.

No obstante, para el año 1946, ya era posible sacar algunas conclusiones bien razonadas en lo concerniente a las actitudes, costumbres y funciones que se ajustarían mejor a los objetivos de A.A. Estos principios, que habían surgido de las arduas experiencias de los grupos, fueron codificados por Bill en lo que hoy día se conoce por el nombre de las Doce Tradiciones de Alcohólicos Anónimos. Para 1950, el caos de los tiempos anteriores casi había desaparecido. Se había logrado enunciar y poner en práctica con éxito una fórmula segura para la unidad y el funcionamiento de A.A. (Ver página 9)

Durante esa frenética década, el Dr. Bob dedicaba sus esfuerzos al asunto de la hospitalización de los alcohólicos y a la tarea de inculcarles los principios de A.A. Los alcohólicos llegaban en tropel a Akron para obtener cuidados médicos en el hospital Santo Tomás, una institución administrada por la iglesia católica. El Dr. Bob se integró en el cuerpo médico de este hospital, y él y la extraordinaria Hna. M. Ignacia, también del personal del hospital, facilitaban atención médica e inculcaban el programa de A.A. a unos 5,000 alcohólicos enfermos. Después de la muerte del Dr. Bob en 1950, la Hna. Ignacia siguió trabajando en el Hospital de la Caridad de Cleveland, donde contaba con la ayuda de los grupos locales y donde otros 10,000 alcohólicos enfermos encontraron A.A. por primera vez. Este trabajo era un preclaro ejemplo de disposiciones hospitalarias que permitían que A.A. cooperara venturosamente con la medicina y la religión.

En ese mismo año de 1950, A.A. celebró en Cleveland su primera Convención Internacional. En esa convención el Dr. Bob hizo su último acto de presencia ante la Comunidad y, en su charla de despedida, se enfocó en la necesidad de mantener simple el programa de Alcohólicos Anónimos. Junto con los asistentes, él vio a los delegados adoptar con entusiasmo las Doce Tradiciones de A.A. para el uso permanente de la Comunidad en todas partes del mundo. (Murió el 16 de noviembre de 1950.)

Al año siguiente ocurrió otro acontecimiento muy significativo. Las actividades de la oficina de Nueva York habían sido grandemente ampliadas y en esas fechas incluían las relaciones públicas, consejo a los nuevos grupos, servicios a los hospitales, a las prisiones, a los Solitarios e Internacionalistas, y cooperación con otras agencias en el campo del alcoholismo. La sede también publicó libros y folletos “uniformes” de A.A. y supervisaba la traducción de esta literatura a otros idiomas. Nuestra revista internacional, el A.A. Grapevine, ya tenía una elevada circulación. Estas actividades y otras más habían llegado a ser indispensables para A.A. en su totalidad.

No obstante, estos servicios vitales estaban todavía en manos de una aislada junta de custodios, cuyo único vínculo con la Comunidad había sido Bill y el Dr. Bob. Como los cofundadores habían previsto años atrás, llegó a ser imperativo vincular a los custodios de los servicios mundiales de A.A. (ahora la Junta de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos) con la Comunidad a la cual servían. Por lo tanto se convocó una reunión de delegados de todos los estados y provincias de los EE.UU. y Canadá. Así constituido, este organismo de servicio mundial se reunió por primera vez en 1951. A pesar de cierta aprensión suscitada por la propuesta, la asamblea tuvo un gran éxito. Por primera vez, los custodios, anteriormente aislados, eran directamente responsables ante A.A. en su totalidad. Se había creado la Conferencia de Servicios Generales de A.A. y, por este medio, se había asegurado el funcionamiento global de A.A. para el futuro.

La segunda Convención Internacional tuvo lugar en St. Louis en 1955 con motivo de la conmemoración del 20º aniversario de la Comunidad. Para aquel entonces, la Conferencia de Servicios Generales ya había demostrado su indudable valor. En esa ocasión, en nombre de todos los pioneros de A.A., Bill transfirió a la Conferencia y a sus custodios la futura vigilancia y protección de A.A. En ese momento, la Comunidad tomó posesión de lo suyo; A.A. llegó a su mayoría de edad.

Si no hubiera sido por la ayuda de los amigos de A.A. en sus primeros días, es probable que Alcohólicos Anónimos nunca hubiera existido. Y de no haber contado con la multitud de amigos que, desde entonces, han contribuido con su tiempo y su energía—especialmente nuestros amigos de la medicina, la religión y los medios de comunicación—A.A. nunca podría haber crecido y prosperado. La Comunidad expresa su perenne gratitud por esta amistosa ayuda.

El 24 de enero de 1971, Bill murió de pulmonía en Miami Beach, Florida, donde—hacía siete meses—había pronunciado ante la Convención Internacional del 35º Aniversario lo que resultaron ser sus últimas palabras a sus compañeros de A.A.: “Dios les bendiga a ustedes y a Alcohólicos Anónimos para siempre.”

Desde entonces, A.A. ha llegado a ser una comunidad de extensión mundial, lo cual ha demostrado que la manera de vivir de A.A. hoy día puede superar casi todas las barreras de raza, credo e idioma. La Reunión de Servicio Mundial, celebrada por primera vez en 1969, ha venido efectuándose cada dos años desde 1972, alternando su sitio entre Nueva York y una ciudad de ultramar. Los delegados de la R.S.M. se han reunido en Londres, Inglaterra; Helsinki, Finlandia; San Juan del Río, México; Guatemala, Guatemala; Munich, Alemania; Cartagena, Colombia; Auckland, Nueva Zelanda; y Oviedo, España.

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17/08/2026

Un «viejo sangrante» en Alcohólicos Anónimos (A.A.) es un término coloquial utilizado para describir a un miembro antiguo o veterano que mantiene una actitud rígida, resentida, controladora y poco humilde dentro del grupo.
​La expresión proviene conceptualmente de la Segunda Tradición de A.A. (en el libro Doce Pasos y Doce Tradiciones), donde Bill W. contrasta a los líderes del grupo entre los «viejos estadistas» (veteranos sabios y prudentes) y los miembros antiguos que se vuelven descontentos, controladores o dominantes.
​Principales Características del «Viejo Sangrante»
​Afecta la armonía con sus emociones: La palabra sangrante alude a que sus resentimientos, amargura o frustraciones «sangran» e infectan el clima espiritual del grupo.
​Deseo de control e imposición: Cree que por tener años de sobriedad tiene derecho a mandar, decidir quién sirve o cómo deben hacerse las cosas, ignorando la conciencia colectiva del grupo.
​Resentimiento con el servicio: Suele criticar a los nuevos servidores o al liderazgo, generando intrigas, chismes o divisiones si las cosas no se hacen a su manera.
​Siente que el grupo le debe algo: Tiende a victimizarse o victimizarse cuando no se le reelige o cuando el grupo toma decisiones en las que no está de acuerdo.
​Dificultad para soltar y ceder el paso: Le cuesta trabajo hacerse a un lado para dejar que la «sangre nueva» se equivoque, aprenda y asuma responsabilidades.
​La Contraparte: El «Viejo Estadista»
​En la filosofía de A.A., el objetivo de la madurez espiritual es pasar de ser un viejo sangrante a un viejo estadista. El estadista es el veterano que:
​Sirve de guía solo cuando se le pide su opinión.
​Respeta la autonomía y la conciencia del grupo.
​Mantiene la humildad y predica con el ejemplo silencioso en lugar de la imposición.
​El concepto sirve en A.A. como un recordatorio constante de que la sobriedad física no garantiza por sí sola la madurez emocional, y de que el ego y el resentimiento pueden reaparecer si no se practica la humildad.

LA OPINIÓN DE BILL 📅 13 DE AGOSTO 📖 REPASAR EL PASADO ✍️ Bill W.Debemos hacer un preciso y exhaustivo  examen de cómo nu...
16/08/2026

LA OPINIÓN DE BILL
📅 13 DE AGOSTO
📖 REPASAR EL PASADO
✍️ Bill W.

Debemos hacer un preciso y exhaustivo examen de cómo nuestra vida pasada ha afectado a otra gente. En muchos casos, descubrimos que, aunque el daño que hemos causado a otras personas no ha sido muy grande, no obstante nos hemos causado a nosotros mismos considerables daños emocionales. Y además, perniciosos conflictos emocionales persisten por debajo del nivel consciente, muy profundos y, a veces, casi olvidados. Por lo tanto, debemos tratar diligentemente de recordar y repasar aquellos acontecimientos pasados que originalmente provocaron estos conflictos y que siguen retorciendo violentamente nuestras emociones, trastornando así nuestras personalidades y alterando nuestras vidas hacia lo peor.

📖 DOCE Y DOCE, pág. 85

"Reaccionamos más fuertemente que la gente normal ante las frustraciones. Volviendo a vivir estos episodios y hablando acerca de ellos de una forma estrictamente confidencial con otra persona, podemos reducir su tamaño y, consecuentemente, su potencia en nuestro inconsciente".

📖 CARTA, 1957

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Dios le dio una orden de tres palabras. Moisés cambió una sola y perdió 40 años de trabajo. Vamos al momento exacto, por...
15/08/2026

Dios le dio una orden de tres palabras. Moisés cambió una sola y perdió 40 años de trabajo. Vamos al momento exacto, porque lo que hizo ahí lo hacemos todos.

​Desierto de Zin. 40 años después de haber salido de Egipto, el pueblo llevaba días sin agua y se amotinó contra él. Le gritaron, le reclamaron, le dijeron que los había sacado de Egipto para matarlos de sed. Y Moisés hizo lo que siempre hacía: fue a preguntarle a Dios.

​Números 20:8, la instrucción exacta: "Toma la vara, y reúne la congregación, y hablad a la peña a vista de ellos y ella dará su agua."
​Léela otra vez, palabra por palabra:
​Toma la vara.
​Reúne al pueblo.
​Y habla.
​Tres instrucciones, ni una sola dice "golpear". Moisés cumplió las dos primeras perfectamente: tomó la vara, reunió al pueblo... y en la tercera hizo otra cosa. Se paró sobre la roca, miró a la multitud y lo primero que dijo ya estaba mal.

​Números 20:10: "¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?"
​Escucha las dos cosas que hay aquí: Primero, los llamó "rebeldes" con desprecio delante de todos. Y después dijo: "¿Os hemos de hacer...?" Nosotros, no Dios, nosotros. En una sola frase insultó al pueblo y se atribuyó el milagro.
​Y todavía faltaba lo peor: levantó la vara y golpeó la roca una vez... y volvió a golpearla: dos. No fue un impulso de un segundo. Entre el primer golpe y el segundo hubo tiempo de sobra para detenerse. No se detuvo. Golpeó dos veces con rabia delante de cientos de miles de personas.
​Ahora suma todo lo que pasó en ese momento: desobedeció la instrucción directa, cambió hablar por golpear, le quitó la gloria a Dios y se la puso a sí mismo, trató con desprecio al pueblo que Dios le había encargado... y lo hizo todo delante de la nación entera.
​Y aquí está lo más impresionante: Dios igual sacó el agua. Salió agua en abundancia, el pueblo bebió, los animales bebieron. Dios no dejó al pueblo sin agua por el error de su líder. Pero eso no significó que lo aprobara.

​Números 20:12: "Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado."
​¿Para santificarme delante de los hijos de Israel? Ese día la nación entera vio a un hombre furioso arrancándole agua a una piedra a golpes. Debieron haber visto a Dios hablando y a la roca obedeciendo.
​Moisés no le robó dinero a nadie, no mató a nadie, no adoró a otro Dios, solo cambió una instrucción. Y esa es exactamente la razón por la que esta historia debería incomodarnos, porque nosotros hacemos eso constantemente. Obedecemos casi todo, cumplimos la mayor parte, y en la última parte hacemos lo que nos parece mejor, y decimos que "igual funcionó", "igual salió el agua". Pero funcionar no es lo mismo que obedecer.

​Primera de Samuel 15:22 lo dice sin adornos: "El obedecer es mejor que los sacrificios." No obedecer "casi", no obedecer "a mi manera", no obedecer "con mi versión mejorada". Moisés cargó a ese pueblo 40 años y se quedó del otro lado del río por dos golpes que nadie le pidió.

​El episodio de la roca en Meriba nos enseña que Dios no solo busca nuestra acción, sino la actitud de nuestro corazón y la santidad de Su nombre.
​Moisés cayó en el pragmatismo: prefirió usar la fuerza de su vara que la autoridad de la palabra que Dios le dio, y en lugar de santificar al Señor ante el pueblo, dejó que la frustración lo llevara a buscar el protagonismo.
​La lección espiritual es clara: Dios no necesita de nuestra rabia para hacer un milagro, ni busca "versiones mejoradas" de sus mandamientos. A los ojos de Dios, la obediencia no se mide por lo que a nosotros nos parece que "funciona", sino por la fidelidad y la reverencia con la que ejecutamos Su voluntad.

Ven.....te esperamos
11/08/2026

Ven.....te esperamos

Reflexión Diaria del 11 de AgostoSACAR EL “VIDRIO MOLIDO”“El inventario moral es un análisis objetivo de los daños que s...
11/08/2026

Reflexión Diaria del 11 de Agosto

SACAR EL “VIDRIO MOLIDO”

“El inventario moral es un análisis objetivo de los daños que sufrimos durante la vida y un esfuerzo sincero para considerarlos desde una perspectiva honesta. Esto tiene el resultado de sacar de nuestro interior el vidrio molido, aquella sustancia emocional que todavía nos corta y nos cohíbe”.

COMO LO VE BILL, p. 140

Mi lista del Octavo Paso me arrastraba a un torbellino de resentimientos. Después de cuatro años de sobriedad estaba bloqueado por la negación conectada con una relación abusiva. La disputa entre el temor y el orgullo se ablandaba según las palabras del Paso pasaban de la cabeza al corazón. Por primera vez en muchos años abrí mi caja de pinturas y derramé una rabia honesta, una explosión de rojos, negros y amarillos. Lágrimas de alegría y de alivio rodaron por mis mejillas cuando contemplé el dibujo. En mi enfermedad yo había renunciado a mi arte, un castigo autoinflingido mucho mayor que cualquier otro venido de afuera. En mi recuperación me di cuenta de que el dolor de mis defectos es la misma substancia que usa Dios para limpiar mi carácter y hacerme libre.

Del libro Reflexiones diarias
Copyright © 1991 by Alcoholics Anonymous World Services, Inc.

En el campo de la muerte le dieron un número: 119104.Pero lo que más intentaron destruir fue precisamente lo que acabarí...
09/08/2026

En el campo de la muerte le dieron un número: 119104.
Pero lo que más intentaron destruir fue precisamente lo que acabaría salvando millones de vidas.

Viena.

Viktor Frankl tenía 37 años. Era un psiquiatra respetado, con una carrera prometedora, un manuscrito casi terminado y una esposa, Tilly, cuyo amor y risa llenaban la casa.

Tenía la oportunidad de huir a América —un visado, una salida— pero sus padres mayores no podían acompañarlo.

Así que decidió quedarse.

Meses después, los n***s llegaron por todos ellos: Theresienstadt. Luego Auschwitz. Luego Dachau.

El manuscrito en el que había trabajado durante años —cuidadosamente cosido en el forro de su abrigo— le fue arrebatado en pocas horas tras su llegada. Su obra, su propósito... hecho cenizas.

Le quitaron la ropa, le raparon el cabello y borraron su nombre. En el formulario de ingreso solo quedaba un número: 119104.

Pero los guardias no entendieron algo fundamental: se le puede quitar a un hombre sus posesiones, su manuscrito o su nombre... pero jamás lo que sabe.

Y Viktor Frankl sabía algo sobre el espíritu humano que no solo lo mantendría con vida, sino que daría origen a una verdadera revolución en la psicología.

Observó un patrón aterrador en los barracones.

En los campos, los hombres no morían solo de hambre o enfermedad: morían cuando perdían su razón para vivir. El momento exacto en que un prisionero abandonaba toda esperanza —su “por qué”— su cuerpo colapsaba en cuestión de días. Los médicos lo llamaban “give-up-itis” (la enfermedad del abandono).

Pero quienes se aferraban a algo —una esposa que los esperaba, un hijo que volverían a ver, un libro por escribir o una promesa por cumplir— podían soportar lo inimaginable.

La diferencia no era física: era el sentido.

Entonces Frankl comenzó un experimento en medio del in****no. Se acercaba a los hombres al borde del derrumbe y les susurraba:

«¿Quién te espera?»

«¿Qué trabajo te queda por hacer?»

«¿Qué le dirías a tu hijo para sobrevivir a esto?»

No podía ofrecerles comida ni libertad, pero podía ofrecerles algo que los guardias no podían quitarles: una razón para ver el mañana. Uno recordó a su hija y sobrevivió para volver a verla; otro recordó un problema científico y sobrevivió para resolverlo.

Frankl mismo sobrevivió reconstruyendo mentalmente su manuscrito, página por página y párrafo por párrafo, en la absoluta oscuridad del barracón.

Abril de 1945: la liberación.

Viktor Frankl pesaba apenas 38 kilos y sus costillas se marcaban bajo la piel. Tilly había mu**to. Su madre, mu**ta. Su hermano, mu**to. Todo lo que amaba había sido destruido.

Tenía todas las razones para rendirse. Y, sin embargo, se sentó y escribió.

Tardó solo nueve días en reescribir de memoria el manuscrito que los n***s habían destruido tres años antes. Pero esta vez contenía algo nuevo: la prueba viva e irrefutable de que su teoría era cierta.

La llamó Logoterapia: la terapia basada en el sentido.

Una idea simple pero revolucionaria: el ser humano puede soportar casi cualquier cosa si tiene un porqué para vivir. Demostró la famosa frase de Nietzsche en la vida real: “Quien tiene un porqué, puede soportar casi cualquier cómo.”

En 1946 publicó el libro. En alemán: "...trotzdem Ja zum Leben sagen" ("...Decir sí a la vida, a pesar de todo"). En español e inglés conocido popularmente como El hombre en busca de sentido.

Al principio los editores lo rechazaron diciendo que era “demasiado sombrío”. Pero poco a poco, el libro se difundió. Los terapeutas lloraban al leerlo y los prisioneros encontraron esperanza en sus páginas.

El impacto fue inmenso:

Traducido a más de 50 idiomas.

Más de 16 millones de ejemplares vendidos.

Clasificado por la Biblioteca del Congreso entre los 10 libros más influyentes de América.

Porque Viktor Frankl demostró lo que los n***s no pudieron destruir: se puede quitar todo a un ser humano, pero siempre quedará una última libertad: la de elegir la actitud ante lo que nos sucede.

Los n***s le dieron un número; la historia le dio la inmortalidad. El prisionero 119104 no solo sobrevivió: transformó el sufrimiento en sanación para el mundo entero.

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